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Como Carlota Corday en Caen, como toda la gente civilizada de Francia, ella
quedo abatida de pesadumbre y horror.
"Todo Paris permite que esto suceda -exclamaba madame Roland-. Todo Paris esta maldito a mis ojos y ya no espero que la Libertad pueda establecerse entre tantos cobardes, frios espectadores de crimenes que el valor de cincuenta hombres podia haber evitado". Madame Roland, al fin, habia llegado a ver deshechos los obstaculos. Es un hecho curioso que a partir de ese momento la engreida y rencorosa burguesita empieza a hacerse atractiva y hasta admirable. Jamas tuvo el valor de admitir que se habia equivocado, pero lo tuvo para hacer frente a las terribles consecuencias de sus errores. Con el resuelto estoicismo de la matrona romana que llevaba en su imaginacion, contemplo las catastrofes que siguieron a las matanzas de septiembre. Como habia de ocurrir con muchos otros que tomaron parte en la Revolucion, la desgracia hizo de ella una figura mas grande de lo que en otras circunstancias hubiera podido ser." S. Loomis, "Paris bajo el Terror". |
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