Aturdida
por el dolor de la muerte de su hijo, Maria Antonieta solia ir
durante algunas horas al Trianon durante los dias de comienzos
de otoño del primer año de la Revolucion.
El
pequeño palacio y sus jardines habian sido abiertos al
publico mucho antes de la Revolucion, pero la reunion de los Estados
Generales en Versalles trajo a los curiosos en tropel.
Todos
los diputados querian ver con sus propios ojos el famoso ambito
de placeres cuyo nombre era sintesis de la licencia y la extravagancia
de la monarquia.
Hay
constancia de que muchos de ellos se negaban a creer que el austero
pabellon fuera realmente el Pequeño Trianon de la fabula
y buscaban en vano el salon tachonado de brillantes y rubies que
les habian hecho esperar los rumores.