Luis
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9 de septiembre del 2004

 “Luis”

 Las ventanas están cerradas, el polvo se ha acumulado en cada rincón, se respira un fuerte olor a humedad y la oscuridad reina en todo el recinto. Este es pequeño con el techo bajo; el acabado de ladrillo en las paredes refleja la realidad de una familia pobre.

                Él, Luis, a pesar del frío y el sentimiento de soledad, no ha salido de la casa en un tiempo, sigue esperando a que regrese su madre; ellos siempre han sido humildes, pero el amor nunca les ha faltado. Hubo un tiempo en que su padre, hombre tierno y cariñoso, vivía con ellos, jugaba con él y eran felices, pero, un día desapareció. Luis nunca supo porque él se fue. Aunque mamá siempre maldecía al alcohol.

                 El pequeño también tiene amigos, niños como el chicles, risueño y chimuelo, el sapo, con sus peculiares ojos saltones, el mocos, Daniela y por último María, la niña que un día sería su esposa. Aunque últimamente nadie lo ha visitado.

                 El frío de Luis cada vez es peor, a pesar de que se ha abrigado cada vez más. Tal ves está enfermo. Por otra parte ha pasado tiempo desde su último bocado, y siente el hambre cada vez más canija. ¿Por qué mamá tarda tanto?

                 Pequeños chillidos se escuchan al fondo del cuarto. Luis afina el oído y comienza a buscar la causa peculiar fenómeno. Tras hurgar un poco entre cajas, ropa y demás chácharas, el culpable aparece. Un ratoncillo gris, pequeño, tierno y curioso estaba comiendo felizmente un pedazo de pan viejo, hasta que fue encontrado por Luis. “Que curioso” piensa Luis “tiene una mancha negra en su orejita derecha, como la que tenía Miguelito”. El roedor huye poco después del encuentro.

                 Miguelito fue la primera mascota de Luis, lo encontró un día en que la pequeña criatura hurgaba en la alacena, desde entonces fueron inseparables, él lo alimentaba y el ratoncillo le agradecía con sus tiernos gestos. Era una verdadera y bella amistad. Claro que su madre no aceptó a Miguelín en la casa. La inocente criatura fue muerta en una cubeta. 

                Un triste semblante atravesó la joven cara de Luis al recordar a su amigo; pero un ruido en la puerta principal de la casa interrumpió el momento. ¿Quién podría estar en la estancia? Fuera quien fuera, respiraba aceleradamente y titubeaba en entrar al cuarto de Luis. La espera se vuelve estresante por lo que Luis decide darle fin a esto.

                 -¿Mamá eres tu?- interroga Luis al cuarto contiguo

                -Disculpa molestarte...- contesta un pequeño niño de manera un tanto nerviosa.

                -Adelante, puedes pasar- dice Luis feliz de que por fin alguien decide visitarlo, aun siendo un desconocido.

                -hola... yo soy Juanito- dice el niño al momento de traspasar la cortina que sirve como puerta del cuarto.

                -Yo soy Luis-

                -Sí... ya lo sabía... bueno mi amigo Jorge me dijo que viniera y te preguntará si quieres salir a jugar...-

                -Lo siento pero, estoy esperando a Mamá- Con lo que da por terminada la charla y Juanito se retira.

                 Luis cada vez más siente el frío, el hambre, la humedad comienza a hacerlo sentir enfermo, esta aburrido, no más que aburrido, esta preocupado mamá no regresa, pero ¿hace cuanto se fue? Lleva solo unas horas afuera y dijo que iría a la farmacia, solo iba por la medicina y regresaba, ya que Luis tiene que recibir esa medicina pronto, al menos eso dijo el doctor.

                 -¡Mamá, que bueno que ya regresaste!-

                -Hijo, oh hijo cuanto lo siento-

                -No importa mamá, realmente no tardaste tanto, estuve esperando y tuve con que distraerme-

                -Ay hijo, te dije que regresaría pronto, pero yo se que me tardé, es que me costaba mucho trabajo regresar-

                -Tranquila mamá, no pasa nada, no te preocupes, estando contigo no tengo de que preocuparme-

                -¡Oh! hijo perdóname, realmente todo fue mi culpa-

                -Mamá ¿que dices? Tu no tienes la culpa de nada-

                -¡Oh hijo cuanto lo siento!

 Su madre deja caer una rosa en el piso y sale corriendo de la casa, mientras, una lagrima corre por su mejilla. Luis se pregunta porque mamá hace eso todos los años, mientras toca su pecho y siente la herida que nunca sanará.

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