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Proyecto
proponiendo el casamiento del Rey con una princesa austriaca
Maria
Teresa, que tenia una hija -Maria Antonieta- comprometida con el Delfin, tenia
otra, Elizabeth, a quien los Ministros austriacos estaban tratando de casar
con el Rey viudo. Esa era el arma secreta de Mercy-Argenteau.
La
aparicion en escena de la Condesa Du Barry, fue un acontecimiento que el astuto
diplomatico se apresuro a utilizar con provecho. Al asustar a Choiseul con
la posibilidad de aquella presentacion oficial de la Condesa en la Corte y
al exponer ante la Familia Real aquella nueva mortificacion, el Emperador
austriaco obraba en favor de los intereses de su propia Corte y maniobraba
para obtener la aprobacion de un casamiento hasta entonces odioso a los ojos
del Ministro frances y la Familia Real.
La
presentacion de la Condesa Du Barry era contraria a los intereses austriacos,
por lo cual Mercy-Argenteau se movio activamente, dejando caer una insinuacion
aqui, expresando su grave preocupacion alla, imperturbable, con un rostro
de Esfinge, en el cual solo era posible leer una expresion: la discrecion.
"No bien me es posible sin provocar sospechas", informaba a Maria
Teresa, "deslizo mis puntos de vista en todos los oidos". |
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Los
cortesanos, experimentados en los vericuetos de las intrigas, calculaban rapidamente
la posicion que, a su juicio, era mas favorable a sus intereses y formaban
en uno u otro bando.
La
Corte se vio dividida al poco tiempo en los partidarios y los contrarios a
la Condesa Du Barry: los que apoyaban y los que se oponian a la presentacion
de la amante del Rey a la Corte.
Las filas de los ultimos eran muy nutridas y estaban integradas por el grupo
Choiseul y todos aquellos que gozaban del favor de su Ministro.
Estos contemplaban la presentacion de la Condesa con temor y presentimiento
adverso, que disfrazaban como indignacion moral, actitud apenas convincente
puesto que ellos mismos habian sido elevados al poder por la enjoyadas manos
de Madame de Pompadour.
A
ellos se unian la mayor parte de las mujeres de la Corte, que se consideraban
defraudadas, al despojarseles de toda probabilidad de llegar a una posicion
para la cual se creian con mayores derechos. En este caso, el ultraje
moral apenas alcanzaba a disimular el rencor.
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Ya
fuese por accidente, calculo, o un poco de ambos, al comenzar el
verano de 1768, en Versalles, Jeanne Du barry se encontro un dia
frente a Luis XV. Un mes despues, el rey estaba dispuesto a sacrificar,
por ella, los ultimos girones de su deshecha reputacion, pues era
una mujer como jamas habia visto otra en su vida. |
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