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El grito Es inutil pretender usar de la fuerza contra estos alborotadores; por ello, uno de los comisarios de la Commune intenta emplear la astucia. Dandose a conocer por la banda oficial de su cargo, exige silencio y pronuncia un discurso. Para atraerlos, alaba primeramente a la muchedumbre por su accion magnifica y les propone que paseen la cabeza a traves de todo Paris, a fin de que el pueblo entero pueda admirar este «trofeo», «eterno monumento de victoria». |
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Felizmente hace su efecto la lisonja y, con salvaje vocerio, parten aquellos borrachos para seguir arrastrando por las calles el dsenudo y afrentado cuerpo, hasta llegar al Palais-Royal. Mientras
tanto, los cautivos de la torre se sienten impacientes. Pero conocen ese sombrio mugir de las masas desde los dias del asalto de Versalles y de las Tullerias y observan como los soldados de la guardia corren, palidos y excitados, a sus puestos para prevenir cualquier peligro. Inquieto,
interroga el rey a un guardia nacional. Ante
estas palabras oyese un ahogado grito: Maria Antonieta ha caido sin sentido. S. Zweig, "Maria Antonieta" |
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