| EL NINO QUE VIVIA EN LAS ESTRELLAS (parte IV y V) | ||||||||
| CUATRO Cuando llegu� a casa, mi embarazad�sima esposa sali� a recibirme con su habitual sonrisa. La abrac�, le di un beso, puse mi mano en su vientre y le hice la pregunta de rigor. -�Qu� tal hoy? -Pele�n � responi� ella-. No ha parado de moverse. Nunca llevaba los problemas del trabajo a casa, los dejaba aparcados en la consulta. A veces era muy dif�cil, por no decir imposible. Hab�a algunos casos que se apoderaban de m� y me invad�an. Casos como aqu�l. Lo sab�a. Desde el mismo momeno de ver al ni�o y escucharle, de observar sus reacciones...!DIOS �Grand Dios! Algo en mi interior ya no funcionaba de la misma forma. Sent�a sus ojos en mi cerebro. Ni siquiera pensaba que fuese un caso apasionante o importante o cualquier tonter�a parecida. Para m� se trataba de un ni�o, solo, perdido, indefenso. Tambi�n pensaba en sus padre, en lo que deber�an de estar pasando mientras lo buscaban, aunque la polic�a nos hab�a dicho que, hasta el momento, no hab�a ninguna denuncia al respecto. Quince minutos despues de llegar a casa, mi mujer me hizo una pregunta. -�Qu� te pasa? Y se lo cont�. No s� la raz�n, pero el caso es que se lo cont�. Ibamos a ser padres y, a lo mejor, el punto de vista de Lidia arrojaba una nueva luz sobre las tinieblas del caso, por que en momentos as� no me sent�a precisamente psiquiatra sino, mas bien, un ciego perdido en un mundo de sombras, buscando una luz -�Andr�meda?- repiti� mi mujer al citarle la palabra -Lo �nico que s� es que se trata de una galaxia o algo as�, situada a no s� cuantos a�os luz, y la verdad, es que ni siquiera podr�a jurar de que exista de verdad, aunque he o�do el nombre en muchas pel�culas de ficci�n. -�Crees que jugaba? -No. -�Entonces ese ni�o no ser�...?- vacil� Lidia -�Un extraterrestre?- me atrev�a sonre�r, aunque sin ganas. -Su forma de hablar, las cosas que ha dicho...suenan a nave gal�ctica y espacio y todo eso. -�Desde cuando crees en los extraterrestres? � pregunt�. -Yo ni creo ni dejo de creer, pero sabes que estoy abierta a todo. -Vamos, Lidia. Esto es serio -No me lo estoy dando a broma; al contrario. Si ese ni�o tiene perturbadas sus facultades mentales tendr�s que averiguar por qu� cree provenir del espacio, pero si no las tiene... habr� que preguntarse por qu� cree que viene de ah�. �Qu� mas hab�is hecho con �l? -Despu�s de hablar con �l, lo hemos llevado al oftalm�logo � continu� mi relato- Me preocupaba lo de sus ojos. -�Y que? -Seg�n el m�dico, ese ni�o no est� habituado a la luz del sol. Sus ojos parecen haber estado sometidos a una fatiga feroz, pero no natural, de la misma forma que est� desnutrido: carece de un sinf�n de cosas necesarias para su crecimiento y tiene desde raquitismo hasta falta de movilidad en brazos y piernas. El oftalm�logo del hospital ha dicho que no hab�a visto nada igual en su vida, y mucho menos en un ni�o tan peque�o. Lidia se estremeci�. -Pero... de alguna forma habr� salido y tendr� unos padres, alguien que le cuide, no s�... -En el departamento de oftalmolog�a, y tambi�n en otros a los que le ha llevado Nandra, su comportamiento ha sido a�n mas extra�o que en mi despacho � dije en forma reflexiva-. Al ver los aparatos de Rayos X, de inspecci�n ocular, ya sabes, ha vuelto a �dispararle�, como si les temiera, y luego, al ver que no pasaba nada, ha insistido en mirarlos por detr�s, dar la vuelta a todo, tocarlos. Es como si todo fuera nuevo para �l, todas las sensaciones, como nunca hubiera visto nada parecido antes. Un ind�gena de la Amazon�a, llevado a una ciudad moderna, no habr�a actuado de una manera distinta. -Pero eso que dices es imposible- manifest� Lidia. -Ese ni�o... tocaba las cosas y lo hac�a como si le sorprendiera que tuviesen vol�men �Me explico? A veces me da la sensaci�n de que su extra�eza proviniera de eso, de comprobar que se hallaba en un espacio de tres dimensiones. -�Qu� estas diciendo?- exclam� mi mujer-. Nadie puede vivir o creer que vive en un mundo bidimensional. -�No hab�as dicho que est�s abierta a todo, mujer fantasiosa?- Le sonre� con cansancio. Me dol�a la cabeza y me sent�a sin fuerzas para seguir d�ndole vueltas la caso del ni�o perdido. Continu� hablando con Lidia apenas un par de minutos mas y luego le ped� me dejara solo. Sin embargo, la sensaci�n de que aqu�l ni�o no era normal, ni siquiera real, me asaltaba de forma invariable a cada minuto. Teniendo en cuenta que , como m�dico y como psiquiatra, soy ante todo l�gico y baso cuantos diagn�sticos llevo a cabo en pruebas y en resultados fiables, pensar, aunque fuese remotamente, en la posibilidad de que �l me hubiese dicho la verdad, me asombraba. �Y qui�n, sino un ni�o o un loco, dir�a la verdad cuando se le pregunta qui�n es o de d�nde viene? Iba a tener trabajo, mucho trabajo. Sab�a que aquel caso me absorber�a hasta el punto de... no dejarme vivir ni dormir ni sentirme en paz conmigo mismo hasta que no llegara al fondo. Nunca en la vida me hab�a encontrado con un ser m�s inocente, indefenso, vulnerable y, al mismo tiempo, tierno como aqu�l ni�o. CINCO Le hab�a dicho a Nandra que no se quedara de manera que, despues de traerlo al despacho e instalarlo en la butaca, se retir�. Yo me sent� en la otra butaca frente a la suya. La estancia estaba en penumbra y mi peque�o paciente daba la impresi�n de estar mas tranquilo que el d�a anterior. Seg�n el informe, hab�a pasado la noche durmiendo como cualquier otro ni�o, aunque no probaba la comida. No era f�cil calcular las reservas o las fuerzas que ten�a, o qu� clase de energ�a le permit�a mantenerse en pie. -�Te acuerdas de mi? -s�- y abri� la boca en clara referencia a mis caramelos. Me levant�, abr� el caj�n de mi mesa y volv�a con media docena de caramelos. Por lo menos inger�a ese alimento. Los deposit� en sus manos abiertas y se qued� mir�ndolos, sin saber que hacer por espacio de un par de segundos. Luego se llev� todos a la boca, si quitarles el papel. -�EH, Espera! No quer�a abrir la boca. Pr�cticamente me vi obligado a forzarle, hasta conseguir que escupiera los caramelos. Durante ese conato de breve pelea, su �nica forma de resistirse, de luchar, fue la habitual: �dispararme�, en silencio, sin hacer nada salvo aqu�l gesto ya conocido, consiste en apretar el gatillo de su arma imaginaria. Con los caramelos recuperados en mi mano y �l un poco mas tenso, le ense�� lo que deb�a hacer. Desenvolv� uno y se lo puse en la boca. Desenvolv� el segundo he hice lo mismo. Luego le entregu� el tercero y le ped� que lo hiciera con �l. Me mir� sin entender, por lo cual cog� un caramelo y, muy despacio, le quit� el envoltorio, procurando que se fijara en lo que hac�a. Acab� por imitarme y, cuando vio que �l era capaz de hacerlo tambi�n, en su mirada hubo un destello de curiosidad y �xito, un atisbo de felicidad y sorpresa. Como si algo de su interior fuese muy remoto, acabase de despertar. Por fin reemprend� la sesi�n, aunque con aquel extra�o paciente cada detalle, cada peque�a cosa que suced�a era tan revelador como la mejor de sus posibles respuestas. Era una fuente de sorpresas. O bien todo era nuevo para �l o... �O qu�? -�Estas bien? � Le pregunt�. Movi� la cabeza horizontalmente. -�Por qu� no estas bien? No hubo respuesta, pero pase� una mirada por mi despacho, como si fuese evidente que aquello le era extra�o y que, por tanto no pod�a sentirse muy bien �C�mo es tu casa? Me mir�, con sus ojos desnudos, absolutamente inocentes -�Entonces c�mo crees que podr�as regresar a tu casa? Esta vez cerr� los p�rpados, coloc� ambas manos en torno a un imaginario volante y dio la sensaci�n de estar piloteando algo. Algo parecido, realmente, a una nave espacial, por que su cuerpo sigui� el imaginario impulso del despegue. �D�nde has nacido? Silencio -�Qui�n es tu madre? Silencio -�Qui�n es tu padre? Se mordi� el labio inferior y buscaba algo en su cerebro. Le cost� dar ocn ello. Lo not� por que se agit� en la butaca, movi� la cabeza, uni� sus manos y por �ltimo, tuvo un visible estremecimiento -Vito- dijo. No hab�a reaccionado a la pregunta acerca de quien era su madre, pero s� a la referida a su padre. -�Tu padre se llama Vito? -S� -�Qui�n es tu padre? -Todo -�Qu� quieres decir con eso? -Todo �Te quiere, te da cari�o, comida...? -Me da el poder -�Qu� clase de poder? Hab�a preguntas que resultaban dif�ciles, y otras que respond�a con facilidad. Justamente esta fue una de las que le result� mas sencilla, por que su respuesta fue tan natural como simple. -El poder universal. Trat� de ponerme a su altura, de seguir el hilo de aqu�lla inconcreci�n -�Tu padre es el amo del universo? -No �Qui�n es el amo del universo? -Yo -�C�mo sabes que lo eres? -Venzo -�Qu� es lo que vences?�A quien vences? -A los Krulls -�Qu� es eso? -Krulls -�D�nde hay Krulls? Se�al� el techo como el d�a anterior -�Y aqu�?�Hay Krulls aqu�? Sus ojos titilaron, traicionados por un destello de miedo asociado con otro de decisi�n. Pase� una r�pida mirada por mi despacho, con las manos aferrando sus manos imaginarias. Se relaj� al no ver nada ni nadie y volvi� a centrar en m� sus ojos, que mostraban abatimiento y un nuevo desconcierto. Y, por primera vez, me hizo �l una pregunta a m� -�D�nde estoy? -En un hospital -�Qu� es un hospital? -Un lugar donde se curan las personas -�Personas? -Como nosotros � Se�al� a los dos El ni�o se mir� a s� mismo. Eso me hizo pensar en algo, as� que me levant�, fui a la puerta, la abr�, asom� la cabeza y le ped� un espejo a Nandra. Abri� su bolso y me entreg� el suyo, no muy grande. Cuando regres� lo puse delante de la cara del ni�o. Abri� mucho sus ojos; primero reflejaban sorpresa, luego incomprensi�n. Y acabaron inundados de pensar. -�Es otra vida? -�Quieres decir que si est�s muero?-vacil�-. Desde luego que no. �Acaso no es este tu aspecto habitual? Si te tocas veras que estas vivo. Silencio -�No te reconoces a ti mismo? Silencio -�Sabes por que estas aqu�? -No -�de verdad no lo sabes? -No -Te encontraron perdido, vagando por la ciudad solo Esta vez se me qued� mirando como si todo aquello fuera entrando muy despacio en la mente. Frunci� el ce�o y lo mantuvo as� un instante, hasta que, de pronto, cambi� el tono y formul� otra extra�a pregunta -�D�nde esta el poder?- Se llev� las manos a la cabeza y me dio la sensaci�n de que iba a llorar. Me sent� muy mal, impotente, incapaz de atravesar aqu�lla barrera. Es mas, empezaba a pensar que todo lo que sab�a no me serv�a de nada en aqu�l caso, por que ni siquiera estaba preguntando con l�gica, sino a impulsos, sin seguir un patr�n determinado. �De que poder hablaba?�Por qu� se palpaba la cabeza como si le faltase algo? Todo era preguntas, y ninguna respuesta. -�C�mo te llamas? Repiti� lo mismo que el d�a anterior: -T�, mierda, calla, Juan, come, quieto, cochino, a dormir... |
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