Como a las 12:35 de la noche, cerca del hotel Duarte en el centro...
-Ansina fue mijo, nomas se oyeron los tres cuetazos y el sombrerudo sali� que parec�a que lo persegu�a el diablo, llevaba la mano asi.
-�Y la muchacha?
-Pos esa si quien sabe f�jate, por que cuando o�mos los tres cuetazos todos salimos a ver y con el gent�o ni pudimos ver nada, cuando la x�chil se subi� parriba pal segundo piso, no hab�a nadien
-mmmm
-Pero... Aver... metete tantito pa' ac� pa dentro, dejame verte bien la cara, esta viejita ya no ve bien en lo oscuro.
-No se�ora, nada mas ven�a a preguntarle eso, no le voy a molestar.
-A chinga! si nomas quiero ver a quien le estoy contando, �ndale ag�chate tantito pa verte bien los ojos...
(el muchacho se agach�)
Anda jijo de la tiznada si eres el hijo del Mat�as!! ya dec�a yo que no ten�a que andar divulgando las cosas, bien me dijo la.... la bruja esa, que ibas a venirte pa aca. Andale! v�yase antes de que le encasquetes a esta casa tu mala vibrencia.
            
                  Tras el azote de la puerta el muchacho se dio la vuelta y se fue caminando por la calle reci�n pavimentada de nuevos pensamientos y nuevas dudas. No hubo tiempo de preguntar sobre la muchacha, ni sobre Mat�as. �Quien ser�a ese se�or?

                   El muchacho lleg� a su habitaci�n con la imaginaci�n a todo lo que da. Tratando de reconstruir los hechos en su cabeza mientras tocaba su vieja y oxidad arm�nica, era el �nico testimonio palpable de sus progenitores. Eso y un pedazo de una piedra astillada de color verde intenso que guardaba celosamente como si fuera un dije. Ahora sab�a que su pap� se llamaba Mat�as, o al menos alguien muy parecido a �l ten�a un padre con ese nombre, ya era ganancia...

                   Se recost� sobre la cama vieja del cuarto 6 del hotel Duarte, puso sus manos sobre la cabeza e intent� dormir, aunque el salitre de las paredes y el desfile de alima�as nocturnas no lo dejaban.... En realidad, era el olor a pasado que se respiraba en las s�banas....
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-�Si!. �C�mo no me voy a acordar de �l?� Moreno y bigotudo erda? Si, si eramos compas cuando estabamos chavalos. �Hasta nos rob�bamos muchachas! Una vez, nos fuimos pa all� pal rumbo de Escamillas. And�bamos buscando a mi t�a Leonor, esa t�a vieras que buena es pa acordarse de la gente. �hijaesushingama! y sigue viva la se�ora... Ah pues, ese dia nos juimos pa all� por que ocupaba que me diera unas ramas y unos encargos que me pidieron, eran como unos perdiodicos amarillos bien enredaditos, ni se que eran ni los vi bien. Se los iba a llevar a la esposa del pescador, la que vive mas pa all�, la Mary
-Do�a Mary?
-Andale.  �La conoces?
-No, nomas he oido de ella (ment�a el muchacho, mientras hac�a anotaciones en su libreta).
-A pos eran pa ella, esa vez nos encontramos a unas cuatas que viv�an a la welta de la casa de con mi t�a, todav�a me acuerdo que estaban de buen ver las chamacas, y pos uno joven de 15 a�os, pos al rato que nos fuimos al monte, a subirse al Guayabo. JAJAJAJAJ

                    En eso el se�or ahora canucio pero delgado y con la voz cascada, solt� una carcajada como acord�ndose de una maldad jocosa que hab�a hecho, con el pasado renaciendo desde las cenizas de los a�os .En el interior del muchacho, nada, solo el l�piz haciendo surcos en el papel, para no perder ning�n detalle.
   
-Si eramos canijos yo y el Mat�as, pero nombre, se le quit�, desde que se agarr� esa pinche vieja, nombre todo se le amarg�, a mi jam�s me call� bien...
-Viejo!!! Vente pa' aca ocupo decirte algo!!!...
Grito la se�ora desde la cocina, con la potencia y el timbre caracter�stico que solo las camaroneras poseen. Mientras tanto miraba al joven con unos ojos sombr�os y directos como si quisiera atravesarlo de ida y de regreso tres veces con la pura mirada.
-Inches viejas no se ni pa' qu eme cas�. Pos aver pa cuando te vienes a echarnos unas chelas no? y seguir recordando al compa Mat�as que en paz descanse.
-Si se�or despu�s vengo por aqu�, gracias.

                    El muchacho se fue caminando pensativo, ya ten�a mas datos para continuar su b�squeda, intentaba hilar la poca informaci�n que ten�a guardada en su libretita. As� iba caminando cabizbajo sin ver el camino, solo viendo en la libreta la palabra Escamillas...

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                Era domingo y la cita era con do�a Lupe, la que vive por el centro, la que hace menudo. Se dec�a que ten�a el mejor menudo de todo el puerto, si  estabas enfermo, crudo o incluso con mal de amores, el menudo de su casa te resolv�a el problema, era pues un menudo con propiedades curativas, en todos los aspectos. Nadie sab�a cual era la raz�n de tan singular saz�n en aqu�l guiso, unos se lo atribu�an a las gigantescas casuelas un poco oxidadas, otros dec�an que el carb�n con el que lo hac�a; cre�an que era hecho con �rboles que crec�an regados desde la semilla por  agua bendita en el impenetrable patio de do�a Lupe; otros,  que la sal que utilizaba era extra�da de las l�grimas tristes de las muchachitas que sufr�an por alg�n mal amor y que acud�an a do�a Lupe en busca de consuelo; otros pensaban que era por menjurjes hechos por la se�ora a base de las conchas marinas de la playa norte.

                   Todos conoc�an a Do�a Lupe, pero casi nadie pod�a entablar una relaci�n estrecha con ella. Ten�a un caser�n extenso de dos pisos, hecho de pura piedra maciza, nada del nuevo cemento usado para las casas, eran piedras unidas por sabr� dios que fuerza  natural y talladas con una manera tan delicada, que parec�a que todos los escultores muertos del mundo  hab�an vuelto desde el mas all� solo para hacerle el favor de esculpirle la fachada, en sus a�os mozos debi� ser espectacular para vivos y desfallecidos y ahora solo estaba cubierta por el moho de los a�os y el color sepia de las ramas secas. Do�a Lupe era una mujer solitaria, muchos pensaban que era una bruja extraviada de esas de los cuentos de miedo y que hab�a ca�do al puerto y se hab�a convertido en una coste�a cascarrabias que viv�a solo para lamentar el cambio de la actitud de la gente, de los viejos, de los maduros y de los j�venes carentes de iniciativa. Eso s�, era la �nica quiz�s en el puerto que estaba consciente de todo lo que pasaba, ella pod�a escuchar los sonidos del mar y de la tierra sin tener que  moverse de su vieja mecedora ni soltar su doblado bord�n de madera. Si iba a haber cat�strofes, ella lo sab�a, como cuando supo lo de la ca�da del ni�o desde el faro y sab�a que se aproximaban calamidades para la mayor�a de los habitantes del puerto. Los pescadores acud�an a ella para saber si tendr�an suerte con la pesca del camar�n, si habr�a marea roja o si la Luna no iba ahuyentarles a las presas durante el siguiente d�a. En otros d�as cuando la gente hac�a mas caso a las personas  y no a los aparatos mec�nicos que carecen de sentimientos, Do�a Lupe era respetada y estaba presente para la mayor�a de los del puerto, ahora, estaba abandonada y solamente exist�a los d�as domingos, para saciar las hambres llenas cat�strofes personales de los habitantes del ahora gran puerto.

                     El muchacho ten�a que madrugar si es que quer�a alcanzar su buen plato de menudo, y as� fue. A las cuatro de la ma�ana, con el sol ausente y con laga�as en los ojos, el joven se situ� frente a la puerta del caser�n de Do�a Lupe con un papel amarillento y manchado con caf�, con la direcci�n escrita a mano por la letra chueca de don Ram�n, el de la tienda que estaba en la esquina del Hotel Duarte. Toc� tres veces la argolla de la puerta, y los chanates se espantaron con los golpes secos del port�n, el muchacho volte� a verlos mientras se alejaban con rumbo al mar, y el muchacho sinti� como si estuviera viajando al pasado, como si estuviera viendo por segunda vez aqu�lla escena. Pero no hizo caso, se dispon�a a tocar de nuevo, cuando una viejecilla un poco regordeta y encorvada, tapada con un chal caf� le abri� la puerta.

-Te estabas tardando, ya se me hac�a que no ibas a llegar, �te entretuviste mirando el balc�n verdad?

                     Era verdad, durante casi media hora antes de tomar la valent�a de tocar, el muchacho se hab�a dedicado a observar el viejo balc�n de piedra, aqu�lla fotograf�a era muy particular: el balc�n cuarteado verde por la lama y h�medo, con aspecto abandonado era contrastado con una flor de color rojo brillante que crec�a de la nada en una esquina del barandal, y en la puerta que daba hacia el balc�n estaban colgadas unas cortinas blanquecinas y transparentes que revolotean con la brisa h�meda y fresca que recorre todas las ma�anas.

-S�, la verdad s�
-Don Ram�n me dijo que ibas a venir �Viste la flor?
-La del balc�n, si, si la vi..
-Ya veo... has de ser el hijo de Mat�as �verdad?
-Pues...
-Bueno tu vienes aqu� por el menudo, le voy a decir a la Nati que vaya sirviendo un plato, orita vengo

                   La casa ol�a como el tiempo, hab�a musgo por doquier, enredaderas viejas y hierbas malas que sal�an de las grutas del piso y paredes. El muchacho se sent� en algo que en su tiempo debi� de ser una sala con un comedor para los invitados,  en donde parec�a com�an las delicias del menudo preparado por Do�a Lupe. Mientras contemplaba, lleg� la anciana con un plato del que sal�a un humo claro que impregn� r�pidamente el olor a granos por todo el cuarto. Le sirvi� y abandon� el cuarto para ir por cubiertos y unos bolillos.

-El menudo sin bolillos no es menudo, �ndale come ahi te traje el lim�n y las ramitas pa que le eches a tu gusto.
Dec�a amablemente la se�ora mientras depositaba el plato rebosante del m�gico caldo.
-Gracias

                    La amabilidad de la anciana hab�a conmovido al joven. Era verdad que en esta ciudad trataban al forastero y al extra�o mejor que a su propia gente, pero esta se�ora mas bien lo trataba como a un pariente, como si lo conociera desde hace muchas lunas. Mientras com�a a cucharadas aqu�l menudo, el joven sinti� un poco de nostalgia.

                La anciana rompi� el silencio:

-S� que te est�s quedando en el Hotel Duarte, puedes venirte para ac� si se te acaba el dinero, ah� hay unos cuartos.
-Gracias

                   Siguieron platicando durante un rato mientras el joven degustaba aqu�l delicioso n�ctar c�lido.

-Mira te voy a hacer un encargo, ocupo que alguien me lleve unos papeles a una nieta que vive en Escamillas, pero las mujeres no deben de viajar solas por las carreteras, las �nimas siempre est�n al acecho y uno nunca sabe.
-Yo se las llevo, usted d�game donde es y cuando me acabe el menudo me voy para all�
-esta bueno pues..... Tu pap� tambi�n era  as� de servicial, eso va en la sangre de los Carrillo, d�jame voy por los papeles.

                  El muchacho segu�a comiendo su menudo, en realidad parec�a que esta sustancia c�lida y un poco grasosa limpiara sus entra�as de toda angustia y congoja, se sent�a esta vez calmado, como meditando.

-Veo que ya terminaste, mira aqu� van en este sobre, procura no abrirlos para que no se enoje mi nieta, le gusta mucho quitarle el sello de cera con los dientes, y tambi�n ll�vale esta cajita.

                       Era una cajita oscura y elegante, con vivos en oro.

-�C�mo se llama su nieta?
-Gisela, acu�rdate de preguntar por Giselita, la de en medio, ahi le preguntas a la gente all� te dir�n donde vive, p�dele guam�chiles, le gusta mucho cortarlos.
-Bueno se�ora gracias, ver� si puedo volver en la noche
-Nombre mijo, no regreses hoy, mejor regr�sate el martes, all� Giselita te va a atender que al cabo, sirve que te despejas, la gente de aqu� te ha de tener atarantado. �ndale vete temprano para que llegues a la hora de la comida, si te hacen falta pesos, te vienes aqu� yo te doy.
-Gracias se�ora nos vemos el martes entonces
-Vete por el camino, a los Carrillo les hace da�o el monte
-Tendr� cuidado
-V� con dios Sebastian....



                    El muchacho se alej� por la calle, rumbo a la central mientras pensaba: �Parece que aqu� me conocen mas que yo mismo...�

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                      Un poco pensativo, dej� la casona de piedra. Rumbo a la  central y con unos cuantos �trapos� en la mochila, Sebasti�n vio como pegaban un cartel de las candidatas para reinas del carnaval. Eran los �ltimos d�as de enero. El mes entrante la tambora y las trompetas estar�an a todo lo que dan en una fiesta incontrolable de excesos al por mayor. En donde Natalia, o �la Nati� como le dec�a Do�a Lupe, se dar�a cuenta de lo que pas� a�os atr�s en el del hotel Duarte. Ella era la �nica que se enterar�a de todo debido a su car�cter comunicativo y amable que la hac�an ver seductora para los ojos de los hombres, pero era tan reservada en los �mbitos familiares que se llevar�a el secreto consigo hasta su muerte en el mar, en donde nadando extra corp�reamente lo cantar�a a todo pulm�n  a los delfines que vacacionan cerca de las piedras de la isla de en medio. Su canto celestial y tr�gico levantar�a entonces el famoso desastre de los delfines que todos recordaban con una singular nostalgia y desconsuelo.


  
                 Sebasti�n lleg� a la central un poco mas tarde de lo que pens�, ya hab�a pasado la hora de la comida y compr� un pan para que no le la afectara el hambre. Se subi� al cami�n anaranjado y despintado que iba para Escamillas, puso su bultito en el piso para poder recargar los pies y se sent� a ver por la ventanilla el cielo entre rosado y lilaceo  que hay en los atardeceres de invierno. El cami�n arranc� lleno de gente, algunos llevaban sus animales en cajas de cart�n de huevos o llevaban sus tiliches en costales tejidos que en su mayor�a estaban a punto de romperse.

                 El cami�n ten�a el singular aroma de la caca de las vacas, extra�amente dentro de aqu�lla jaula hab�a toda clase de criaturas menos vacas. Hab�a puercos, gallinas, perros y algunos guajolotes, hasta algunos extra�os ejemplares de pollitos azules de tres patas; estas criaturas comenzaron a nacer despues de la explosi�n de la vieja fabrica de refrescos que estall� en uno de los pueblos aleda�os hace ya algunos lustros, los qu�micos se regaron por todas partes afectando sobre todo a los �rboles de guam�chil de la regi�n, que desde entonces y hasta los �ltimos d�as de la vida de Giselita, permanecer�an de un color cobrizo brillante, como si fueran �rboles de metal.

Ninguno de los animales, ni el zumbido del aire que entraba por las ventanas perturbaba  a Sebasti�n, segu�a ensimismado viendo hacia afuera tratando de formar siluetas humanas con las nubes mientras el sol se iba apagando poco a poco dejando solo la incertidumbre de la oscuridad nocturna en el monte. Una se�ora morena con la cara chorreada por el sol, que cargaba un envuelto en una toalla se le quedaba mirando fijamente a Esteban, como si lo hubiera reconocido.

-�Entronque de Escamillas!

                Grit� el chofer, el joven torpemente tomo su bulto, sali� como pudo de entre el animalero y se baj� sorprendido de la oscuridad y la penumbra. No hab�a luces. �Para donde se ten�a que ir?

-�ibas para escamillas verdad?
Era la se�ora que hace unos momentos lo contemplaba...
-Si
-No mijo, eso era mas temprano ahorita tienes que atravesar el monte y sta peligroso
-ya no hay camiones de regreso?
-no hasta ma�ana en la ma�ana
-uy  �como le hago?
-mira �Por qu� no te quedas en la casa? Ah� tenemos un catre en el patio, en la ma�ana te vas para donde ten�as que ir, que el �Rafai� te lleve para que no te vayas solo.
-�si?
-si, sirve que me acompa�as pa la casa, yo vivo aqu� cerquitas, pero ir sola es muy peligroso
-Si, la acompa�o
            
                  Los dos comenzaron a caminar, la tierra resplandec�a un poco con el nuevo reflejo de la luna, y cada pisada hac�a crujir el piso como crujen las galletas que hace Do�a Lupe en v�speras de a�o nuevo.

-�y tu de donde vienes?
-pues ahorita del puerto
-�y a quien vienes a buscar ac� al rancho?
-Me mando do�a Lupe, vengo a entregar un paquete
-Ah que do�a Lupe sigue envi�ndonos mensajeros

                    Las dos siluetas segu�an caminando por el camino de tierra blanda olor a campo, el suelo se ve�a azulado. La luna que todavia no se acababa de llenar brillaba ahora un poco mas intensa, faltaban dias para luna llena y ya se escuchaban los coyotes aull�ndole a su princesa predilecta.

-Mira ah� adelantito es.

                    Era una casa peque�a con una luz en el porche, era de color verde pistache. Estaba un muchacho recargado en un pilar afilando un cuchillo y una ni�a que estaba quit�ndole los ahuates a los nopales. En cuanto not� que ven�an la se�ora y Sebasti�n corri� para adentro de su casa,  el muchacho se par� levantando el cuello y pelando los ojos como si estuviera  alerta a alg�n animal de la noche.

-�Con que ah� viene el cabr�n eh? Lo voy a matar!!!

                   Se escuch� seco el grito cascado desde adentro de la casa, mas que un grito, se asemejaba al  bufar de un toro enardecido, tan fuerte y lleno de coraje que espant� a los chanates que desde hac�a rato ven�an siguiendo a los caminantes nocturnos.

                  Mas tard� Sebasti�n en arquear las cejas de asombro que en advertir el peligro que se dejaba venir. R�pidamente un mastodonte barrig�n y con brazos de domador de osos surgi� desde la gastada casucha, con un machete oxidado empu�ado en el brazo izquierdo, con todo el �mpetu necesario para destripar a mas de una bestia.

-�Esta es la �ltima vez que se me falta el respeto en mis narices!
-�No Rom�n!, �ste no hizo nada....


                Grit� la se�ora de una manera tan acelerada que mas bien parec�a una plegaria hacia los dioses para que no se llevaran a un ser querido.


-D�jate de cosas mujer que contigo me arreglo despu�s, orita hay unos animales que hay que matar.


                Sebasti�n era mas bien un muchacho debilucho que  lo �nico que podr�a darle a aqu�l b�falo era lastima, se limitaba a escapar de los zarpazos que le tiraba el b�rbaro evitando quedarse enredado entre los matorrales.


-!Ya d�jalo ap� ese no es el que buscas!


               Grit� el muchacho que antes hab�a estado afilando el cuchillo, pero el chimpanc� parec�a solamente entender el lenguaje primitivo de gru�os y pujidos, ya que era todo lo que emit�a.


-�D�jate agarrar y no vas a quedar ni pa puto, desgraciado!


                Sebasti�n nada mas lo esquivaba con el alma en un hilo, se mov�a r�pido, como si fuera un felino, como si su instinto lo guiara desde el mas all� en la oscuridad del monte, eso si nunca se sali� del camino.

-�Ese no es, se mueve como los Carrillo!

             Grit� otra vez el muchacho con esperanzas de que se detuviera la bola de demolici�n que ten�a por padre, y asi sucedi�, como si se hubiera petrificado al instante, detuvo su machete en el aire con una mirada desenfocada y un aire reflexivo. Entonces la luz de la luna que todav�a no se terminaba de llenar se reflej� en los ojos de gato de Sebasti�n.

-Son pardos como los del Mat�as...

              Despu�s de eso ya no reaccion�, como si hubiera visto un fantasma, no de los de las pel�culas de ciencia-ficci�n sino de esos que se aparecen en las noches y que fuman y toman junto con los vivos como si no supieran que se han muerto.

          Los dem�s se metieron a la casa dejando parado y abandonado al gigantesco hombre que ahora hab�a perdido la pupila de los ojos.

-Se me hace que ya le robaron el alma...
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