| Arroyos de sangre Tras
los muros de la Abadia y en dos prisiones anexas, cerca de trescientos
detenidos esperaban aterrorizados su hora fatal. Se encendieron enormes hogueras en el patio, y alli, a su luz y a la de las antorchas que llevaba la multitud, los asesinos y sus subordinados repitieron con renovada furia las escenas de Les Carmes. Tambien
aqui presidian Maillard y su Comite. Creyendose libre, el infortunado prisionero seguia docilemente a su guardian hacia el patio de la prision, donde encontraba un espectaculo indescriptible; por dondequiera aycian moribundos y cadaveres; muchos de estos habian sido descuartizados miembro a miembro; los aullidos de los asesinos se mezclaban con los ayes y gritos de sus victimas. La matanza continuo toda la noche, hasta el amanecer. |
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Un joven
llamado Felipe Morice volvia del teatro a su casa (una de las curiosidades
de las matanzas de septiembre es que la vida ordinaria de Paris continuo normalmente)
y paso no lejos de la Abadia. "Apenas
llegue a la calle de la Seine observe un resplandor extraordinario y oi un
clamor que parecia proceder de la calle Sainte-Marguerite. "Una de las mujeres pregunto a otra: «¿De donde viene este individuo?» Y volviendose a mi, me dijo: «¿No sabes que estan tratando solicitamente las mercancias almacenadas en las carceles? Mira, mira el arroyo». "El
arroyo corria rojo de sangre de las pobres criaturas que estaban asesinando
en la Abadia. Felipe
Morice huyo de alli aterrorizado, pero los gritos terribles lo siguieron hasta
la calle de Grenelle. En esta ultima prision se asesino a trescientas veintiocho personas; y unas doscientas veinticinco mas, por lo menos, perdieron la vida en la de Chatelet. |
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