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Adelaide
y Victoire llegarian a sentir un dia en carne propia las consecuencias
de su maldad. Apenas conseguirian escapar a la guillotina, al salir de
Paris en 1791, a altas horas de la noche, con el pretexto de un peregrinaje
religioso a Roma.
En
dicha capital, bajo la proteccion del Santo Padre, vivieron en el exilio,
orando a Dios que escupiese llamas de venganza para destruir a los monstruos
de la Revolucion, sin reflexionar ni un momento en que ellas habian figurado
entre las primeras en conspirar contra la Monarquia.
Detestaban
a Choiseul, tanto por ser advenediza creacion de la Pompadour, como por
instrumento de la expulsion de los Jesuitas en 1762.
Nada
podria haberles agradado tanto como la ruina de aquel hombre a quien juzgaban
un Anticristo socialmente discutible, pero el precio de aquella ruina,
o sea el auge de Madame Du Barry era mas que lo que ellas estaban dispuestas
a pagar.
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Adelaida, una hija conflictiva
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