Mis
Creencias Religiosas
Me crié en un hogar muy religioso. Mi abuela, nuestra figura dominante
matriarcal, era Adventista del Séptimo Día. Su iglesia
está situada a dos cuadras de nuestro apartamento. Ella exigía
que fueramos al templo adventista los lunes por la noche, los miércoles
por la tarde y los sábados, casi el día completo. Los cultos del sábado
empezaban por la mañana hasta el medio día y luego nos
reuníamos al atardecer para despedir el sol, cuando se podía
resumir con las actividades normales. Mi madre tenía que contribuir un
diezmo mensual y resentía que la penitencia de Dios tenía que
comprarse de acuerdo a la iglesia. No se podía ser vanidoso. Este pecado
incluía el maquillaje para las mujeres, las prendas, y cualquier otro
arreglo estético como
teñirse el pelo.
El resto de nuestro familia era
católica. Los católicos no eran tan fanáticos como los adventistas y
para mí, que era una adolescente, era una religión más
libre y llamativa. Sin embargo, como
había crecido en un medio adventista, a los doce años
había empezado a estudiar para bautizarme cuando completara mi
aprendizaje. Poco a poco, mientras iba aprendiendo sobre las doctrinas de la
iglesia y como los 'hermanos' interpretaban La Biblia, empecé a rechazar
estas creencias. Preguntaba demasiados por qués, lo cuestionaba todo y
nadie en toda la iglesia ni el pastor, quién se suponía lo
sabía todo, me podía responder mis preguntas sin decir "por
que es el mandamiento (o la palabra) de Dios". Para
mí, esta contestación nunca fue suficiente y me encontré
disgustada por el analfabetismo de la mayoría de los 'hermanos'. Ellos
repetían lo que se les leía pero no podían buscar sus
propias respuestas y pensaban que todos debíamos conformarnos incuestionablemente
con la palabra del
pastor.
Por mucho tiempo,
permanecí completamente confusa con respecto a mis valores morales. No
sabía que creer ni a quién preguntarle. Leí muchos libros
sobre diferentes religiones y sus creencias. Estaba tratando de buscar una
religión que me encajara, pero por donde quiera que buscaba me
encontraba con lo mismo "...porque es así". Me acuerdo que una
vez una joven se me acercó en el 'subway'. Me contó que ella
pertenecía a una iglesia de jóvenes que estudiaban La Biblia y
llegaban a diferentes conclusiones juntos. En ese momento pensé que su
oferta me convendría y me ofreció venir a mi casa para la primera
sesión. Cuando comencé con mis preguntas, ella fue perdiendo la
paciencia hasta que me gritó que yo le había hecho perder su
tiempo sin tener intención de convertirme. Otra vez, quedé
completamente desilusionada con las promesas de otro religioso que me
había ofrecido educarme sobre los secretos de La Biblia.
Hoy, mis creencias son una
colección de todos los libros que leí cuando joven, de todas las
lecciones de esos pobres ignorantes que sí tenían sentido, de
todas la doctrinas de cada grupo que podía explicarse pacientemente.
Muchos dirían que mis valores son eclécticas y bastante
controversiales. Basicamente, no creo que existe un ser superior sino que somos
producto de la evolución del
planeta y la selección de células lograron dominar y que
últimamente sobrevivieron los numerosos cambios climáticos. No
hay ningún verdadero misterio sobrenatural en nuestra existencia sino un
resultado biológico que bajo ciertas condiciones se repetiría
algo semejante. Sin embargo, el hombre, como
animal social, inteligente, y curioso de su medio ambiente, necesita un ser
divino en que creer. Es parte de su desarrollo psicológico. Tenemos
evidencia de nuestros antecedentes que vivieron en la prehistoria y junto a sus
cuerpos se encuentran flores y otros objetos
que indican un comienzo religioso. Ellos intentaban explicar un mundo que
ofrecía pocas explicaciones y comodidades. La religión les
ofrecía un tipo de consuelo y esperanza en algo divino e intocable,
completamente indestructible. Todas las cualidades opuestas a lo que realmente
eramos como
seres humanos.
Para
mí, una persona no tiene que estar arrodillado en una iglesia ni
confesándole sus pecados a un clérigo para absolver sus pecados.
Todos, como
seres humanos, somos pecadores, no somos inmunes a las tentaciones que nos
rodean. Lo único que podemos hacer es vivir nuestras vidas siguiendo las
reglas de comportamiento de nuestra sociedad. En la mayoría de las
civilizaciones, todos los reglamentos son iguales: se prohibe matar a otros sin
causa, se prohibe robar, se prohibe tener envidia, se suele proteger a las
mujeres y a los niños, los miembros más vulnerables de la
sociedad, entre otros mandamientos que dirigen el orden dentro de la comunidad.
Debemos respetar las creencias de nuestro prójimo y no matar o maltratar
a nuestros semejantes en nombre de doctrinas religiosas. Si observamos la regla
de tratar al prójimo comos nos gustaría ser tratados, todo se simplificaría
bastante. Sin embargo, esto es difícil en un mundo que premia la
competición y el egoísmo.
Para
mí, todas las religiones tienen la razón. La mayoría
tienen la misma meta, llegar a garantizar un lugar en el más allá
y acercarse a la divinidad a través de sus actos aquí en la
tierra. Sí, es verdad que no todos los dioses son completamente iguales
y no todos tienen exactamente los mismo deseos ni las mismas exigencias, pero
todas las reglas tienen más o menos el mismo propósito - todas
las religiones tienen una historia de la creación del hombre más
o menos igual y una historia de las recompensas de llegar a la cercanía
de los divino. Ésto nos indica que todos queremos realizar los mismos
sueños y que tenemos más en común a pesar de ser de
diferentes paises y culturas de lo que es aparente. Debieramos pensar en eso,
en vez de siempre concentrarnos en lo que no nos parece similar y buscar
excusas para discriminarnos entre nosotros mismos. Tenemos que aprender que no
importa quién realmente tiene la razón sino que cada uno tiene
valores morales y que los observa. Nunca pensamos en todos aquellos seres
humanos que no tienen ningún tipo de remordimiento de la consciencia.
Hay muchas personas en nuestra sociedad que matarían por obtener un
collar de oro o una chaqueta de piel. Estas son las personas que se deben
castigar por sus doctrinas y no aquellos inocentes que solo buscan la libertad
religiosa.