El éxito del método científico para descubrir los secretos de la naturaleza es tan sorprendente que puede impedirnos advertir el milagro mayor de todos: que la ciencia y las matemáticas funcionan. Sin embargo, el por qué esto es así continúa siendo un asombroso misterio
.
La Mente de Dios. Paul Davis (físico)
Aviso: este artículo sólo existirá mientras esté leyéndolo y se mantenga activa la simulación en la que usted también está siendo ejecutado
. Cuando pase esta página dejará de estar escrita.
Hace unos 100 años, las ciencias físícas transformaron nuestra forma de ver la realidad. Dos grandes revoluciones conceptuales en el siglo XX, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, sentaron las bases para que, tanto la cosmología como la física de partículas nos revelaran nuevas formas de ver el espacio, el tiempo y la materia. Las hijas de esas ideas, algunas legítimas y otras no tanto, fueron multitud de nuevas teorías sobre el Universo en el que vivimos.
En este artículo le plantearemos las bases científicas de una de las argumentaciones más exóticas
del actual zoo de tesis especulativas sobre qué es nuestro cosmos.
¿Está tranquilo y tiene un rato para reflexionar? Pues adelante, abra es te archivo denominado Universo 1.0
; ejecutemos la hipótesis de la Simulación
.
Para empezar, reflexione sobre el mayor misterio de todos: nuestro Universo parece responder a leyes de carácter matemático, y éstas, son similares a las que rigen en un programa informático.
Esto que parece tan natural, no tendría por qué ser así realmente. Y es que, como aseguraba el físico Eugene Wigner en el siglo pasado, el hecho objetivo más incomprensible es la irrazonable efectividad
de las matemáticas para explicar el Universo.
Las estructuras matemáticas y las leyes físicas que gobiernan nuestra realidad se podrían cargar y ejecutar en un sistema informático. Por lo tanto: ¿podemos pensar que todo nuestro Universo es una simulación procesándose en algo similar a un ordenador?
Si yo le argumento que usted REALMENTE NO EXISTE, que su vida es la de un personaje en una simulación, ¿puede argumentarme lo contrario?
Esta pregunta, que a priori puede parecerle casi filosófica —o incluso para muchos medio paranoica—, es una de las que se abordan seriamente en esta nueva física que ha nacido a finales del siglo XX. Físicos tan respetados como Paul Davies o Max Tegmar, y filósofos como Nick Bostrom, se la plantean desde un punto de vista científico, llegando a conclusiones desconcertantes.
Partamos de este planteamiento teórico: una civilización avanzada decide crear una detallada simulación por ordenador —entendiendo por ordenador algún tipo de máquina
que procese información— de una civilización como la nuestra. Estos constructores
desarrollan simulacros de Universos
, con galaxias, estrellas, planetas, personas... escribiendo reglas naturales o leyes físicas que rigen la forma en que ese falso Universo evoluciona y se desarrolla. En sus programas incluyen constantes físicas muy ajustadas para conseguir que estos desarrollen vida; una mínima variación de cualquiera de ellas haría inviable el desarrollo de la misma, y no conseguiría un Universo que fuera interesante ejecutar.
Para ver si este argumento es posible, primero tenemos que responder a dos preguntas: ¿Podría una máquina ser capaz de simular el Universo? Y si eso fuera posible, al menos teóricamente, ¿cuáles serían más estadísticamente probables, los falsos o los reales?
Estadísticamente, hay pocas probabilidades de que usted sea real.
Según Nick Bostrom, director del Instituto para el Futuro de a Humanidad de la Universidad de Oxford, estadísticamente no hay dudas: las posibilidades de que usted sea falso son mucho mayores. El argumento parte de que lo que nos permite tener experiencias conscientes no es el hecho de que el cerebro tenga una naturaleza biológica, sino que posee un cierto diseño para el tratamiento de la información. Así pues se pueden llegar a desarrollar sistemas informáticos que emulen la conciencia. Pero, ¿qué capacidad informática
sería necesaria para emular, no sólo la conciencia, sino todo nuestro Universo?
Aunque no se conocen las posibles dimensiones de ese supuesto ordenador
, podría tener cualquier tamaño, dependiendo de las capacidades tecnológicas alcanzadas —recordemos que los primeros sistemas de computación ocupaban habitaciones inmensas para una capacidad de cálculo muy inferior a la que ahora tiene su minúsculo MP3—. La única frontera que parece que existe según la física, sería la marcada por el volumen mínimo de espacio en el que una determinada cantidad de información puede estar contenida, pero esta cantidad es enorme. El profesor Aaronson —experto en informática del MIT—, ha calculado que un ordenador cuántico con cerca de 10122 bits cuánticos —o Q-bits—, sería suficiente para simular nuestro Universo observable. Y aunque los ordenadores cuánticos más avanzados a día de hoy trabajan con unos pocos Q bits, no tienen, en principio, más límite que el marcado por el desarrollo tecnológico actual.
Además, si recrear píxel a píxel nuestro Universo les resultara muy costoso técnicamente hablando, nuestros creadores podrían hacer algunas trampas para simplificar la simulación. La primera sería rellenar
algunas partes del Universo sólo cuando sean necesarias. Por ejemplo, como decía la vieja reflexión filosófica, los árboles solo caerían haciendo ruido en el bosque si alguien está escuchando, o la impresión de las palabras de este artículo, se produciría justo antes de que el lector abra la página, desapareciendo en cuanto pase a la siguiente. Y si quisieran simplificar aún más la simulación, no harían a todos lo seres conscientes; podrían crear seres de relleno
, personajes no-autoconscientes que podríamos denominar sombras
o zombies decorativos
, que claramente simplificarían la necesidad de procesamiento, ya que no habría que realizar un mundo para ellos; sólo existirían cuando tuvieran relación con los seres realmente conscientes de la simulación —a partir de ahora puede mirar con otros ojos el vagón abarrotado del metro un lunes por la mañana y plantarse cuántos seres decorativos
le rodean—.
Respecto al límite de la velocidad de ejecución en el programa de la simulación, Texmark —físico del MIT—, argumenta que es incorrecto equiparar el paso del tiempo de nuestro Universo con la escala temporal del procesamiento de la máquina que lo ejecutara, ya que el paso del tiempo experimentado por un habitante del Universo simulado no tiene que estar vinculado a la velocidad en que el ordenador está haciendo los cálculos, y aunque usted esté siendo ejecutado
al doble o la mitad de la velocidad sentirá exactamente lo mismo, ya que no tendría ningún elemento de referencia exterior con el que comparar la velocidad de su existencia
.
Hasta aquí podríamos aceptar el argumento, pero, ¿puede una máquina simular nuestra conciencia? Aunque para el físico y matemático Roger Penrose el proceso del pensamiento es cuántico y no es reproducible por una máquina, para Texmark y Aaronson el argumento no se sostiene. Pues, aunque el cerebro sea una especie de ordenador cuántico, todavía se rige por leyes matemáticas reproducibles informáticamente. Por ello, no existen razones para creer que un ordenador cuántico no podría crear una conciencia que sintiera como otra real
.
Y si nos planteamos nuestro Universo como un programa informático, si estamos viviendo en un programa, ¿dónde estan los errores de la programación?
Dado que algunas cosas en el Universo, no son perfectas, podría ser que algunos errores
de programación —o bugs— pudieran estar apareciendo delante de nuestros ojos. Y si observamos detenidamente, de hecho tenemos un candidato para ser un supuesto error del programa: algunos astrónomos creen haber detectado un cambio mínimo y lento en algunas de las constantes físicas fundamentales —el caso más destacado es el de la constante de la estructura fina—.
La pequeña variación observada —aún no deforma definitiva—, se produce en los límites observables de nuestro Universo visible —para nosotros es la periferia del Universo— y podría ser producto, siguiendo con nuestro argumento, de un efecto similar a lo que sucede cuando en una película de animación, los fondos, que están en un segundo plano, se trabajan con menos detalle, ya que no son el centro de la acción y no necesitan ser perfectos. Aunque por supuesto, para evitar los fallos, nuestros simuladores siempre podrían colocar parches
en la simulación y así corregir desviaciones... Si ya ha pensado a estas alturas que la energía y la materia oscura podrían ser parches
para hacer viable gravitatoriamente nuestra simulación, seguramente está empezando a apreciar nuestro Universo a través de la pastilla roja. Tenga mucho cuidado...
Una vez establecidas las posibilidades técnicas de realizar una simulación del Universo, pasaremos a la argumentación teórico-filosófica de Bostrom, que está basada en tres proposiciones sencillas que solo necesitan como premisa que existan otras civilizaciones en el Universo:
Pensemos que cada una de estas tres proposiciones podrían parecer a priori falsas, e incluso así, el argumento de la simulación sería correcto si por lo menos una de ellas es verdadera. Para ver por qué, sigamos el proceso lógico de Bostrom.
Aunque la hipótesis completa de la simulación utiliza algo de teoría de la probabilidad y formalismos matemáticos, en su esencia puede ser entendida perfectamente de forma intuitiva.
Si la proposición 1 es falsa, alguna civilización habrá superado nuestro nivel de desarrollo y tecnológicamente estará en condiciones de realizar simulaciones del Universo.
Si la que es falsa es la 2, alguna civilización creará múltiples simulaciones y por cada ser real, existirán millones de seres simulados —y sólo una pequeña cantidad de seres reales—, con lo cual la probabilidad de que usted sea un personajes simulado se hace enorme.
Y respecto a la tercera afirmación, si no se aceptan las dos anteriores se debe aceptar ésta tercera por coherencia y lógica. Está claro que, en realidad, no contamos con mucha información específica que nos diga cuál de las tres proposiciones es cierta. En estas circunstancias, lo razonable es distribuir nuestro crédito más o menos uniformemente entre las tres proposiciones, dando a cada una de ellas una probabilidad de ser ciertas.
A pesar de todo, la prueba más incontestable sería que nosotros comenzamos a correr simulaciones —lo que en principio no es algo muy lejano, tal y como podemos leer aquí— ya que haría derrumbarse la afirmación 1 y 2 y respaldaría claramente la tercera de ellas.
En principio, si aceptamos que estamos en una simulación, podríamos pensar que no hay nada más que decir o hacer, ya que nada está en nuestras manos, pero tal razonamiento sería un error. Aún si estamos en una simulación, la mejor manera de predecir lo que va a suceder después en ella, sigue siendo a través de métodos habituales, como el análisis científico o el sentido común. Aunque, lo que si es cierto, es que asumir la hipótesis de la simulación, debería producir cambios en la forma de comportarnos, ya que si deducimos qué quieren hacer con nosotros los simuladores, podríamos predecir el futuro de nuestra simulación.
Supongamos que el creador de la simulación fuera un ser religioso, con criterios morales tal y como los conocemos, que creyera, por ejemplo, en el valor universal del premio o el castigo de acuerdo a las acciones. Esto nos abriría las puertas a cielos o infiernos simulados para los personajes de la recreación del Universo en la que vivimos, e incluso, nos abriría las puertas de la reencarnación —si nuestra vida tiene algún valor especial para el simulador podría darnos una segunda oportunidad y volver a cargarnos
en el sistema—.
Sin embargo, por otro lado, si sólo fuimos creados para la diversión de algunos seres superiores
, éstos podrían apagar el programa si nuestra vida les aburre, así que, quizá debamos comportarnos de forma interesante para vivir un poco más. ¿Qué mejor argumento para disfrutar cada día de nuestra vida virtual? Sobre todo si pensamos en la posibilidad de que nuestro programa se cuelgue
y sea reiniciado en una nueva actualización del Big Bang en el Universo 2.0
.
Para terminar, querido y posiblemente simulado lector, podríamos preguntarnos si es posible que lleguemos a saber con certeza que somos una simulación. Parece claro que si los simuladores no quieren que lo descubramos —quizá con el fín de no pertubar el desarrollo del programa—, probablemente jamás lo confirmemos.
Pero no perdamos la esperanza; quizás algún día abran una ventana
en una esquina del Universo y nos lo aclaren.
Mientras, seguiremos teorizando con el hecho de si somos reales, una reflexión que, de una forma u otra, reaparece cíclicamente en el pensamiento humano, reescribiéndose con el lenguaje propio de la época en que se formula.
Y es que, aunque seamos seres simulados, ¿realmente importa? Quizá seamos unos y ceros ejecutados en un ordenador, pero éste es nuestro Universo y no hay otras alternativas.
¿O sí las hay?
Constante de la estructura fina
Por poner un ejemplo de esas constantes, tan finamente ajustadas
, podemos hablar de la constante de estructura fina. Es la constante física fundamental que caracteriza la fuerza de la interaccion electromagnética, una de las fuerzas fundamentales.
Su valor es de 1/137, y es la cifra que gobierna nuestro Universo. Para los creyentes, podría decirse que es uno de los verdaderos nombres de Dios. Es la favorita de los físicos, que suelen colocarla como clave en sus ordenadores, ya que 137, en esta ciencia, es reverenciado como el gran numero
.
Si su valor cambiare mínimamente algo más de lo que se observa en el universo lejano, reduciéndose o aumentándose, el Universo entero se vería afectado. convirtiéndose en un lugar imposible para la vida.
La primera prueba de la proposición 3
Investigadores del Rensselaer Polytechnic Institute, de los EEUU, están enseñando a pensar a un personaje simulado de Second Life. El avatar Edd Hifeng tiene la inteligencia de un niño de cuatro años de edad y es capaz, ya, de sacar algunas conclusiones.
La Inteligencia Artificial ha llegado al Metaverso de la mano de Edd Hifeng. Recuerden este nombre porque puede hacer historia, ya que nuestro amigo Edd tiene capacidades intelectuales que dependen exclusivamente de un ordenador. El experimento es importante porque posibilitá la prueba de la autonomía de la Inteligencia Artificial en un entorno virtual, que es más controlado y barato que un entorno real. Además, esta primera creación virtual permite el desarrollo de personajes sintéticos, autónomos e inteligentes, que en el futuro tendrán sus recuerdos, opiniones o, incluso, la capacidad de manipular y engañar a los humanos con los que interactúen.
La pastilla roja es la pastilla que debe tomar el protagonista de la película Matrix para renunciar a su vida actua y conocer la realidad de su mundo, una gran simulación virtual a la que se encuentra conectado mediante un cable enchufado en su cerebro, igual que prácticamente toda la Humanidad. La pastilla azul le suponía quedarse en donde estaba. Haz clic en este enlace para ver el argumento de la película.