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“Caminando”
Ayer me encontré una prostituta, me dijo que cobraba quinientos (pesos)... yo solo traía doscientos, y mejor seguí de largo. Una madrecita –religiosa, claro esta- decía no cobrar nada, me ofrecía la vida eterna, pero en su seguimiento religioso exigía muchas cosas, leyes y mandamientos que cumplir... Llegué a una tienda, la joven tendera –tendría unos veinte años- me dijo que vendía cigarros, cervezas, sexo plasmado en papel, comida, y otros artículos cariados... pero no me podía vender a amor. Continué caminando, y el día fue oscureciendo hasta convertirse en ese ente misterioso llamado noche... yo no encontraba lo que buscaba... o lo que me buscaba no me había podido encontrar a mí... fue entonces cuando lo vi, un pequeño cachorro, hambriento, el pequeño me lloró un poco... y yo lo llevé a mi casa... Ambos, ahora, teníamos un hogar. |