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| Una
impenetrable cortina |
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| Llego
a mediados de enero de 1796 y encontro la ciudad llena de refugiados franceses,
entre ellos el duque de Guiche, el yerno de Madame Polignac, quien le
puso al tanto de la impenetrable cortina que se habia corrido en torno
de la joven princesa.
Una
vez despedido su sequito de franceses, estos habian sido reemplazados
por austriacos, que bien podian ser condesas y princesas, pero de todas
maneras eran espias e informantes.
Toda
la correspondencia con su tio Luis XVIII era interceptada, y al principe
de Conde, enviado por aquel para saludar a su sobrina, se le habia prohibido
groseramente que la viera.
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El
palacio de Hofburg, en Austria. Recibio a Maria Teresa, pero cuando
se trato de reintegrar las sumas gastadas en la evasion y de saldar
ciertas deudas de la reina, la corte de Viena "vuelvese subitamente
dura de oido... hay algo que oprime la conciencia imperial, por haber
abandonado tan lastimosamente, ante los ojos de todo el mundo a una
de sus parientas. Era regla adoptada y recomendada cambiar de conversacion
al oir el nombre de Maria Antonieta" |
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A
los franceses solo se les permitia verla desde lejos, en los corredores
del Hofburg cuando ella iba o volvia de misa.
Tambien
fue en el Hofburg, cuando regresaba de la capilla, donde por primera
vez la vio Fersen, acompañado por el duque de Guiche.
Las rodillas le temblaban y la emocion le abrumaba cuando ella paso
ante la multitud de cortesanos que se habian reunido para saludarla.
Fersen no la habia visto desde 1791 cuando, en la noche del 20 de junio,
la llevo en brazos hasta el coche en que habian escapado de las Tullerias.
En
aquel momento, ella estaba llorando.
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