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Empapados en sangre Inmediatamente
se la entrego a la turba. Su cabeza, clavada en el extremo de una pica fue paseada por las calles de Paris hasta la Prision del Temple, para serle enseñada a Maria Antonieta. El hombre que llevaba la pica en alto era seguido por una muchedumbre de mujeres de revueltos cabellos, cuyos brazos estaban empapados en sangre. |
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