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Triunfo canibalesco En el Temple, la familia real no sabe nada de estos espantosos acontecimientos, ya que vive apartada de toda voz viviente y de toda letra impresa. Solo oye, de repente, como comienzan a sonar las campanas de las torres, y Maria Antonieta conoce muy bien aquellas aves de bronce de la desgracia. Ya sabe que cuando retumban sobre la ciudad con sus sones revoloteantes descarga una tempestad, se acerca volando cualquier desastre. Excitados,
murmuran entre si los prisioneros de la torre. Mas abajo, en la cerrada entrada del Temple, deliberan con la mayor agitacion los guardias y empleados municipales: ellos saben mas. Mensajeros que llegan precipitadamente han anunciado que una inmensa muchedumbre avanza desde los arrabales, trayendo clavada en una pica, flotantes los cabellos, la livida cabeza de la princesa de Lamballe y arrastrando detras su tronco, desnudo, desgarrado y mutilado. |
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indudable que esta inhumana banda de asesinos, borracha de sangre y de vino,
quiere gozar ahora del ultimo triunfo canibalesco, mostrando a Maria Antonieta
la palida cabeza de su amiga muerta y el cuerpo desnudo y afrentado, con el
cual la reina, segun conviccion general, durante tanto tiempo ha cometido deshonestidades.
Desesperada, la guardia envia mensajeros a la Commune pidiendo refuerzos militares, pues ella sola no puede hacer frente a esas enfurecidas masas. Pero
el cauteloso Petion permanece invisible, como siempre, cuando la situacion
es peligrosa. Para no enfurecer aun mas a las masas y evitar un asalto que, indudablemente, seria mortal para la real familia, procura el comandante detener a aquella tropa; deja primeramente que el baquico cortejo penetre en el patio exterior del recinto del Temple, y, como un sucio arroyo desbordado, pasa espumenado la muchedumbre a traves de la puerta. Dos de
los canibales arrastran el desnudo cuerpo cogido por las piernas; otro levanta
en sus manos las sangrientas entrañas. Con estos trofeos quieren subir a la torre para obligar a la reina, segun anuncian, a que bese la cabeza de su querida. |
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