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Votre Majesté veut-elle bien accepter le signe distinctif des Français ? La toma de la Bastilla es para Luis XVI un bofeton en la mejilla derecha, y a la mañana siguiente, con humildad cristiana, presenta ya la izquierda. En lugar de enojarse, en vez de censurar y castigar, le promete a la Asamblea Nacional retirar, fuera de Paris, las tropas que acaso estarian aun dispuestas a combatir en favor suyo, renegando con ello de los defensores que han caido al servicio de su causa. Como no se atreve a pronunciar ninguna palabra severa contra los asesinos del gobernador de la Bastilla, reconoce con ello el terror como justo poder politico para gobernar Francia y, y arredrandose el, legaliza la sublevacion. A las puertas de la ciudad lo recibe el alcalde con las ambiguas palabras de que la nacion ha vuelto a conquistar a su rey; con toda obediencia, Luis XVI toma la escarapela que el pueblo ha elegido por emblema de su lucha contra la autoridad real, sin advertir que la muchedumbre no lo aclama a el, sino a su propia fuerza, que ha sometido al soberano. El 14 de julio, Luis XVI perdio la Bastilla; el 17 se desprendio ademas de toda su dignidad, inclinandose tan profundamente delante de sus adversarios, que la corona rodo por el suelo desde su cabeza |
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