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Abrazo
a su hija, diciendole que fuera valiente y se cuidara.
Se volvio a Madame Elizabeth para confiarle el cuidado de sus hijos.
Despues,
sin mirar hacia atras, salio de la habitacion y, escoltada por la policia,
descendio las escaleras de la Torre.
Al
final del ultimo tramo habia un dintel bajo la puerta.
En la oscuridad, la prisionera no lo vio o se olvido de inclinarse.
Se golpeo la frente, y uno de los guardias se inquieto.
-¿Os hicisteis daño?- le pregunto
-No- murmuro ella. Ahora nada puede hacerme daño.
Dos
carruajes acompañados por veinte gendarmes llevaron al pequeño
grupo, atravesando la ciudad desierta, hasta la Conserjeria.
No llegaron alli hasta cerca de las tres.
El
llavero que esa noche estaba de guardia, un hombre de apellido Lariviere,
dormitaba cuando los soldados de la guardia golpearon la puerta con la
culata de sus mosquetes.
Todavia
soñoliento, distinguio en la penumbra a "una mujer alta y
hermosa" que estaba con el grupo de gendarmes.
Ella
se inclino para pasar por el portillo y cuando hubo entrado en el vestibulo,
Lariviere comprobo, atonito, que la nueva prisionera era la reina de Francia.
Bien
la conocia el, que en su momento habia sido pastelero en Versalles.
S.
Loomis, "Una amistad fatal". |