Luis
XVII Luis XVII nunca llegó a reinar. Su padre, Luis XVI fue derrocado y decapitado junto a su mujer, María Antonieta. El pequeño Luis fue recluido y tres años más tarde murió víctima de la tuberculosis. El médico que le realizó la autopsia decidió extraer el corazón del cadáver y lo conservó en alcohol. Sin embargo, nunca estuvo clara la auténtica procedencia del órgano vital. Ahora, el ADN ha dado su veredicto: es el corazón de un Habsburgo. Aclarada la identidad, la urna será enterrada hoy en la cripta real de la basílica de Saint-Denis, cerca de París. Hasta la ceremonia, el corazón del rey que no lo fue, ha estado expuesto en una iglesia del centro de la capital. La ceremonia, que reunirá a unos 500 invitados en esta basílica de tanto significado para la monarquía francesa será celebrada por el nuncio apostólico del Vaticano, Fortunato Baldelli, y la misa la presidirá el arzobispo de Tours, Jean Honoré. Para que eso sea posible han sido necesarios muchos y prolijos trámites, y sobre todo la obtención del permiso de las autoridades francesas, que en el pasado se habían mostrado remisas ante un asunto considerado sensible por la posibilidad de que el acto fuera aprovechado para despertar reivindicaciones legitimistas.
Finalmente fue el anterior ministro de Cultura, Jean-Jacques Aillagon, el que dio una respuesta positiva, a lo que su sucesor, Renaud Donnedieu de Vabres, no ha opuesto ningún pero. Carlos Manuel de Borbón de Parma, uno de los promotores del acontecimiento -que podrán seguir desde el exterior del templo unas cinco mil personas mediante pantallas gigantes- asegura que no se trata de darle un tono político o religioso al acto. A la ceremonia se espera que asista, entre los invitados reales, la princesa Carolina de Mónaco. El corazón de Luis XVII se conserva desde 1975 en una urna de cristal en Saint Denis, verdadera necrópolis de los reyes de Francia, pero antes de llegar allí tuvo una historia llena de sobresaltos, que comenzó en 1795 con la muerte por tuberculosis en la cárcel del Temple de París del hijo de los reyes de Francia, Luis XVI y María Antonieta, guillotinados apenas dos años antes. Un cirujano de nombre Pelletan consiguió extraer el corazón del cuerpo y lo conservó en un frasco con alcohol etílico escondido en su biblioteca, y después de su muerte acabó en el arzobispado de París, saqueado durante la revolución de 1830. El hijo del cirujano, Philippe-Gabriel Pelletan, logró encontrar entre los escombros el corazón, que después de diversas herencias fue entregado a Carlos de Borbón, duque de Madrid, pretendiente al trono de Francia, que lo depositó en el castillo de Frohsdorf, cerca de Viena. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, la hija de Carlos de Borbón se lo lleva a Italia, y sus hijas en 1975 lo confían al duque de Bauffremont, presidente del Memorial de Francia, una asociación que sigue organizando misas en memoria de Luis XVI y María Antonieta. Tan rocambolesco recorrido llevó a plantear dudas sobre si el órgano pertenecía realmente al que había nacido destinado a ser rey de Francia, que sólo se despejaron en abril de 2000 cuando un examen de su ADN, comparado con el del cabello que se conserva de María Antonieta, confirmaron su filiación. Luis XVII fue considerado tras el ajusticiamiento de sus padres como el nuevo rey de Francia por varios países, entre ellos por los entonces recién creados Estados Unidos de América. Pero los elementos oscuros que rodearon su desaparición propiciaron que durante el siglo XIX hasta un centenar de aventureros se atribuyeran la identidad del delfín
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