"Pero, aparte la Revolucion, amenaza todavia un segundo peligro.
Los principes franceses, el conde de Artois (uno de los primeros en
abandonar Francia), el principe de Conde y los otros emigrados, flojos
y heroes, pero estrepitosos fanfarrones, arman estrepito con sus sables,
que prudentemente mantienen en sus vainas, a lo largo de la frontera.
Intrigan
en todos los paises, pretenden, para disfrazar lo enojoso de su fuga,
hacer papel de heroes mientras no sea peligroso para ellos; viajan
de corte en corte, tratan de azuzar contra Francia al emperador y
a los reyes, sin reflexionar ni preocuparse de que con estas hueras
demostraciones aumentan el peligro mortal del rey y de la reina.
"El
(el conde de Artois) se preocupa muy poco de su hermano y de mi hermana
-escribe el emperador Leopoldo II-: «egli importa un frutto»,
asi se expresa cuando habla del rey, y no piensa en lo que perjudica
al rey y a la reina con sus proyectos y tentativas".