
| KAMIKAZES ( para verlo en flash aquí ) |
El ataque kamikaze podía ser efectuado por cualquier piloto, por lo que no existía un método especial de adiestramiento. Normalmente se sometía al piloto a un curso intensivo que se dividía en breves y diversas fases. En primer lugar el adiestramiento tenia una duración de unos 7 días, dedicándose las dos primeras jornadas al ejercicio del despegue, los dos días siguientes se dedicaban al vuelo en formación y los últimos tres días se dedicaban al estudio teórico y ejercicios prácticos de aproximación al objetivo y ataque.
Para los cazas ligeros como el “Zero” y para los bombarderos tipo Suise se adoptaron métodos de aproximación a baja y alta cota.
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La aproximación debía realizarse a la máxima o mínima altura posible. La altura preferida estaba entre los 5.500 y 6.600 mts, ya que cuanto mayor es la altura, más difícil es la interceptación por parte del enemigo y además, haba que tener en cuenta la maniobrabilidad de un avión cargado con una bomba de 250 Kg. Cuando volaban a la mínima altura, lo hacían lo más cerca posible de la superficie del mar, para evitar ser localizado por los radares enemigos. En la aproximación a gran altura era necesario que el ángulo de picado no resultase excesivo, pues entonces el aparato sería más difícil de manejar y además, bajo la creciente acción de la fuerza de gravedad, el piloto perdería fácilmente su control. |
En el caso de aproximación a baja altura, apenas se avistaba un navío enemigo, el avión se remontaba bruscamente a 3.500 – 4.500 metros, para luego arrojarse en picado sobre el objetivo previsto. El impacto debía producirse en la cubierta del navío que se elegía como blanco.
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De no haber sido por la falta del número necesario de aparatos, lo ideal hubiera sido enviar contra cada gran portaaviones cuatro aviones kamikaze: dos contra el elevador principal y los otros dos contra los de popa y proa respectivamente. Así, en teoría, dos o tres atacantes se consideraban el número ideal para un portaaviones de escolta.
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Durante la lucha por las Filipinas, se calculó que los japoneses perdieron 9.000 aviones, De éstos, 650 fueron empleados en ataques suicidas, que hundieron 16 buques americanos y dañaron otros 150 alcanzándoles de lleno o superficialmente. En Iwo Jima, 25 aviones suicidas (21 de la Marina y 4 del Ejército) hundieron un portaaviones de combate y dos unidades menores. |
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De
las 1.900 misiones suicidas llevadas a cabo por los japoneses durante la batalla
de Okinawa, sólo un 14% resultaron eficaces. Las unidades que más sufrieron
los efectos de estos ataques fueron los pequeños buques vigía, estacionados a
unos 80 km. al norte de Okinawa para interceptar, mediante el radar, a los
aviones enemigos que se aproximaban. Incluso a costa de pérdidas gravísimas,
los destructores y las cañoneras destinadas en esta misión permanecieron
valerosamente en su puesto. A mediados de abril, hubo un momento en que algunos
oficiales americanos llegaron a temer que los kamikaze quizás consiguieran
impedir la invasión.
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Al final de la guerra, Japón disponía aún de 10.700 aviones en condiciones de volar y aproximadamente la mitad estaban dispuestos para ser empleados en misiones suicidas. Puesto que los grandes aeródromos habían quedado inservibles, se pensó hacer despegar a los aparatos suicidas de pequeñas pistas herbosas para lanzarlos contra los buques de la escuadra de invasión a lo largo de Kyushu. Y si hubieran sido tan eficaces como lo fueron en Okinawa, habrían alcanzado a unos 900 buques aliados, hundiendo quizás unos 90. |
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La
filosofía kamikaze surgió en un período muy antiguo de la historia del Japón.
La filosofía fundamental del Japón es la del sacrificio individual por el bien
de la patria.
El almirante Onishi se dio cuenta simplemente del sentimiento que animaba a los
pilotos japoneses, particularmente a los más jóvenes, sentimiento nacido de
manera total y absolutamente espontánea. En la práctica, fue el almirante quién
constituyó las unidades kamikaze, pero mucho antes de que él tomase esta
iniciativa, los pilotos de combate ya habían discutido la idea de efectuar
ataques kamikaze durante la batalla de Saipán; sin embargo, el Estado Mayor de
la Marina no aprobó entonces la idea.
La idea del ataque kamikaze nació y se desarrolló de manera espontánea en el
ánimo combativo de los pilotos más jóvenes.