| Amor (y leccion) de madre Como resultado de las denuncias de Madame Tison, la Comuna habia decidido separar de su madre al joven rey. Madame Tison, al arrojarse a los pies de la reina, estaba ya al tanto de esta decision, que Maria Antonieta aun ignoraba. El delfin -pues pese a la muerte de su padre se lo conocia aun por ese titulo- era un niño especialmente inteligente y encantador. En medio del diluvio de desastre que en el termino de cuatro años se habia abatido sobre ella y su familia y que habrian abrumado a la mayoria de las personas, Maria Antonieta habia conservado su propia cordura debido, en buena parte, a su hijo.
Sus cartas a Fersen, sus expresiones dirigidas a otros "contactos" con el mundo exterior, y el testimonio de varios testigos proporcionan la confirmacion de este hecho. A su intenso amor maternal se agregaba otro elemento que hacia mas compleja su relacion con el niño. Lo veia como heredero del desaparecido trono y hasta el ultimo momento conservo la ilusion de que algun dia llegaria a ser rey de Francia. A la vez que su madre era, por asi decirlo, su tutora. En ambos roles intento, por una parte, protegerlo de shocks y golpes tales como muy pocos niños de ocho años se ven llamados a soportar, y por otra, procuro instigarle la fuerza de caracter y la autodisciplina que, como una amarga experiencia le habia enseñado, eran tan necesarias para un rey. Y haberse desenvuelto admirablemente en ambos roles no es el menor de los meritos que en este periodo de su vida deben reconocersele. El muy natural instinto que podria haberla llevado a consentir en exceso a un niño que tan cruelmente habia sufrido, y con tan poca culpa de su parte, se vio atemperado por su buen sentido de madre.
Las
deplorables deficiencias de su propia niñez fueron suficientes
para guiarla. Como muchos padres que en su momento no han sido buenos hijos, esperaba impartir al suyo el doloroso conocimiento de la experiencia. La reina continuo las lecciones cotidianas que habia iniciado el padre. Dos o tres horas de la mañana se dedicaban a supervisar los estudios del niño. Insistia tambien en que se mostrara respetuoso con los guardias y con los demas encargados de atenderlos y mas de una vez obligo al niño a decir: "Bonjour, Monsieur" a hombres a quienes el principe habia oido dirigirse a su madre con las palabras mas groseras. Los buenos modales del muchachito y el sano instinto maternal de Maria Antonieta fueron inevitablemente observados por muchos de los guardias. Entre
otras cosas, fue eso lo que habia puesto a Toulan del lado de Maria Antonieta. Todos los informes coinciden en que se trataba de una criatura excepcionalmente atractiva e interesante, cuyo buen fondo no habia sido afectado por el dolor y el miedo que le habia tocado vivir casi desde su nacimiento. Se convirtio en el centro de la vida de su madre y ella, aunque hubiera fracasado como reina, hallaba consuelo en el hecho de que algun dia podria ofrecer a Francia un buen rey. S. Loomis, "Una amistad fatal". |
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