DIALOGO DE AGIORNAMIENTO
ENTRE LA CARTA ENCICLICA
"CENTESIMUS ANNUS"
DEL SUMO PONTIFICE JUAN PABLO II
Y EL
L A B O R I S M O GREMIAL EVOLUTIVO
[EVOLABORISMO]
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CAPITULO VI
EL HOMBRE
ES EL CAMINO DE LA IGLESIA.
53. Ante la miseria del proletariado dec�a Le�n XIII: "Afrontamos con confianza este argumento y con pleno derecho por parte nuestra...Nos parecer�a faltar al deber de nuestro oficio si call�semos". En los �ltimos cien a�os la Iglesia ha manifestado repetidas veces su pensamiento, siguiendo de cerca la continua evoluci�n de la cuesti�n social, y esto no lo ha hecho ciertamente para recuperar privilegios del pasado o para imponer su propia concepci�n. Su �nica finalidad ha sido la atenci�n y la responsabilidad hacia el hombre, confiado a ella por Cristo mismo, hacia este hombre, que, como el Concilio Vaticano II recuerda, es la �nica criatura que Dios ha querido por s� misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participaci�n en la salvaci�n eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e hist�rico: se trata de cada hombre, porque a cada una llega el misterio de la redenci�n, y con cada uno se ha unido a Cristo para siempre a trav�s de este misterio. De ah� se sigue que la Iglesia no puede abandonar al hombre, y que "este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misi�n..., camino trazado por Cristo mismo, v�a que inmutablemente conduce a trav�s del misterio de la encarnaci�n y de la redenci�n".
Es esto y solamente esto lo que inspira la doctrina social de la Iglesia. Si ella ha ido elabor�ndola progresivamente de forma sistem�tica, sobre todo a partir de la fecha que estamos conmemorando, es porque toda la riqueza doctrinal de la Iglesia tiene como horizonte al hombre en su realidad concreta de pecador y de justo.
El L. S. hace su teolog�a de la evoluci�n interpretando La Escritura a la luz actual de las ciencias humanas, cuya consideraci�n servir� para ACLARAR MUCHAS CUESTIONES hasta el momento obscuras. Hechura de Dios, "hombre y mujer los cre� insufl�ndoles el esp�rtu, seres en evoluci�n de hom�nidos a humanos, mediante la insuflaci�n del esp�ritu a un hom�nido (En la concepci�n o una vez con forma humana en el vientre); de infantes a adultos; de primitivos a civilizados. Y en lo individual, de injustos a justos, de pecadores a santos, o , en caso de reveld�a a sus contrarios. Pero como humanidad -conjunto de individuos- la evoluci�n siempre en espiral ascendente hacia el esp�ritu. YAHVE-Dios, Se�or Y Planeador de la Evoluci�n y ganador de sus batallas .
54. La doctrina social, especialmente hoy d�a mira al hombre, inserto en la compleja trama de relaciones de la sociedad moderna. Las ciencias humanas y la filosof�a ayudan a interpretar la centralidad del hombre en la sociedad y a hacerlo capaz de comprenderse mejor a s� mismo, como "ser social". Sin embargo, solamente la fe le revela plenamente su identidad verdadera, y precisamente de ella arranca la doctrina social de la Iglesia, la cual, vali�ndose de todas las aportaciones de las ciencias y de la filosof�a, se propone ayudar al hombre en el camino de la salvaci�n.
La Enc�clica Rerum novarum puede ser le�da como una importante aportaci�n al an�lisis socioecon�mico de finales del siglo XIX, pero su valor particular le viene de ser un documento del Magisterio, que se inserta en la misi�n evangelizadora de la Iglesia, junto con otros muchos documentos de la misma �ndole. De esto se deduce que la doctrina social tiene de por s� el valor de un instrumento de evangelizaci�n: en cuanto tal, anuncia a Dios y su misterio de salvaci�n en Cristo a todo hombre y, por la misma raz�n, revela al hombre a s� mismo. Solamente bajo esta perspectiva se ocupa de lo dem�s: de los derechos humanos de cada uno y, en particular, del "proletariado", la familia y la educaci�n, los deberes del Estado, el ordenamiento de la sociedad nacional e internacional, la vida econ�mica, la cultura, la guerra y la paz, as� como del respeto a la vida desde el momento de la concepci�n hasta la muerte.
EVLO: Especial interes tiene el L. S. en aportar mayores conocimientos y soluciones a la sociedad moderna. Una de sus preocupaciones es que desaparezca -a su tiempo- el proletariado (ahora conformado en las condici�nes de los empleados y obreros (white and blue collar) cuya existencia, a�n con el ascenso colectivo que supone desde la condici�n de esclavos y siervos, resulta a�n una discriminaci�n en la dignidad profesional y, en lo econ�mico, una compensaci�n desigual injusta, porque no hay raz�n para ello, de unos trabajos por otros: diferente en los trabajos directivos de los operativos, en los manuales de los intelectuales, en los art�sticos de los pr�cticos, en los pragm�ticos de los de investigaci�n. El Laborismo social pone primordial �nfacis en la igualaci�n de la dignidad y del valor econ�mico de unos y otros valores y propone interiorizarlos desde la familia y la escuela.
55. La Iglesia conoce el "sentido del hombre" gracias a la Revelaci�n divina. "Para conocer al hombre, el hombre verdadero, el hombre integral, hay que conocer a Dios", dec�a Pablo VI, citando a continuaci�n a santa Catalina de Siena, que en una oraci�n expresaba la misma idea: "En la naturaleza divina, Deidad Eterna, conocer� la naturaleza m�a".
Por eso, la antropolog�a cristiana es en realidad un cap�tulo de la teolog�a y, por esa misma raz�n, la doctrina social de la Iglesia, preocup�ndose del hombre, interes�ndose por �l y por su modo de comportarse en el mundo, "pertenece... al campo de la teolog�a y especialmente de la teolog�a moral". La dimensi�n teol�gica se hace necesaria para interpretar y resolver los actuales problemas de la convivencia humana. Lo cual es v�lido -hay que subrayarlo- tanto para la soluci�n "atea", que priva al hombre de una parte esencial, la espiritual, como para las soluciones permisivas o consum�sticas, las cuales con diversos pretextos tratan de convencerlo de su independencia de toda ley y de Dios mismo, encerrandolo en un egoismo que termina por perjudicarle a �l y a los dem�s.
La Iglesia, cuando anuncia al hombre la salvaci�n de Dios, cuando le ofrece y comunica la vida divina mediante los sacramentos, cuando orienta su vida a trav�s de los mandamientos del amor a Dios y al pr�jimo, contribuye al enriquecimiento de la dignidad del hombre. Pero la Iglesia, as� como no puede abandonar nunca esta misi�n religiosa y trascendente en favor del hombre, del mismo modo se da cuenta de que su obra encuentra hoy particulares dificultades u obst�culos. He aqu� por qu� se compromete siempre con renovadas fuerzas y con nuevos m�todos en la evangelizaci�n que promueve al hombre integral. En v�speras del tercer Milenio sigue siendo "signo y salvaguardia del car�cter trascendente de la persona humana", como ha tratado de hacer siempre desde el comienzo de su existencia, caminando junto al hombre a lo largo de toda la historia. La Enc�clica Rerum novarum es una expresi�n significativa de ello.
LABORISMO EVOLUTIVO: La ley de Dios por disposici�n de �l mismo es evolutiva. Es decir, permaneciendo la misma va desenvolvi�ndose seg�n la misma evoluci�n decretada y conducida por �l, Se�or de la Evoluci�n, que rige todas las cosas suave y fuertemente aun la evoluci�n futura. La Iglesia con Juan XXIII ha convocado a un agiornamiento que siempre es vigente y que llama al progreso del humano en todos sus campos a ayudar a agiornar la ley de Dios.
56. En el primer centenario de esta Enc�clica, deseo dar las gracias a todos los que se han dedicado a estudiar, profundizar y divulgar la doctrina social cristiana. Para ello es indispensable la colaboraci�n de las Iglesias locales, y yo espero que la conmemoraci�n sea ocasi�n de un renovado impulso para su estudio, difusi�n y aplicaci�n en todos los �mbitos.
Deseo, en particular, que sea dada a conocer y que sea aplicada en los distintos Pa�ses donde, despu�s de la ca�da del socialismo real, se manifiesta una grave desorientaci�n en la tarea de reconstrucci�n. A su vez, los Pa�ses occidentales corren el peligro de ver en esa ca�da la victoria unilateral del propio sistema econ�mico, y por ello no se preocupen de introducir en �l los debidos cambios. Los Pa�ses del Tercer Mundo, finalmente, se encuentran m�s que nunca ante la dram�tica situaci�n del subdesarrollo, que cada d�a, se hace m�s grave.
Le�n XIII, despu�s de haber formulado los principios y orientaciones para la soluci�n de la cuesti�n obrera, escribi� unas palabras decisivas: �Cada uno haga la parte que le corresponde y no tenga dudas porque el retrazo podr�a hacer m�s dif�cil el cuidado de un mal ya tan grave�; y a�ade m�s adelante: .
EVLO: En en L. S. considera al capitalismo puro, que considera al trabajador como propiedad, como quasiesclavo, y al trabajo como mercanc�a, como contrario a la naturaleza social y dignidad humana ya que nadie puede explotar el trabajo de su projimo: Hacerse rico con y a costa del trabajo de los dem�s. Hacemos otra vez referencia a que 'la cuesti�n obrera' debe desaparecer una vez que se declare la igual dignidad de los trabajos de todos de los laboradores y por tanto el derecho a igual retribuci�n por el mismo esfuerzo y dedicaci�n al trabajo mediante la distribuci�n electronica de los beneficios entre los profesionales, los ahora llamados patrones, empleados y obreros.
57. Para la Iglesia el mensaje social del Evangelio no debe considerarse como una teor�a, sino, por encima de todo, un fundamento y un est�mulo para la acci�n. Impulsados por este mensaje, algunos de los primeros cristianos distribu�an sus bienes a los pobres, dando testimonio de que, no obstante las diversas proveniencias sociales, era posible una convivencia pac�fica y solidaria. Con la fuerza del Evangelio, en el curso de los siglos, los monjes cultivaron las tierras, los religiosos y las religiosas fundaron hospitales y asilos para los pobres, las cofrad�as, as� como hombres y mujeres de todas las clases sociales, se comprometieron en favor de los necesitados y marginados, convencidos de que las palabras de Cristo: (Mt. 25, 40) esto no debe quedarse en un piadoso deseo, sino convertirse en compromiso concreto de vida.
Hoy m�s que nunca, la Iglesia es conciente de que su mensaje social se har� cre�ble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y l�gica interna. De esta conciencia deriva tambi�n su opci�n preferencial por los pobres la cual nunca es discriminatoria de otros grupos, opci�n que no vale solamente para el aspecto material, pues es sabido que, especialmente en la sociedad moderna, se hallan muchas formas de pobreza no s�lo econ�mica, sino tambi�n cultural y religiosa. El amor de la Iglesia por los pobres, que es determinante y pertenece a su constante tradici�n, la impulsa a dirigirse al mundo en el cual, no obstante el progreso t�cnico-econ�mico, la pobreza amenaza con alcanzar formas gigantescas. En los Pa�ses occidentales existe la pobreza m�ltiple de los grupos marginados, de los ancianos y enfermos, de las victimas del consumismo y, m�s a�n, la de tantos pr�fugos y emigrados; en los Pa�ses en v�a de desarrollo se perfilan en el horizonte crisis dram�ticas si no se toman a tiempo medidas coordinadas internacionalmente.
LABORISMO EVOLUTIVO: En su evoluci�n, el concepto de pobreza-riqueza arranca del mandato segundo del G�nesis que ordena al humano trabajar y cuidar de la naturaleza-mandato econ�mico y ecol�gico- ordenamiento reforzado con el "trabajar�s seis d�as". del Ex. y Dt. y cuya omisi�n condena S. Pablo a no comer "El que no trabaje que no coma". matizado en la evoluci�n moderna cuando "hay falta de empleo". Es notoria el papel que en la pobreza desempe�a la enfermedad, ya sea corporal o psiquica que dificulta y a veces impide o imposibilita la guarda del mandamiento del
trabajo.
Otra causa del incumplimiento del mandamiento se da por un falta dikemoral debida a la falta de cumplimiento vocaional de los que por voaci�n est� llamado a entrepreneurs y no lo cumplen.
en el sistema econ�micos que tienen por objeto la adminsitraci�n yreparto de los biens de la naturaleza. El L. S. ha puesto como definici�n de la funci�n econ�mica el conseguir que todos los miembros sociales tengan "su" trabajo
58. El amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre, en el que la IglesiA Cristo, se concreta en la promoci�n de la justicia. Esta nunca podr� realizarse plenamente si los hombres no reconocen en el necesitado, que pide ayuda para su vida, no a alguien inoportuno o como si fuera una carga, sino la ocasi�n de un bien en s�, la posibilidad de una riqueza mayor. S�lo esta conciencia dar� la fuerza para afrontar el riesgo y el cambio impl�citos en toda iniciativa aut�ntica para ayudar a otro hombre. En efecto, no se trata solamente de dar superfluo, sino de ayudar a pueblos enteros -que est�n excluidos o marginados- a que entren en el circulo del desarrollo econ�mico y humano. Esto sera posible no s�lo utilizando lo superfluo que nuestro mundo produce en abundancia, sino cambiando sobre todo los estilos de vida, los modelos de producci�n y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad. No se trata tampoco de destruir instrumentos de organizaci�n social que han dado buena prueba de s� mismos, sino de orientarlos seg�n una concepci�n adecuada del bien com�n con referencia a toda la familia humana. Hoy se esta exp�rimentando ya la llamada , fenomeno que no hay que despreciar, porque puede crear oportunidades extraordinarias de mayor bienestar. Pero se siente cada d�a m�s la necesidad de que a esta creciente internacionalizaci�n de la econom�a correspondan adecuados �rganos internacionales de control y de gu�a v�lidos, que orienten la econom�a misma hacia el bien com�n, cosa que un Estado s�lo, aunque fuese el m�s poderoso de la tierra, no es capaz de lograr. Para poder conseguir este resultado, es necesario que aunque la concertaci�n entre los grandes Pa�ses y que en los organismos internacionales esten igualmente representados los intereses de toda la gran familia humana. Es preciso tambi�n que a la hora de valorar las concecuencias de sus desiciones, tomen siempre en consideraci�n a los pueblos y Pa�ses que escaso peso en el mercado internacional y que, por otra parte, cargan con toda una serie de necesidades reales y acuciantes que requieren un mayor apoyo para un adecuado desarrollo. Indudablemente, en este campo queda mucho por hacer.
El L. S. considera que en el cumplimiento del mandamiento de trabajar (Gn. Fue puesto en el Jard�n de Eden para trabajarlo y cuidarlo, Dt. y Ex. trabajareis seis d�as), Dios ha dispuesto en su Plan divino la programaci�n-vocaci�n de cada uno de los laboradores deposit�ndola en el interior de sus psicogenes disponiendo con ello la Econom�a a trav�s de los humanos y no solo de las cosas. Dios, Se�or de la administraci�n econ�mica, si da la obligaci�n da tambi�n la forma del cumplimiento.
Entre las ocupaciones que en esta �poca de la evoluci�n destacan como socialmente de primera importacia (como en otras los guerreros y los nobles), es la de los entrepreneurs y administradores de las empresas econ�micas (principalmente las bancarias), que como profesionales (como lo dem�s: sacerdotres, abogados, m�dicos, etc.) y sujetos a sus gremios profesionales est�n fundamentalmente obligados a proporcionar la fuerza motriz de la econom�a en servicio de las dem�s profesiones, por ser ellos su motor. Por la interdepedencia econ�mica mundial, esa misma profesionalidad los lleva a ampliar al �mbito internacional sus capacidades para una econom�a sin fronteras, que es la mejor de las econom�as que se puede contemplar. y a considerar en primer lugar la emigraci�n de los laboradores con un derecho humano sin m�s limitaci�n que la de no tomar lo que ya tienen otros. Los lleva su misma profesi�n a cuidar, aprovechando a su m�ximo y reciclando, a la naturaleza com�n a todos los de la Tierra.
59. As� pues, para que se ejercite la justicia y tengan �xito los esfuerzos de los pobres para establecerla, es necesario el don de la gracia, que viene de Dios. Por medio de ella, en colaboraci�n con la libertad de los hombres, se alcanza la misteriosa presencia de Dios en la historia que es la Providencia.
La experiencia de novedad vivida en el seguimiento de Cristo exige que sea comunicada a los dem�s hombres en la realidad concreta de sus dificultades y luchas, problemas y desaf�os, para que sean iluminadas y hechas m�s humanas por la luz de la fe. Esta, en efecto, no s�lo ayuda a encontrar soluciones, sino que hace humanamente soportables incluso las situaciones de sufrimiento, para que el hombre no se pierda en ellas y no olvide su dignidad y vocaci�n.
La doctrina social, por otra parte, tiene una importante dimensi�n interdisciplinaria. Para encarnar cada vez mejor, en contextos sociales econ�micos y pol�ticos distintos, y continuamente cambiantes, la �nica verdad sobre el hombre, esta doctrina entra en di�logo con las diversas disciplinas que se ocupan del hombre, incorpora sus aportaciones y les ayuda a abrirse a horizontes m�s amplios al servicio cada persona, conocida y amada en la plenitud de su vocaci�n.
Junto a la dimensi�n interdisciplinar, hay que recordar tambi�n la dimensi�n pr�ctica y, en cierto sentido, experimental de esa doctrina. Ella se sit�a en el cruce de la vida y de la conciencia cristiana con las situaciones del mundo y se manifiesta en los esfuerzos que realizan los individuos, las familias, cooperadores culturales y sociales, pol�ticos y hombres de Estado, para darles forma y aplicaci�n en la historia.
El L. S. afirma el origen divino de todas las vocaciones o programaciones al trabajo infundidas por Dios a los humanos para cumplir su mandamiento del trabajo. Con ello afirma que los trabajos, cualesquiera que sean, tienen la misma dignidad y por tanto deben de estar sujetos a la misma remuneraci�n: Compartici�n de la mesa com�n Social mediante la repartici�n por los medios electr�nicos. Unas prograciones complemetan a las otras en un tejido divino de tareas profesionales que s�lo es v�lido, por disposici�n de la Providencia, mediante el intercambio en toda la Tierra: Primero el de las personas con la libre inmigraci�n laboral generalizada de todos los humanos y despues con el libre tr�fico de todas las mercac�as y servicios.
60. Al enunciar los principios para la soluci�n de la cuesti�n obrera, Le�n XIII escrib�a: . Estaba convencido de que los graves problemas causados por la sociedad industrial pod�an ser resueltos solamente mediante la colaboraci�n entre todas las fuerzas. Esta afirmaci�n ha pasado a ser un elemento permanente de la doctrina social de la Iglesia, y esto explica, entre otras cosas, por qu� Juan XXIII dirigi� su Enc�clica sobre la paz a .
El papa Le�n, sin embargo, constataba con dolor que las ideolog�as de aquel tiempo, especialmente el liberalismo y el marxismo, rechazaban esta colaboraci�n. Desde entonces han cambiado muchas cosas, especialmente en los a�os m�s recientes. El mundo actual es cada vez m�s conciente de que la soluci�n de los graves problemas nacionales e internacionales no es s�lo cuesti�n de producci�n econ�mica o de organizaci�n jur�dica o social, sino que requiere precisos valores �tico-religiosos, as� como un cambio de mentalidad, de comportamiento y de estructuras. La Iglesia siente vivamente la responsabilidad de ofrecer esta colaboraci�n, y -como he escrito en la Enc�clica Sollicitudo rei socialis- existe la fundada esperanza de que tambi�n ese grupo numeroso de personas que no profesa una religi�n pueda contribuir a dar el necesario fundamento �tico a la cuesti�n social.
En el mismo Documento he hecho tambi�n una llamada a las Iglesias cristianas y a todas las grandes religiones del mundo, invitandolas a ofrecer el testimonio un�nime de las comunes convicciones acerca de la dignidad del hombre, creado por Dios. En efecto, estoy persuadido, de que las religiones tendr�n hoy y ma�ana una funci�n eminente para la conservaci�n de la paz y para la construcci�n de una sociedad digna del hombre.
Por otra parte, la disponibilidad al di�logo y a la colaboraci�n incumbe a todos los hombres de buena voluntad y, en particular, las personas y los grupos que tienen una espec�fica responsabilidad en el campo pol�tico, econ�mico y social, tanto a nivel nacional como internacional.
El L. S. propone como base del comportamiento social la moraldik� y la dik�tica como medio de entendimiento com�n entre los humanos "de buena voluntad". Moral y �tica que no son simplemente las de las costumbres -moral en lat�n y �tica en griego, ambas significan simplemente costumbres: porque es costumbre, por tradici�n civil o religiosa-, sino basadas en la justicia, virtud humana resumen de las dem�s que obra en raz�n y emana de la naturaleza de las personas, por la cual se huye del da�o a uno mismo, o en los dem�s, del da�o a los derechos o a sus personas, principalmente sus derechos naturales y divinos, y que por supuesto, porque son costumbres razonadas en la justicia, pueden regir a todas las personas de buena voluntad. "Si vuestra justicia no es mayor que la de los Escrivas y Fariseos que"siguen la tradici�n de sus mayores" no entrar�is al reino de los cielos.
61. Fue , al comienzo de la sociedad industrial, lo que oblig� a mi Predecesor a tomar la palabra en defenza del hombre. La Iglesia ha permanecido fiel a este compromiso en los pasados cien a�os. Efectivamente, ha intervenido en el per�odo turbulento de la lucha de las clases, despu�s de la primera guerra mundial, para defender al hombre de la explotaci�n econ�mica y de la tiran�a de los sistemas totalitarios. Despu�s de la segunda guerra mundial, ha puesto la dignidad de la persona en el centro de sus mensajes sociales, insistiendo en el destino universal de los bienes materiales, sobre un orden social sin opresi�n basado en el esp�ritu de colaboraci�n y solidaridad. Luego, ha afirmado continuamente que la persona y la sociedad no tienen necesidad solamente de estos bienes, sino tambi�n de los valores espirituales y religiosos. Adem�s, d�ndose cuenta cada vez mejor de que demasiados hombres viven no en el bienestar del mundo occidental, sino en miseria de los Pa�ses en v�a de desarrollo y soportan una condici�n que sigue siendo la del , la Iglesia ha sentido y sigue sintiendo la obligaci�n de denunciar tal realidad con toda claridad y franqueza, aunque sepa que su grito no siempre ser� acogido favorablemente por todos.
A cien a�os de distancia de la publicaci�n de la Rerum novarum, la Iglesia se halla a�n ante y ante nuevos desaf�os. Por esto, el presente centenario debe corroborar en su compromiso a todos los y, en concreto, a los creyentes.
Con su doctrina de la igualdad en dignidad y retribuci�n de todas las labores en favor de los humanos el L. S. no solo sienta las bases de la disminuci�n del en que se encuentran los empledos y obreros en las sociedades avanzadas del primer mundo sino que su mirada se dirige principalmente a las repecuciones que traer� en las sociedades menos desarrolladas de los terceros mundos en los cuales las diferencias en dignidad y retribuci�n de las labores son a�n m�s abismales.
El L. S. sostiene que en la evoluci�n en espiral ascedente del grueso de la humanidad, los quehaceres profesionales ascienden: de esclavos a siervos, de siervos a empleados, de empleados a profesionales y quiza en un futuro de profesionales liberales a due�os.
En la etapa actual de empleados a profesionales, a los humanos les toca un ascenso de servicio al pr�jimo ("ama a tu pr�jimo") mediante un cumplimiento cabal del servicio profesinal a la exelencia. Cumplimiento principal de la Ley de Cristo del amor al pr�jimo.
62. Esta Enc�clica de ahora ha querido mirar al pasado, pero sobre todo est� orientada al futuro. Al igual que la Rerum novarum, se sit�a casi en los umbrales del nuevo siglo y, con la ayuda divina, se propone prepara su llegada.
En todo tiempo, la verdadera y perene viene de la infinita potencia divina: (Ap. 21, 5)! Estas palabras se refieren al cumplimiento de la historia, cuando Cristo entregar� (1Cor 15, 24.28). Pero el cristiano sabe que la novedad, que esperamos en su plenitud a la vuelta del Se�or, est� presente ya desde la creaci�n del mundo, y presisamente desde que Dios se ha hecho hombre en Cristo Jesus y con �l y por �l ha hecho (2Cor 5, 17; Gal 6,15).
Al concluir esta Enc�clica doy gracias de nuevo a Dios omnipotente, porque ha dado a su Iglesia la luz y la fuerza de acompa�ar al hombre en el camino terreno hacia el destino eterno. Tambi�n en el tercer Milenio la Iglesia ser� fiel en asumir el camino del hombre, consciente de que no peregrina sola, sino con Cristo, su Se�or. Es �l quien ha asumido el camino del hombre y lo gu�a, incluso cuando �ste no se da cuenta.
Que Mar�a, la Madre del Redentor, la cual permanece junto a Cristo en su camino hacia los hombres y con los hombres, y que precede a la Iglesia en la peregrinaci�n de la fe, acompa�e con materna intercesi�n a la humanidad hacia el pr�ximo Milenio, con fidelidad a Jesucristo, nuestro Se�or, que (Heb 13, 8), en cuyo nombre os bendigo a todos de coraz�n.
El L. S. contempla al Se�or Jes�s, m�s que derrotado con la muerte a manos humanas, triunfador de la vida con la resurecci�n. Yahveh Dios, Se�or de la Evoluci�n, triunfador en la evoluci�n futura de la humanidad: en la otra vida pero tambi�n en esta.
Director providencial que lleva a la humanidad en espiral ascedente al siguiente milenio que debe corresponder a m�s gente que siga al Se�or Jes�s en la Tierra. no basandose solo en principios sino m�s que lo comprendan y lo amen. M�s que a Mahoma y a Buda que no sin plan de la providencia se han presentado en la Tierra para cumplir los planes de Dios.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el d�a 1 de mayo -fiesta de San Jose Obrero- del a�o 1991, d�cimo tercero de pontificado.