Tronar
de cañones
Durante
la primavera y primeros meses del estio de aquel año, Madame Lebrun
trabajo en el tercer retrato de Madame Du Barry.
Sentadas
en los jardines de Louveciennes, las dos mujeres miraban hacia las distantes
torres de la ciudad cuyas calles iban a ser muy pronto verdaderos rios de
sangre.
En julio,
el lejano tronar de los cañones se torno casi continuo, y Madame Lebrun,
asustada, regreso a Paris.
La Bastilla habia sido tomada. |