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El comienzo del fin... "Pues los acontecimientos se suceden unos a otros con rapidez torrencial. Al cabo de pocos dias, los dos brazos privilegiados, la nobleza y el clero, estan ya en agria hostilidad con el tercer estado: rechazado este, declarase constituido en Asamblea Nacional con su propio poder, y en la sala del Juego de Pelota presta juramento de no disolverse antes de que este cumplida la voluntad del pueblo y votada la Constitucion. La corte se espanta ante este demonio popular que ella misma ha ido a sacar de su guarida. Arrastrado hacia una y otra parte por sus consejeros, los llamados por el y los no llamados; dando hoy la razon al tercer estado, mañana al primero y al segundo, vacilando fatalmente, justo en la hora que exige la mas extrema lucidez de espiritu y fortaleza, inclinase el rey tan pronto hacia las balandronadas de los militares, que exigen, segun su antigua arrogancia, que se expulse al populacho hacia sus casas, desenvainando las brillantes espadas, tan pronto hacia Necker, que siempre vuelve a aconsejar la condescendencia. |
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Un dia impide la entrada del tercer estado en la sala de deliberaciones, despues vuelvese atras espantado, tan pronto como declara Mirabeau: «Estamos aqui por la voluntad del pueblo, y la Asamblea Nacional solo retrocedera ante el poder de las bayonetas». Pero, en igual medida que la indecision de la corte, crece la resolucion de la nacion. De un dia para otro, la muda criatura llamada «pueblo» ha adquirido voz por medio de la libertad de prensa, proclama sus derechos en centenares de folletos, y en inflamados articulos de periodicos descarga su furor revolucionario..." S. Zweig |
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