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LA SOCIEDAD DE LA
INFORMACION Gaëtan Tremblay
Introducción La actualidad, el desarrollo tecnológico y la evolución de nuestras sociedades imponen continuamente a nuestra reflexión, temas y problemas que ejercen una gran influencia en la orientación de nuestros trabajos. Los investigadores en comunicación son particularmente sensibles a esta influencia; el análisis de las publicaciones en nuestro dominio lo pone en evidencia. Tal permeabilidad a las preocupaciones contemporáneas es, por cierto, positiva: nos arraiga en nuestra sociedad y nos incita a participar en los grandes debates colectivos y también nos ayuda a adaptar continuamente nuestra enseñanza a la evolución del mundo de las comunicaciones. Pero comporta igualmente riesgos y a menudo nos provoca problemas. Las cosas evolucionan tan rápidamente que los resultados de nuestra investigación están a veces atrasados incluso antes de ser publicados. Y sobre todo, arrastrados al fuego de la acción, nos falta a menudo la distancia necesaria para un análisis riguroso e imparcial de los fenómenos que estudiamos. Con frecuencia nos es muy difícil desprender nuestro discurso de los discursos normativos y proféticos de otros actores sociales. A veces contribuimos incluso a alimentarlos y a renovarlos. En breve: nuestro discurso, demasiado a menudo, no se diferencia de aquel de los promotores políticos y económicos de estas nuevas tecnologías de la comunicación. Al hacer esto, ¿ cumplimos con nuestro rol de investigadores, universitarios, intelectuales, analistas críticos e imparciales ? Desde hace algunos años, algunos decenios, incluso, ciertos temas recurrentes se impusieron con fuerza. Los deslumbrantes desarrollos de la tecnología nos llevaron a apuntar el proyector sobre sus inmensas posibilidades y pronosticar el advenimiento de lo que fue denominado sucesivamente "la aldea global", "la ciudad cableada", "la economía de la información", "la economía del conocimiento", "la sociedad de la información". Al mismo tiempo y en la misma corriente de pensamiento, las transformaciones del sistema económico nos han conducido a poner énfasis en la globalización y sus consecuencias sociales y culturales. La actualidad más inmediata, impulsada por las autoridades políticas, ha condensado estas preocupaciones en la metáfora de las "autopistas electrónicas" — o de las "autopistas de la información" —. Hemos perdido la cuenta de los artículos de diarios o revistas, los programas de televisión, los coloquios y los discursos que se le consagran desde hace años. El punto culminante se alcanzó cuando los miembros del G-7 decidieron hacerlo el tema de su encuentro en Bruselas en febrero de1995. No me detendré en el tema de las autopistas de la información en el marco de esta presentación. Me centraré más bien en el proyecto subyacente , continuamente retomado y reactualizado, aquel de la emergencia de una nueva sociedad que calificamos de "sociedad de la información". Quisiera explorar aquí, bajo la forma de un ensayo, las siguientes preguntas : ¿ hasta dónde ha llegado la teoría de la comunicación en relación a estos asuntos ? ¿ Cómo nos ayuda a conceptualizar estos fenómenos ? ¿ Y cómo estos fenómenos hacen evolucionar la teoría de la comunicación ? Habitualmente clasificamos en dos categorías las reacciones al desarrollo tecnológico en el terreno de las comunicaciones : el campo de los optimistas y el campo de los pesimistas. Los primeros conciben cada innovación como un inevitable progreso y los segundos temen una alienación creciente. Esta categorización dicotómica se ha impuesto tanto y funciona tan bien que cualquiera que hace la mínima crítica es clasificado rápidamente en el campo de los pesimistas y cualquiera que evoca consecuencias positivas es acusado de optimista. Quisiera evitar aquí tal maniqueísmo y prevenirles que mi perspectiva no toma prestado ni de Orwell o Huxley ni de Martin o Chagnon. Quisiera solamente cuestionar, de una manera crítica, el fundamento de los postulados y de los conceptos que utilizamos para analizar los fenómenos planteados más arriba, cuestionamiento que oculta y que elude demasiado a menudo la cómoda clasificación en pesimistas y optimistas. Evocaré ante todo algunos obstáculos epistemológicos a nuestra conceptualización de los cambios que afectan a nuestras sociedades. Luego discutiré las acepciones que se han dado a la noción de sociedad de la información. Y finalmente propondré un cambio de perspectivas y una hipótesis explicativa de las transformaciones en curso.
Son numerosos y variados los obstáculos en vías de una comprensión la más objetiva — o si ustedes prefieren, la más desobjetivada posible — de los cambios en curso en las sociedades más industrializadas, para no hablar solamente de ellas. Mostraré tres entre muchas otras. Reconozcámoslo: espontáneamente nos simpatiza la idea de querer que evolucionemos hacia una sociedad de la información, incluso antes de tomar en consideración los hechos. Esta noción nos complace, no solamente porque evoca, en las descripciones que hacemos habitualmente — una sociedad donde el saber y la información serían fácilmente accesibles y ampliamente compartidas, es decir una sociedad más justa, más prospera y más democrática —, sino porque nos conforta en nuestras elecciones : nos ocupamos realmente de cosas importantes, nosotros que hemos escogido consagrar nuestra vida profesional al estudio de las comunicaciones. Tuvimos razón. Nuestro trabajo se sitúa en el corazón del cambio que caracteriza las sociedades contemporáneas. Esta simpatía natural constituye el primer obstáculo que debemos superar en nuestros esfuerzos de teorización del fenómeno. Debemos constatar que no lo logramos fácilmente, más aún que esta simpatía encuentra fácilmente justificación en el postulado de Innis, que casi todos compartimos, de que las comunicaciones se sitúan en el corazón de la constitución y la vida de los imperios . ¿ Qué hay más normal que comunicólogos adhieran a una perspectiva tal ? ¿ Los sociólogos no están convencidos de la importancia de los hechos sociales, los psicólogos de los procesos mentales y afectivos, los economistas de los mercados, etc.? La sociedad de la información derivaría entonces lógicamente de esta importancia histórica que las comunicaciones han siempre ocupado en la vida de las sociedades. Pero entonces, si el rol de los medios de comunicación ha sido siempre central, ¿ porqué reservar su caracterización a la única sociedad que se desarrolla bajo nuestra mirada ? ¿ No deberíamos ser más precisos en la calificación, más específicos en lo que la caracteriza ? El segundo obstáculo está también íntimamente ligado a nuestra elección de la comunicación como campo de actividades profesionales. A pesar de nuestras explícitas denegaciones, nos cuesta librarnos del determinismo tecnológico. Somos espontáneamente propensos a darle una gran importancia, a veces desmesurada, a los medios de comunicación. Tenemos tendencia a partir de la tecnología, a analizar sus características, a estudiar o deducir sus consecuencias sociales, económicas, culturales y políticas. Razonamos, demasiado a menudo, como si la tecnología gozara de un estatuto de autonomía, de independencia en relación a las estructuras socioeconómicas y a los juegos de los actores. Es un obstáculo tan difícil de superar como el primero porque aparece igual de natural; como también nos parece igual de normal que nos comportemos como los otros especialistas de las ciencias humanas quienes dan prioridad a su objeto de estudio y a su perspectiva propia¡ Quizás también estamos fascinados por técnicas siempre más exitosas de las cuales no conocemos bien su funcionamiento real ! Esta centralidad de las técnicas ha caracterizado las ciencias de la comunicación desde su origen. Con ciertas excepciones — como la semiótica y la retórica — las teorías de la comunicación, comenzando por la teoría de la información de Shannon y Weaver hasta Innis y MacLuhan, pasando por la teoría de la comunicación de masa, han sido elaboradas en función de, o como reacción a, el desarrollo de las técnicas modernas de comunicación. Por comprensible que ella sea, esta tendencia a situar la técnica en el centro de nuestra gestión debe ser cuestionada, aun más cuando nos aventuramos a sacar conclusiones generales sobre el tipo de sociedad en que vivimos o que anunciamos. El tercer obstáculo epistemológico que desearía plantear reside en nuestro progresismo latente. El discurso dominante sobre las tecnologías de la comunicación, sobre todo sobre lo que llamamos un poco confusamente "las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación" (NTIC), se caracteriza por un optimismo que, sin ser siempre debordante y sin matiz, no está fundamentalmente menos convencido que progresamos. Jacques Ellul no hace más escuela, ¡ es lo menos que pudiéramos decir ! Ya no encontramos, a propósito de las técnicas de comunicación, las mismas críticas o las mismas dudas que expresa incluso abundantemente en todos los otros terrenos, el movimiento ecologista. Las técnicas de comunicación son incluso consideradas esencialmente positivas : ellas no contaminan, pueden reemplazar el transporte, incluso permiten organizarse al movimiento, etc. Este optimismo es apenas temperado por las amenazas que la constitución de ficheros electrónicos de todo tipo hace pesar sobre la vida privada de todos y cada uno. Entendámonos: no quiero decir aquí que los pesimistas tienen razón contra los optimistas, dicotomía que me he propuesto evitar al principio de este texto. Solamente quiero señalar una recurrencia en el discurso dominante sobre las NTIC que, incluso cuando él trata de tener en cuenta las circunstancias, tiende a presentar las consecuencias positivas como inevitables, como evidentes y derivando naturalmente de la instalación y utilización de las técnicas, mientras que las consecuencias negativas son consideradas como simples posibilidades que pueden ser evitadas o minimizadas, por medio de una política o una estrategia adecuada. Sin caer demasiado en el catastrofismo, tal prejuicio me parece constituir un obstáculo epistemológico importante en la aprehensión de los cambios en curso. Es poco compatible con la duda sistemática, característica de toda gestión científica. Tres obstáculos mayores se elevan en nuestra ruta hacia la comprensión de los cambios ligados a la introducción y la difusión de las NTIC en nuestras sociedades : la complacencia profesional, el determinismo tecnológico y el progresismo inveterado. Hay otros, estoy seguro. Solamente deseo que el planteamiento rápido de éstos sea suficiente para ponernos en guardia contra nosotros mismos y despierte nuestro sentido crítico en la evaluación de la pertinencia del modelo que presentan las teorías de la "sociedad de la información". 2. El discurso sobre la sociedad de la información Numerosas han sido las tentativas desde la Posguerra para nombrar el cambio e identificar el nuevo tipo de sociedad que resultaría. Se ha hablado de "sociedad de masa", de "sociedad del tiempo libre", de "sociedad programada", de "sociedad postindustrial", de "sociedad postmoderna", de "sociedad de consumo", de "sociedad de la información", y lo dejo aquí. Si debemos creer a ciertos autores, ¡cambiaríamos tan seguido de tipo de sociedad como cambiamos de gobierno ! Los historiadores tendrán sin duda en cuenta las circunstancias dentro de algunos decenios. Pero ya podemos sospechar que, a pesar de la fantástica aceleración del cambio desde la mitad del siglo pasado, las transformaciones en profundidad del sistema social no son tan rápidas y que ciertos desarrollos, presentidos como fundamentales, finalmente no afectan las bases del sistema tanto como se había previsto. ¿ Qué oculta, desde este punto de vista, la noción de "sociedad de la información" ? ¿ Cuales son sus características ? ¿ Y representan ellas una transformación radical que justifica que se hable de un nuevo tipo de sociedad, de un cambio tan importante como la Revolución Industrial, la invención de la imprenta o incluso la invención de la escritura ? La argumentación que presenta el advenimiento de la sociedad de la información como un cambio radical reposa fundamentalmente sobre dos tipos de consideraciones : 1) los deslumbrantes desarrollos tecnológicos en el tratamiento y la transmisión de la información; 2) la importancia estratégica creciente de la información y del conocimiento en el conjunto de las actividades humanas. Resumiré brevemente aquí lo que se ha dicho a este propósito en el curso de los últimos decenios abordando cuatro temas : 2.1) una sociedad interconectada; 2.2) una economía de la información; 2.3) una sociedad interactiva; 2.4) la informática como nueva forma de escritura. Terminaré sobre este punto con una evaluación de la utilidad de la noción de sociedad de la información (2.5). 2.1 Una sociedad interconectada Las primeras especulaciones sobre la sociedad de la información se remontan a los años 70, en el momento que se comienza a entrever las inmensas posibilidades de desarrollo del cable, de la comunicación por satélite, de la fibra óptica y de la microinformática. James Martin, por ejemplo, traza, en su libro The Wired Society,publicado en 1978, un retrato a menudo ampliado pero raramente superado. Considerando las nuevas posibilidades técnicas de transmisión y de tratamiento de la información, él infiere un conjunto de consecuencias sobre la organización del trabajo, las relaciones sociales, la educación, la vida política, el medio ambiente, etc. que lo conducen a bosquejar el retrato de una sociedad idílica. En su primer capítulo, que intitula The New Highways — por lo que la metáfora no es tan reciente —, él escribe: Imagínense una ciudad dentro de diez o veinte años, llena de parques, flores y lagos; en la que el aire es tan transparente como el cristal y en la que la mayor parte de los coches están aparcados en grandes espacios abiertos en los alrededores. Los rascacielos no están demasiado juntos, y todos tienen buena vista; cualquier habitante de esta ciudad puede dirigirse hacia las tiendas, los restaurantes, los bares, por jardines o alamedas cubiertas. Por debajo de las calles, la ciudad está llena de cables y nuevos sistemas de radio que facilitan el acceso a todos los medios de comunicación. Los aparatos de televisión, capaces de seleccionar muchos más canales que los actuales, se pueden utilizar, por medio de pequeños teclados, para proporcionar una multitud de servicios de comunicación. Los ciudadanos económicamente más acomodados tienen en sus hogares pantallas de televisión que miden dos metros, e incluso más. Se necesita viajar menos que antaño. Las gestiones bancarias se pueden realizar desde casa y, de la misma forma, se puede comprar cuanto se desee [...] Algunas casas tienen aparatos que reciben documentación transmitida. Con la ayuda de estos aparatos cualquiera puede resolver los trámites de sus negocios, obtener noticias seleccionadas que se adapten a las propias necesidades; así como informes sobre la Bolsa y las finanzas, correo, extractos bancarios, horarios y reservas de aviones, entre otras muchas cosas [...] Apenas hay robos en las calles, porque la mayor parte de la gente lleva encima poco dinero [...] Los ciudadanos pueden portar aparatos de radio que, en el acto, si lo precisan les conecten con la policía o con el servicio de ambulancias. Las casas tienen alarmas contra incendios y antirrobo, en conexión con los parques de bomberos y las comisarías. La industria está mucho más mecanizada que en la actualidad [...] Prácticamente no hay máquina que no contenga un pequeño computador. Los formularios administrativos han desaparecido prácticamente [...] Para evitar el desempleo se han hecho habituales los fines de semana largos, que exigen los sindicatos. La creación y producción de medios para ocupar el incesante aumento de tiempo libre, es una floreciente y gran industria [...] Pero, sobre todo, la educación es óptima. Se puede aprender Historia con programas tan informativos y absorbentes como "América", de Alistair Cooke [...] Para realizar este tipo de programas ha crecido una industria tan poderosa y tan profesional como la de Hollywood. La producción de programas es cara, pero cada programa lo utilizan normalmente cientos de miles de estudiantes [...] Los canales de comunicación proveen excelentes medios médicos, algunos por computador y otros a través de videoteléfonos y grandes pantallas de televisión. Se realizan diagnósticos a distancia [...] Las innovaciones técnicas han cambiado los medios de información. Los ciudadanos pueden ver en acción a sus representantes políticos y expresar aprobación o desaprobación. El electorado está mucho mejor informado y capacitado para hacer que se oigan sus puntos de vista y protestas [...] Las telecomunicaciones han cambiado la vida en las ciudades, pero también en las áreas rurales se han dejado sentir sus efectos [...] Muchos pueblos tienen una antena vía satélite. La gente puede tener sus propios jardines o granjas y pueden pasear por los campos y los bosques; comen verduras frescas y pan de la tienda local; pero ya no están aislados del mundo [...] Aumenta la tendencia a agruparse en pequeñas comunidades autosuficientes, y relacionarse con otras mediante las nuevas autopistas de telecomunicaciones. Es curioso de todas maneras que el señor Martin no haya entrevisto las posibilidades de utilización de estas redes para otros fines. No encontramos nada en su escrito que pudiese predecir la utilización de Internet por los movimientos de extrema derecha o de extrema izquierda. Nada que pueda permitir prever (un atentado como el de) Oklahoma City. Nada tampoco que permite prever la admiración exagerada de los telespectadores por eventos como el juicio de O. J. Simpson, en vez de las discusiones del consejo municipal. ¡ Qué gran optimismo ! ¡ O qué utopismo ! Lo que es sorprendente en este tipo de discurso, no es tanto las predicciones de desarrollos tecnológicos — que no son tan aberrantes — como la ignorancia que manifiesta acerca de la complejidad de los procesos sociales, culturales, políticos económicos. No obstante, las infraestructuras de telecomunicaciones se han desarrollado ampliamente y el equipamiento de los hogares ha mejorado. Pero a pesar de ello no se ha obtenido como resultado la sociedad ecológica, sabia, civilizada e idílica descrita por James Martin. Pero el tono está dado. Muchos documentos gubernamentales y artículos de todo tipo retomarán, con los mismos acentos visionarios, el mismo tipo de razonamiento que consiste en extrapolar un conjunto de mejoras en todos los dominios de la vida social por el solo hecho de difundir las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Tal es el telón de fondo del discurso dominante sobre la sociedad de la información . 2.2 Una economía de la información A esta visión centrada en el potencial tecnológico se une, con los trabajos de Daniel Bell y los de Marc Porat, otro tipo de reflexión fundada en la importancia del conocimiento y de la información en las economías contemporáneas. Según Bell, el saber constituye de ahora en adelante el más importante de los factores de producción de las economías modernas. El funda el ejercicio del poder, produce las ganancias de productividad y asegura la competitividad de las empresas. Y según Porat, la economía americana se caracteriza, desde la Posguerra, por un gran aumento de las actividades de producción, de tratamiento y transmisión de la información. Una economía que se puede definir por el tipo de actividades que ocupa la mayoría de sus trabajadores, de ahora en adelante se puede calificar de economía de la información, como se ha hablado de economía industrial cuando dominaban las actividades de fabricación y de transformación o de economía agraria cuando la mayoría de los trabajadores se encontraban en el sector primario. Es por cierto innegable que el conocimiento constituye un factor de producción de los más importantes. Si siempre ha sido un poco de esta manera, hay que reconocer que el saber científico y técnico juega un rol mucho más considerable en las economías contemporáneas que en las economías de la primera revolución industrial, por ejemplo. La argumentación de Porat inspira poca confianza. William Leiss ha hecho ya una crítica sistemática de ella . Recordemos solamente que las conclusiones de Porat resultan de agregaciones estadísticas discutibles. Para lograr que la categoría de las actividades relacionadas con la información sea la más importante de las economías contemporáneas, agrupa oficios y profesiones muy diferentes que, aunque todas ellas implican más o menos producción o tratamiento de la información, lo hacen en grados muy diversos. Un vendedor de seguros, un programador, un secretario, un telefonista, un sabio, un escritor, un contador, un periodista, etc. son todos comunicadores, en cierta forma relativa. Pero sus relaciones con la producción, el tratamiento y la difusión de la información son muy diferentes. El sentido que se debe atribuir a las expresiones "economía o sociedad de la información" se vuelve entonces medianamente problemático. Es otra característica que se atribuye generalmente a la sociedad de la información, puesta de actualidad por el progreso de la digitalización, la modernización y la expansión de las redes de telecomunicaciones (por satélite, por cable o por ondas) y el advenimiento de los productos multimedia : la interactividad. Dado que la tecnología más avanzada permite la interactividad, la sociedad de la información se transformaría en una sociedad mucho más interactiva, lo que, de seguro, es presentado como un progreso considerable. En fin, la sociedad de la información, fundada en la generalización de la informática, se caracterizaría, según ciertos autores, por una revolución cultural mayor, comparable a aquella que siguió la invención de la imprenta o incluso de la escritura. Estos dos puntos merecen una atención particular. 2.3 Una sociedad interactiva En la campaña de producción de las nuevas tecnologías de comunicación, y de las denominadas autopistas de la información, hacemos mucho caso de la interactividad, característica esencial y revolucionaria, pretendemos, de estas mismas técnicas. ¿ No somos un poco víctimas y cómplices a la vez de esta propaganda ? Las potencialidades de los multimedia interactivos son efectivamente fabulosas, aunque todavía mal definidas. Pero ¿ debemos a pesar de ello deducir un cambio social y cultural en profundidad ? ¿ Sobre qué bases se fundamenta tal predicción? En tres a priori : 1) que las potencialidades tecnológicas se actualizarán necesariamente en la realidad social; 2) que los medios de comunicación han mantenido hasta el presente a los receptores en la pasividad; 3) que la interactividad es necesariamente algo bueno; y como corolario, que todo lo que no es interactivo no es interesante. Ya he hecho referencia al primer a priori, pero debemos volver a él : el pensamiento, en nuestro campo de estudio, tiene problemas para liberarse del determinismo tecnológico. Lo constatamos una vez más en las reflexiones que conciernen la interactividad. Ya que la tecnología es interactiva, ella favorecerá necesariamente los usos interactivos. Los ejemplos son sin embargo numerosos en la historia de los medios de comunicación que muestran que el ""potencial tecnológico"" no se realiza necesariamente y que los usos no se derivan naturalmente de las características de la técnica . Me contentaré con un solo ejemplo. La escritura es un medio de comunicación que permite la interactividad y la creatividad. ¿ Son estos sus usos más corrientes y los más generalizados ? El segundo a priori sobre el carácter pasivo de la recepción de los medios de comunicación tradicionales deja de lado las conclusiones de algunos decenios de investigación. Sabemos desde hace mucho tiempo que el receptor no es una placa fotográfica, que incluso el ver un programa de televisión implica actividades de percepción selectiva, de decodificación y recodificación de los mensajes. La interlocución ya existe. Su extensión a la interacción con máquinas y la multiplicación de posibilidades de interacción a distancia no representa en sí una revolución. Antes de saltar a esta conclusión, debería analizarse rigurosamente en qué los usos interactivos de las NTIC, de las cuales conocemos poco todavía, transformarán las condiciones de la interactividad en nuestras sociedades. El tercer a priori radica en una valorización indiscutida de la interactividad. La pasividad es automáticamente afectada por un signo negativo y la interactividad por un signo positivo. La interactividad es buena en sí, la pasividad mala. La pasividad implica una relacion jerárquica entre un emisor y receptores. La interactividad favorece por el contrario la igualdad y la simetría en la relación. La televisión tradicional explotaba la pasividad de los espectadores, los nuevos sistemas de comunicación fomentan la interactividad. El advenimiento de los nuevos medios de comunicación representa entonces un progreso indiscutible. Los usuarios lo reconocerán espontáneamente y los usos pasivos de los medios de comunicación, de la televisión entre otros, están destinados a la desaparición. La televisión interactiva reemplazará pronto a la televisión de masa. He aquí que al fin hemos llegado a la era de Emerec (neologismo formado de EMEtteur-RECepteur en francés), es decir, según el neologismo propuesto por Jean Cloutier, en una época donde cada receptor puede ser emisor al mismo tiempo . Ustedes me encontrarán quizás caricaturesco. No creo serlo. Este a priori es raramente enunciado explícitamente, pero sirve de base a la mayor parte de los trabajos sobre la interactividad. Esta valorización de la interactividad generalmente olvida tomar en consideración un cierto número de cosas relativamente elementales : a) que existen varios tipos de interactividad y que hay una diferencia fundamental entre, por ejemplo, la interrogación de un banco de datos, la manipulación de un juego de video y una conversación telefónica; una tipología de las diferentes formas de interactividad se impone en toda investigación rigurosa sobre la cuestión; b) que la escucha (que no es un fenómeno de pura pasividad) no es necesariamente inferior a la toma de palabra; me perdonarán esta analogía de gusto incierto : puede gustarnos cocinar, ¡ pero no es evidente que comamos mejor en casa, o en una cafetería, que en un restaurante donde hay un buen chef de cocina ! c) que el placer de hacerse relatar una historia o asistir a un espectáculo es muy anterior a la invención de los medios de comunicación modernos y que sobrevivirá probablemente a las técnicas interactivas multimediáticas; d) que la interactividad no se traduce siempre en relación igualitaria y no produce solamente resultados felices. En los intercambios electrónicos como en las relaciones interpersonales, el conflicto puede darse tanto como la comprensión mutua. e) que los usos reales de estas técnicas resultarán de un largo y complejo proceso de formación y que, si es difícil predecir su resultado, es poco probable que se establezcan según una lógica rectilínea que conduciría a reemplazar todos los usos pasivos por usos activos. ¿Qué concluir? Dos cosas : 1) es cierto que las técnicas recientes comportan posibilidades interesantes en términos de interactividad; 2) no es evidente que resulte de ello un cambio cualitativo de la sociedad. En cualquier caso esto queda por demostrarse. La sociedad de la información no será necesariamente mucho más interactiva que aquellas que la han precedido. 2.4 La informática, ¿una nueva forma de escritura? ¿Constituye la informática una invención de consecuencias tan importantes como la invención de la imprenta o incluso de la escritura, como lo pretenden ciertos autores cuyas teorías conocen un éxito de librería? Los historiadores estarán sin duda mejor ubicados, en algunos decenios, incluso en algunos siglos, para evaluar la validez de tal afirmación. Es un hecho innegable que los productos informáticos se han extendido a todos los sectores de la actividad humana. En la fábrica, en la oficina, en los hogares, los más diversos objetos incluyen ahora circuitos integrados. El uso del computador, si no es ahora universal, está ampliamente extendido y la expansión de las redes telemáticas asegura una difusión electrónica de la información en expansión continua. El computador y las telecomunicaciones no han hecho desaparecer el papel, como se ha predicho tantas veces, pero no está prohibido pensar que el volumen de los intercambios electrónicos se compare pronto en importancia al de los productos impresos. La construcción de las autopistas de la información debería reforzar aún más esta tendencia. La comparación con la imprenta parece entonces justificada. En cuanto a la comparación con la escritura, ella parece más compleja y menos evidente. Existen, ciertamente, "lenguajes informáticos" muy elaborados, que implican recurrir a una lógica formal. Pero estos "idiomas" particulares siguen siendo de la incumbencia de un pequeño número de especialistas. El uso del computador se ha expandido ampliamente, pero no el aprendizaje de la programación. Utilizar un tablero electrónico o un procesador de texto, un programa de puesta en página o de grafismo, exige un aprendizaje más o menos largo, pero que no tiene nada que ver con la programación informática. Lejos de confiar en la extensión de una nueva cultura informática, los fabricantes realizan esfuerzos considerables para producir programas que se aproximen lo más posible a los idiomas naturales. Se enseña cada vez menos a los humanos a hablar en "lenguaje de máquina" y cada vez más a las máquinas a hablar en "lenguaje humano". Todos los especialistas están de acuerdo en pensar que las autopistas de la información no se convertirán realmente en masivos hasta que los modos de uso y los instrumentos de navegación sean más "amistosos". La misma exigencia de simplicidad de uso se aplica a la generalización de los productos multimedia. Es muy difícil, en estas condiciones, hablar de la generalización de una "escritura informática" cuyo impacto sería comparable a aquel de la invención de la escritura alfabética. Queda pendiente el surgimiento de un modo eventual de pensamiento multimedial, que resultaría del uso simultáneo de escritos, sonidos e imágenes y un encaminamiento no lineal en la producción y el uso de estos productos. En el estado embrionario que se encuentran los multimedia, toda afirmación a este respecto proviene más de la profecía que del análisis. 2.5 La sociedad de la información, una noción demasiado vaga La noción de "sociedad de la información" ha sido forjada para describir el tipo de sociedad que resultaría de la expansión de las técnicas de comunicación, de la generalización de las técnicas digitales y de la importancia estratégica de la información y del saber en las economías modernas. La descripción que hemos hecho toma de inmediato acentos líricos. Esta sociedad hace soñar, sobre todo en el contexto de las dificultades actuales. Pero, lo hemos visto, es una noción poco rigurosa, que deriva de una visión determinista aumentada con un progresismo ingenuo. Es una noción demasiado vaga para ser útil. La noción de información engloba las cosas más diversas, de la actualidad a la invención científica, pasando por los productos de diversión. Hablar de sociedad de la información no me parece más aclaratorio que hablar de sociedad económica, o de sociedad política, o de sociedad sociológica. Todas las sociedades lo son. Se debe ser más específico en la caracterización de los fenómenos. Todas las sociedades son sociedades de la información. No se debe confundir "informatización de la sociedad" con "sociedad de la información". Y debemos elaborar tipologías más rigurosas, como lo han hecho los sociólogos distinguiendo entre las sociedades primitivas, las sociedades tradicionales y las sociedades industrializadas, como los economistas lo han hecho distinguiendo entre las economías de trueque, las economías de mercado, las economías planificadas, etc. Además, se debe ser capaz de articular los cambios que se producen en el mundo de las comunicaciones con las otras grandes tendencias de nuestras sociedades para poder pretender caracterizarlas : el envejecimiento de la población, la crisis del Estado Benefactor, las modificaciones de la célula familiar, los cambios demográficos, la conciencia ecológica, la mundialización de la economía, etc. En un mundo que se globaliza y se vuelve más complejo, desgraciadamente hay, en el campo de las comunicaciones, poco pensamiento global. No se encuentran más que discursos globalizantes, que proceden, como se decía en el curso de metodología que tomé cuando era estudiante, de generalizaciones indebidas y precoces. Es fácil darse cuenta que no podré responder a todas estas exigencias y presentarles aquí un modelo elaborado. Quizás habré progresado en diez años más, ¡y espero que me inviten nuevamente a esta tribuna para hacerles partícipes de ello! Me contentaré por el momento de esbozar las pistas de investigación sobre las que trabajamos en el Grisis. 3. Para un cambio de perspectivas Los profetas de la sociedad de la información afirman que a partir de ahora se debe concebir la sociedad o la economía esencialmente en términos de producción y de circulación de la información. La información se habría convertido en el factor de producción y el producto más importante de la vida económica. El modelo coloca la información y la comunicación en el corazón mismo del funcionamiento de las sociedades. Es esta nueva centralidad de la comunicación lo que constituiría la característica principal del cambio que viven las sociedades industriales avanzadas. Tal perspectiva conduce a tomar la sociedad de la información como una superación de la sociedad industrial, como el advenimiento de algo completamente diferente, que obedece otras reglas y que abre horizontes hasta ahora desconocidos. Habríamos pasado de esta manera de una sociedad tradicional rural a una sociedad industrial urbana (la cual ha conocido una primera y luego una segunda revolución industrial) y entraríamos ahora en la sociedad de la información. La energía perdería importancia frente a la información, la fabricación pasaría a segundo plano detrás de la concepción, el sector secundario detrás del sector terciario. Las economías dinámicas del futuro se fundarían esencialmente en empresas de producción y de tratamiento de la información. Las actividades de fabricación material serían de la incumbencia de las economías de segundo orden, para no decir de las economías subdesarrolladas. Es cierto que las empresas han tenido la tendencia en los últimos años a trasladar sus actividades de producción hacia países menos desarrollados en búsqueda de mano de obra más barata. Es cierto igualmente que los países occidentales han debido proceder a reestructuraciones dolorosas de varios sectores de su economía que han perdido rendimiento (siderurgia, textil, pulpa y papel, etc.). Es cierto además que el sector de la información y de la comunicación — producción de material informático o de telecomunicaciones, producción de contenidos culturales, de programas, etc. — ha conocido un deslumbrante desarrollo y ocupa una parte creciente del producto interior bruto. Pero de ahí a concluir que el porvenir reside esencialmente en el reforzamiento de este sector, hay un margen. Es olvidar que las economías más poderosas — Estados unidos, Japón, Alemania — todavía son las más grandes potencias industriales del planeta y que las nuevas economías dinámicas del Sudeste asiático deben la mayor parte de su crecimiento a las actividades industriales. Antes de pensar en un cambio tan radical de la economía y de la sociedad, ¿ no deberíamos considerar otras interpretaciones posibles de los cambios en curso ? El modelo de la sociedad de la información afirma que la nueva hegemonía de la información transforma la sociedad industrial. ¿ No deberíamos preguntarnos, a la inversa, si no es más bien la expansión de la lógica capitalista, triunfante más que nunca, que transforma el mundo de la información y de la comunicación ? El cambio mayor, ¿ no reside en la integración cada vez mayor de la información y la comunicación en el funcionamiento de la economía y de la sociedad, en el sometimiento de la información y de la comunicación a las reglas que rigen la sociedad industrial, en breve en la mercantilización de la información, la cultura y la comunicación ? Desde este punto de vista, las transformaciones en curso deberían ser aprehendidas como una nueva fase del capitalismo, como una extensión de la lógica mercante e industrial a sectores que escapaban a su control anteriormente. En vez de un "después de la sociedad industrial", el período de transición que vivimos ¿no consistiría más modestamente en el paso de un modo de organización industrial a otro modo de organización industrial, del fordismo al gatesismo. Esta propuesta es sin duda menos envolvente que el sueño de nueva sociedad que nos prometen los profetas de la sociedad de la información, pero ella no invoca menos cambios de envergadura en la organización económica, social y política. Esta perspectiva vuelve a centrar el problema. La información y las técnicas de comunicación no son abandonadas o clasificadas como factores secundarios, pero no son lo único que se debe tomar en cuenta.Esta reorientación de la problemática obliga a comprender los fenómenos de comunicación, incluido el desarrollo tecnológico, en términos de interés, poder y conflictos que resulten de su afirmación. 3.1 Una hipótesis de trabajo : Del fordismo al gatesismo Henry Ford prestó su nombre, muy involuntariamente, para identificar una norma de producción y una norma de consumo que han caracterizado una forma del capitalismo. ¡Bill Gates ha admitido explícitamente su ambición de convertirse en el Henry Ford de la informática y de las nuevas tecnologías de la comunicación! ¿Tomaremos prestado su nombre para calificar una nueva norma de producción y de consumo, característica de un nuevo desarrollo del capitalismo? Él, en todo caso, sin duda no tendría objeción alguna. El fordismo evoca un modo de producción y de organización del trabajo: la producción en serie, el trabajo en cadena, una concepción taylorista del trabajo. Pero es un modelo que implica también un modo de regulación social y una norma de consumo. La negociación colectiva, un cierto tipo de sindicalismo, el desarrollo del Estado-Benefactor han constituido los principales medios de resolución de conflictos y antagonismos, de gestión del crecimiento y las recesiones, de enmarcado de las necesidades y las reivindicaciones sociales. También han permitido el desarrollo del poder de compra y la constitución de un mercado del consumo necesario para la salida de la producción en masa. El New Deal de Franklin D. Roosevelt ha consagrado la institucionalización de este modo de organización no solamente económico, sino que también político y social. Muchos economistas ya han formulado el diagnóstico y la actualidad permite confirmarlo cada día : el fordismo está en crisis. El modo de producción, la organización del trabajo y los modos de consumo se transforman. Y el desarrollo de las técnicas y productos informacionales constituye un factor no desdeñable de esta reorganización. Pero esta simple constatación con la cual estamos satisfechos demasiado a menudo, no constituye una explicación. No es suficiente identificar un producto o una técnica. Hay que mostrar cómo se reorganiza el trabajo, cómo se instalan nuevas formas de regulación social, cómo se desarrollan nuevos usos y se constituye un nuevo mercado del consumo. En este período de transición, es difícil captar con precisión el resultado final. A lo más podemos identificar algunas tendencias y formular varias preguntas. 3.1.1 La reorganización del trabajo Este aspecto de la crisis es bien conocido. El Estado, en la lucha contra déficit y deudas acumuladas, elimina reglamentos y privatiza. La empresa, enfrentada con la competencia, racionaliza. Resultado: una tasa de desempleo elevada que no parece querer reabsorberse. La informatización y el mejoramiento de las telecomunicaciones son partes del proceso. Ellos validan ciertas economías y favorecen la racionalización. Nuestros dirigentes nos aseguran que aquellos serán una fuente de nuevos empleos. Crean, en efecto, pero no al mismo ritmo que los despedidos. ¿Diferencia normal en período de transición? Puede ser, pero no es seguro. Las revoluciones industriales anteriores, aquellas de la agricultura y de la fabricación, han encontrado siempre a continuación una posibilidad de absorción de la mano de obra liberada. Los trabajadores despedidos del primario se encontraron en el secundario, y los del secundario se encontraron en el terciario, después de períodos de transición a menudo largos y dolorosos. ¡Pero no hay nada más después! ¿Dónde van a encontrarse los trabajadores del terciario despedidos? La construcción de las nuevas redes de comunicación proveerá de empleo durante un cierto tiempo. Pero ¿qué van a hacer una vez las redes instaladas? La demanda de nuevos productos también creará oportunidades, pero ¿serán en suficiente cantidad para absorber la mano de obra disponible? ¿En qué consiste exactamente el sector cuaternario evocado por ciertos autores? Queda la repartición del tiempo de trabajo. Gran solución sobre el papel, pero que tropieza con numerosos problemas y resistencias, tanto del lado patronal como sindical. Por el momento, la racionalización se traduce más bien en una mayor precariedad del empleo, un aumento de la tasa de desempleo y un aumento de tareas para los que conservan el empleo. Es curioso de todas maneras que los profetas de la sociedad de la información no tomen en cuenta estos problemas o los traten con desprecio recordando que las revoluciones tecnológicas del pasado siempre se tradujeron en una mejora de las condiciones del empleo. Quisiéramos creerles, ¡a ellos, quienes por una vez nos dicen que nada ha cambiado bajo el sol y que todo será como antes! Por la fuerza de las cosas, el trabajo autónomo se desarrolla. Debemos, según parece, crear nuestro propio empleo. ¡Sin permanencia y sin seguridad de empleo, antiguos privilegios de la sociedad industrial! Es sin duda la versión prosaica del trabajo a domicilio, libre de los obstáculos del transporte y la vigilancia. Si tal es el futuro, representa efectivamente un cambio drástico en relación a la sociedad industrial que ha sacado a los trabajadores de su medio de vida doméstica para reagruparlos en las fábricas. Si funciona, con buenos salarios y mejora de las condiciones de trabajo, no nos queda más que regocijarnos. Pero la realidad que nos revelan las encuestas es otra por el momento. En breve, a la hora actual, la transición que conlleva la crisis del modelo fordista, creada o alimentada por el desarrollo de las técnicas de comunicación, no se traduce en un progreso perceptible por los trabajadores sino más bien en una crisis aguda caracterizada por un crecimiento del trabajo precario y una alta tasa de desempleo. ¡La sociedad del tiempo libre, pronosticada por Dumazedier , es aquella del tiempo libre forzado, para aquellos que no tienen acceso al mercado del trabajo, y del trabajo arrebatado, para aquellos que pueden continuar en él! Con el progreso de la informática, la producción puede no solamente ser automatizada. La serie puede dejar lugar a una producción a medida. La distribución puede efectuarse "justo a tiempo" y los stocks administrados mucho más racionalmente. Sin duda que la norma de producción cambia profundamente. Pero la organización del trabajo se encuentra igualmente transtornada y no sabemos mucho cómo manejar las consecuencias de ello. Desde hace un buen tiempo, el taylorismo ya no constituye la norma de referencia en materia de organización del trabajo. A juzgar por la profusión de modelos de administración propuestos en el curso de los últimos decenios — de small is beautiful a la reingeniería de los procesos de negocios pasando por la calidad total — podemos preguntarnos con razón qué va a reemplazarlo. O bien nos encontramos en un período de transición que hace su identificación difícil, o bien habrá varias versiones de la norma en el futuro. Se ha realizado varios estudios empíricos acerca de la introducción de las nuevas tecnologías de la información en el medio del trabajo . Y muchos otros serán necesarios todavía para comprender de manera satisfactoria el proceso de reorganización en curso. Pero una conclusión aparece del conjunto de estos trabajos: debemos evitar las generalizaciones prematuras. El impacto de la introducción de NTIC depende del sector de actividades, del tipo de empresas, de la estrategia de implantación, etc. En breve, estamos muy lejos de las predicciones de efectos automáticos y uniformes derivados de las virtudes de la tecnología. 3.1.2 Las formas de regulación social El Estado-Benefactor también está en crisis. En el enfrentamiento de importantes déficit de presupuesto y una deuda acumulada que alcanza proporciones inquietantes en muchos casos, los Estados también racionalizan : privatizaciones, revisión para reducir los servicios y programas, reducciones de personal. Todos los gobiernos no comparten la misma ideología, pero todos adoptan medidas que apuntan a limitar los gastos y las intervenciones del Estado y confían más en el mercado y la sociedad civil para asegurar la regulación social. La internacionalización, y la interdependencia creciente que resulta de ello, muestran los límites de los Estados-Naciones. Las políticas y las reglamentaciones deben ajustarse más y más las unas a las otras. Los gobiernos que se alejan demasiado de las tendencias generales no tardan en sufrir las consecuencias y deben realinearse tarde o temprano. La noción de sociedad de la información tiene todavía poca utilidad para comprender lo que está pasando. La mención de la aldea global, de las posibilidades de interconexión rápida entre todos los puntos del planeta y las virtudes de la democracia electrónica no proporciona mucha luz sobre los procesos reales de regulación social que están definiéndose. ¿Cómo, para mencionar únicamente este problema, la sociedad de la información asegurará la integración de los individuos, de los grupos étnicos y las diversas culturas? En una época en que los mecanismos tradicionales de integración no funcionan en la mayoría de los países del globo y donde a veces se manifiestan con violencia los conflictos de todo orden, una visión global de la sociedad no puede hacer abstracción de estos asuntos. En el paso del movimiento de privatización y de la desrreglamentación del campo de las comunicaciones, vemos dibujarse desde hace algunos años una estrategia de alianzas internacionales entre los actores más importantes: telefonía, distribución de cable, productores y editores de contenidos, operadores de satélite, fabricantes de programas, programadores generalistas o especializados, etc. Lo que tienen de ventajoso las alianzas es que permiten no dejar de lado ningún sector potencial de desarrollo y asegurarse de una cierto grado de diversificación al mismo tiempo que se comparten los riesgos. Son estos pocos grandes grupos o consorcios que van a compartir la mayor parte de los mercados nacionales desrreglamentados y abiertos a la competencia. Recelosos de la protección de sus intereses, ejercen una gran influencia sobre los organismos públicos encargados de la redefinición de las reglas del juego para hacer sacar las barreras — aquellas del servicio público, en particular — que contrarrestan su acceso al mercado y el desarrollo de sus actividades. Los vemos enfrentarse regularmente, por ejemplo, en las audiencias públicas del Consejo de la Radiodifusión y de las Telecomunicationes en Canadá (CRTC). Es al filo de estos enfrentamientos y de las decisiones que siguen que se están definiendo progresivamente las nuevas formas de regulación social en el campo de la cultura y las comunicaciones. De lo anterior se deduce la importancia de analizar de manera detallada y rigurosa la evolución de la estructura industrial pero también de las estrategias puestas en marcha por los principales actores concernidos por la introducción de las NTIC : los diversos organismos públicos tanto como los principales grupos privados. Estaríamos equivocados si postulamos que todos comparten los mismos intereses y persiguen idénticos objetivos. En realidad, en este período de transición, el horizonte está aún muy nebuloso y el juego está lejos de definirse. El servicio público retrocede y el Estado-Benefactor es puesto en tela de juicio pero no podemos precisar, por el momento, el modelo de reemplazo. 3.1.3 Usos y consumo ¡El que diga que sabe a dónde vamos en esto de las autopistas de la información está fanfarroneando! ¡Esta cita no es de un sociólogo marxista sino de un alto dirigente de una gran firma de servicios informáticos y comunicación, filial del grupo General Motors! Traduce muy bien la realidad de las cosas. Se hacen grandes proyectos, se espera mucho de la construcción de las autopistas electrónicas, pero no podemos, por el momento, predecir la reacción de los consumidores. La historia nos lo enseña, los usos de una nueva tecnología de comunicación se construyen lentamente e implican una serie de factores cuyas características técnicas constituyen sólo un elemento. Los usos resultan de un largo proceso de construcción social y a menudo reservan sorpresas a los iniciadores de la oferta tecnológica. Lo que es seguro es que el gran capital ha decidido invertir en el campo de la cultura y las comunicaciones. Los progresos tecnológicos ofrecen posibilidades considerables a este respecto. El gran proyecto de las autopistas electrónicas, estoy convencido de ello, debe ser interpretado a la luzde estos grandes intereses. La industrialización de la cultura y de las comunicaciones está en rodaje desde hace largo tiempo. A pesar de sus acentos catastróficos, hay que reconocer a la Escuela de Francfort el mérito de haber entrevisto los desarrollos subsecuentes. El gran desafío en torno a las autopistas de la información es aquel de la constitución de un mercado profesional y otro de masa que debe favorecer la reconversión de nuestras economías. Lo que estaba propuesto hasta el presente gratuitamente, es decir siguiendo una lógica de servicio público, lo será ahora de forma pagada, es decir siguiendo una lógica comercial. La información científica y técnica ha revestido siempre un cierto valor económico y estratégico. Basta con pensar en las patentes y en los secretos militares para convencerse de ello. Pero al mismo tiempo obedecía a una lógica de difusión y de repartición que la hacía accesible y la sustraía en gran parte a la lógica del mercado. El sabio que no está atado por un contrato militar o industrial aspiraba a la difusión lo más amplia posible de sus trabajos. La ambición de los promotores de las autopistas es de hacernoslas desde ahora accesibles a contra pago, y sería sólo por el enlace de telecomunicaciones. Lo mismo para las producciones literarias y artísticas. Las reproducciones y las copias serán en adelante accesibles por telecomunicaciones. La medida en la cual los creadores le sacarán partido dependerá de la legislación y de los acuerdos sobre el derecho de autor. Uno de los grandes asuntos que agitarán los conflictos y las negociaciones internacionales en los próximos decenios será sin duda el de los derechos de autor . Lo hemos visto recientemente en las discusiones comerciales entre China y los Estados Unidos. Encontramos otros indicios en la carrera a la que se libran las grandes empresas — Microsoft entre otras — para asegurarse la propiedad o el acceso a los grandes bancos de imágenes y datos del mundo. Además, si Canadá ha logrado hacer excluir la cultura de los acuerdos de libre comercio con México y Estados Unidos, no debemos olvidar que la retribución de los derechos de autor es parte integrante de ello. Lo mismo para los acuerdos del GATT. En lo que concierne a este gran asunto de la propiedad intelectual, el desarrollo de las redes de comunicación exacerba el conflicto siempre latente entre los distribuidores y los productores de contenido . El interés de estos últimos reside en la retribución lo más elevada posible de sus derechos de autor. El interés de los primeros, al contrario, implica la reducción de estos cánones al mínimo, para reducir sus tarifas y ofrecer a los consumidores una utilización máxima de sus redes al más bajo precio posible. Se opondrán, en este contexto, dos tradiciones jurídicas : la tradición francesa, que otorga más derecho al creador, y la tradición americana, que concede estos mismos derechos al productor. La misma tendencia afecta las producciones destinadas al gran público. El modelo de oferta de los productos televisuales según la lógica de servicio público está derrotada. Lo que era gratuito, es decir financiado gracias a las subvenciones gubernamentales o a la publicidad, será ofrecido cada vez más por unidad, contra pago por su consumo. Las cadenas generalistas sin duda no van a desaparecer,pero el mercado de los servicios a la carta y las transacciones comerciales a distancia está llamado sin duda a un crecimiento sostenido en el curso de los próximos años. Es al menos la apuesta que hacen las empresas que están dispuestas a invertir miles de millones de dólares en la puesta en marcha de las autopistas de la información. Si no percibimos bien cuales serán los contornos de la reorganización del trabajo y de la regulación social, estamos aún más perdidos en lo que concierne los usos de las NTIC. Comenzamos a entrever lo que significa la privatización, la desreglamentación y la racionalización. Pero todavía ignoramos completamente cual será la respuesta de los consumidores a redes que no están instaladas aún o a productos multimedia que no están aún disponibles en el mercado. Es inútil agregar que en esta materia, las previsiones de los profetas de la sociedad de la información son aún menos creíbles. El gran público no se deja engañar tan fácilmente como los expertos por las sirenas tecnológicas. La utilidad real, el tiempo y el ingreso disponibles, la facilidad de utilización, el placer experimentado, la satisfacción de las necesidades, serán más importantes en el éxito de esta o aquella tecnología que su potencial teórico. Volvamos por un rato, en este contexto, a la noción de interactividad. Las nuevas tecnologías, se nos dice, son revolucionarias en cuanto a que permiten, facilitan y promueven la interactividad. El usuario sustituye al receptor. La utilización de las NTIC lo implica activamente. Mas allá del redescubrimiento teórico de la participación efectiva de los interlocutores en toda situación de comunicación, ¿ no se debería interpretar esta recurrencia del discurso, que se presenta casi bajo la forma de una orden terminante, como una exigencia fundamental de la nueva norma de consumo que se implementa ? La interactividad ¿no necesita el desarrollo de nuevas habilidades, de nuevas capacidades de parte de los consumidores? La noción de participación efectiva del consumidor en la prestación del servicio, ¿ no podría ser útil para la conceptualización del fenómeno ? El consumidor debe no solamente escoger entre diversos servicios que se le proponen. Debe movilizar activamente un conocimiento y realizar un conjunto de operaciones para que el servicio que busca le sea otorgado. ¿ No podemos ver el reverso de la información de los procesos de producción ? Desde lo que implica, serían más que posibilidades tecnológicas o redescubrimientos teóricos. Serían condiciones para la elaboración de la nueva norma de consumo del gatesismo: la informatización, si ella implica menos intervención del prestatario humano del servicio, exigiría, a la inversa, una participación más grande del beneficiario de este mismo servicio. 3.2 El gatesismo, ¿una noción útil? ¿Por qué hablar de gatesismo en vez de sociedad de la información? ¿No estaré pecando del mismo defecto que he criticado? El gatesismo ¿no será nada más que una etiqueta suplementaria en la larga serie de proposiciones para calificar el cambio? Puede ser. Admito ceder a la tentación de golpear las imaginaciones utilizando el término gatesismo. Mi otra motivación viene del paralelismo que permite hacer con el fordismo. Y éste es más fundamental. En el fondo, poco importa el término escogido. ¡ No me interesa particularmente hacerle publicidad a Bill Gates ! Es la perspectiva sugerida lo que cuenta. Lo que ella implica : a) que los cambios que acompañan el desarrollo de las NTIC no deben ser necesariamente interpretados como preludio de una ruptura radical con la sociedad industrial, sino que al contrario ellos deben comprenderse quizás en el cuadro de la dinámica propia de las sociedades industriales capitalistas; b) que estos cambios se traducen de igual modo por el pasaje de una forma de organización a otra, de una norma de producción y de consumo a otras normas de producción y de consumo; c) que la búsqueda de nuevas formas de regulación social forma parte de este proceso de cambio; d) que informatización de la sociedad, proceso de transformación en curso, no equivale necesariamente a sociedad de la información, modelo de sociedad utópica cuya realización es más que dudosa; e) que debemos proceder a estudios minuciosos de la organización del trabajo, de las formas de regulación y de los usos sociales antes de inferir propuestas globalizantes sobre la "revolución de la información"; f) que debemos apartarnos de una visión determinista tecnológica y restaurar la importancia de los factores sociales, económicos, jurídicos, culturales y políticos si queremos estar en situación de dar una explicación global de los fenómenos en curso. Si un fenómeno tal que el gatesismo existe — poco importa como lo llamemos —, falta aún el describirlo y explicarlo. Esto me parece, en todo caso, una hipótesis por explorar, tan rica sino más que aquella de la "sociedad de la información". Conclusión Escucho algunas personas que me dicen : "Pero la perspectiva que usted propone no tiene nada de especificamente comunicacional. ¿Dónde está la teoría de la comunicación" ? La pregunta no carece de pertinencia. Sin embargo yo replicaría en el acto: "Las teorías que he discutido, aquellas de la "sociedad de la información" no tienen nada de especificamente comunicacional tampoco. O más bien, son reflexiones que pretenden globalizar acerca del futuro de nuestras sociedades a partir de un punto de vista tecnologista reductor". Las ciencias de la comunicación tienen una ambición globalizante. No tengo nada contra esta pretensión. Es un desafío que podemos enfrentar tan bien como nuestros colegas de ciencias humanas. Pero si tal es nuestra aspiración, asumamos las exigencias, las dificultades y la complejidad de la tarea. Frente a las importantes transformaciones en la organización del trabajo, en las formas de regulación social y las prácticas de consumo, y frente a los problemas concretos que ellos plantean, debemos admitir que la contribución de las teorías de la comunicación ha sido de un aporte limitado. Nos quedamos demasiado a menudo en el determinismo macluhaniano. ¡ Profetizamos demasiado, no analizamos suficientemente ! ¡ Nos entusiasmamos o nos deprimimos demasiado, no teorizamos suficientemente !No sabría decirles hacia qué mundo evolucionamos, pero estoy seguro que no tiene nada que ver con el que predicen los profetas de la sociedad de la información. Nos proporcionan un modelo globalizante pero simplista. Si los teóricos de la comunicación quieren participar en el esfuerzo de comprensión de la sociedad en conjunto y de las transformaciones que la atraviesan, deberán asumir verdaderamente la complejidad y proponer algo diferente a una visión determinista centrada únicamente en la tecnología y sus efectos. Por supuesto, los progresos realizados en el terreno de la informática y las telecomunicaciones en el curso de los últimos decenios son prodigiosos. Pero la difusión de estas técnicas, los modelos de implantación y de utilización resultan de procesos sociales, económicos y políticos complejos que no son comandados solamente por las características técnicas. La observación atenta de la definición y de la evolución de los proyectos de autopistas electrónicas lo demuestra una vez más. Enormes intereses económicos están en juego, que reclaman una redefinición de las reglas que rigen la radiodifusión y las telecomunicaciones en cada uno de los países afectados. El objetivo es crear y explotar un nuevo mercado de la cultura y de las comunicaciones, a la vez profesional y doméstico. Los obstáculos que constituyen barreras al logro de este objetivo deben ser suprimidos. Es lo que reclaman las industrias interesadas en estos nuevos mercados, como lo hicieron saber claramente cuando se reunieron en ocasión del G-7 que tuvo lugar en Bruselas en febrero último. Para medir los cambios en curso, la investigación en comunicación debe consagrarse a analizar sistemáticamente las transformaciones que se producen en las formas de producción y distribución, la organización del trabajo, los usos sociales y las formas de regulación social. Solamente al término de estos estudios minuciosos podremos teorizar sobre la importancia del cambio en curso. Quizás deberemos concluir en una ruptura radical en relación a la situación anterior. Pero también deberemos hacernos la pregunta de saber si estos logros tecnológicos recientes no constituyen también el último resultado — por el momento — de un desarrollo puesto en marcha con la invención del telégrafo eléctrico a mediados del siglo pasado , y de quién el proyecto de autopistas electrónicas no constituiría sino la más reciente formulación metafórica. |