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"...como de costumbre, tampoco en este dia es modificada la sacrosanta distribucion de las horas del dia; como siempre, aquel hombre comodon y flematico, sin curiosidad por nada (ya se sabra todo mañana a tiempo bastante) se va a la cama a las diez y duerme con su pesado y obtuso sueño, que no logra perturbar ningun suceso de importancia universal. Pero ¿que tiempos desvergonzados, atrevidos y anarquicos son estos? Han llegado a hacerse tan irrespetuosos que perturban el sueño de un monarca. El duque de Liancourt llega a todo galope a Versalles, en un caballo cubierto de espuma, para traer noticias d elos sucesos en Paris. Declaranle que el rey esta durmiendo. Insiste en que lo despierten; por ultimo, dejanlo penetrar en el santuario del sueño. Comunica: «La Bastilla tomada por asalto. El Gobernador asesinado. Su cabeza, clavada en una pica, es llevada por toda la ciudad». «Pero ¡eso es una revuelta!» balbucea, espantado, el infeliz soberano. Mas con despiadada severidad corrige el mal mensajero: «No, sire, es una revolucion». |
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