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Un silencio de muerte... Aunque nadie puede haber previsto sus enormes consecuencias, la convocatoria a los Estados Generales fue motivo de intensisima excitacion en todo el reino. Es muy probable que Madame Du Barry estuviese entre los millares de curiosos que se congregaron en la poblacion de Versalles para observar la historica procesion de los Tres Ordenes al desfilar hacia la iglesia de Saint-Louis. La Condesa
habra contemplado, indudablemente, con un particular interes a la Familia
Real que paso ante ella. La muchedumbre estallo en un atronador y espontaneo aplauso al pasar el monarca. El pueblo siempre habia sentido simpatia hacia el, y casi hasta el fin de su vida ocupo un lugar de cariño en los corazones de sus subditos. |
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Era a la Reina, aquella orgullosa extranjera, a quien todos odiaban. Un silencio de muerte, roto solo para lanzar algun insulto o silbido, saludo el paso de Maria Antonieta, en cuyo corazon pesaba una tristeza mucho mayor que el odio de la Corte o el pueblo. Su hijo mayor, el Delfin, que no contaba mas que once años, se hallaba moribundo. Para que pudiera ver a sus padres pasar con sus vestimentas reales, se le habia llevado hasta una ventana. Solo una vez en aquel sombrio desfile mostro el rostro de Maria Antonieta un cambio. Fue cuando alzo la vista a la ventana desde la cual la miraba su hijo, y sonrio a este. |
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