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El
proyecto naufraga y «Mesdames» consiguen otra victima
Al darse
plena cuenta de aquel dilema, Mercy no tardo en hundir sus manos finas y blancas
en aquellas revueltas aguas. Soborno a la dama de compañia de las princesas,
Madame de Durfort, para que le tuviera bien informado de cuanto ocurriese
en sus apartamentos y, al mismo tiempo, le recomendo que hiciese ver a las
cuatro hermanas las grandes ventajas que obtendria Francia si el Rey contraia
enlace con la Archiduquesa Elizabeth de Austria.
A pesar
de que las Princesas detestaban a Austria y la alianza francesa con los austriacos,
pronto se dieron cuenta que aquella era una solucion de su problema, por lo
cual no tardaron en ser entusiastas partidarias del proyecto. Y por primera
vez en la vida, se armaron del valor suficiente para exponer la cuestion a
su padre, el Rey.
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Su
Majestad acogio la proposicion con moderado interes, y hasta quiza hubiera
llevado el asunto a una conclusion, de no haber mediado la avaricia y ambicion
del arrebatado jefe del bando contrario a la Du Barry, el hombre a cuyo alrededor
habrian de desencadenarse tantas y tan violentas tormentas, la mayor parte
originadas por el mismo.
"Ciertas
personas que estan en el poder aqui", escribio el observador Mercy,
"consideran que una Reina sensata y amable, que consiguiese conquistar
el afecto de su marido, podria abrir los ojos del Rey a las irregularidades
y enormes abusos que existen en casi todos los departamentos del Estado
frances y en consecuencia producir dificultades graves a quienes estan
al frente de dichos departamentos.
Por
lo tanto, esas personas consideran que les corresponde encauzar la mente
del Rey contra toda idea de matrimonio..."
El Embajador se referia, naturalmente, a Choiseul, hombre que, cuando
montaba en colera, era capaz de destruir aquello que no le era posible
obtener para si.
Finalmente,
Choiseul no podria imponer a su hermana, la duquesa de Gramont como amante
del rey, y debido a su ceguera seria derrotado por Mme. du Barry.
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«Mesdames»
se abocarian entonces a influir en la vulnerable Maria Antonieta -a quien
detestaban- contra Mme. du Barry. Empero, alertada y exigida por su madre
Maria Teresa, Maria Antonieta debio ceder y se vio obligada a reconocer a
la condesa. «Mesdames», furiosas, la considerarian desde entonces
como su enemiga, y acuñarian el mote de "austriaca" que la
arruinaria y llevaria al cadalso.
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