CAPITULO IX: A TRAVES DEL ESPEJO
Subimos hasta el ala en la que se encontraban nuestros aposentos. Realmente, hab�a empezado a refrescar y la habitaci�n estaba bastante fr�a. Me dirig� hacia la chimenea y comenc� a encender el fuego.
- Ettiene, siento que hayas tenido que enterarte de esta forma, te juro que hab�a olvidado por completo la existencia de La�n... yo..
- Shhhhhhhh no digas nada, no quiero que de tu boca salga mas nombre que el m�o tranquila, luo me lo ha contado todo. Se como te sientes. Pero no te preocupes, no dejare que pases tu vida junto a alguien que no amas. Porque no le amas �verdad?
Como pod�a dudarlo? Yo conoc�a el significado del amor gracias a el. Me acerqu� a la chimenea y me arrodill� junto a �l.
- Ettiene, para m� el amor jamas signific�  nada hasta que te conoc�. Jamas sent� nada igual por nadie. Cre�a que el amor era algo que solo exist�a en las leyendas que mi aya me contaba antes de dormir, y que no estaba hecho para los los elfos, seres inmortalesm condenados a una existencia eterna sin llegar a sentir lo que vosotros, humanos, ya conoc�ais. Desde el primer d�a que te vi, siento que me estremezco con tan solo o�r tu voz y que mi interior quema con un fuego que soy incapaz de dominar y  que siento deseos que jamas imagin� llegar a sentir. Temo que si sales hoy por esa puerta, jamas sabr� lo que es amar a un hombre. �Apenas reconoc�a mis propias palabras. Pero todas y cada una eran tan ciertas como la pura verdad. Le deseaba. Si le amaba y le deseaba.
- Mi querida Driad- dijo �l- cada roce de tu piel me hace recordar sensaciones que cre�a olvidadas, cada palabra que de tu boca sale me hace desear que susurres junto a mi por las ma�anas. Cr�eme si te digo que no hay nada que desee m�s que sentir todo tu cuerpo en contacto con el m�o...pero no quiero hacerte da�o, no quiero hacer nada que tu no est�s dispuesta  a hacer...
- Ettiene, tengo miedo lo confieso. Nunca he estado con un hombre. Tu me diste mi primer beso de amor y no puedo pensar en nadie mas para que con sus caricias me lleve hasta el m�s bello infinito.
No lo pod�a creer all� estaba ella delante de m�, aquel �ngel que me lo hab�a devuelto todo. Por un momento me sent� atra�do por aquellos bellos ojos nada me importaba ya solo quer�a estar a su lado .
- Venid mi se�ora iremos a un lugar donde nadie nos moleste.
- Con vos al fin del mundo.
Tomo mi mano y un mill�n de sentimientos lleno mi cabeza. Lentamente caminamos hacia un gran espejo que cubr�a la pared del fondo de la habitaci�n. Coloque mi mano sobre el fr�o cristal y mirando a Driad susurre. -Por el poder de Tark os ordeno que nos dejeis pasar.Ba Lad Nasos. Mi mano traspaso el portal como si fuese agua. Mire a Driad y pude ver una gran sonrisa en su bello rostro sus ojos estaban llenos de alegr�a, era tan bella, dios como la amaba. - Entremos nos llevara a un m�gico lugar donde jamas so�asteis estar. Traspasamos el cristal y luego un t�nel de gusano para aparecer encima de las nubes.
-�Donde estamos mi se�or Ettiene?, �que bello lugar es este?.
- Estamos sobre las nubes, sol�a venir aqu� a pensar y a hablar con las estrellas. Cuanto tiempo sin venir. No recordaba lo bello que pude llegar a ser esto. �Quer�is bailar bella dama con este humilde mortal?
- Ser� un placer Nos abrazamos bajo las estrellas y danzamos al son de una bella melod�a.
- Ettiene quiero que sep�is una cosa
-Shhhhhhhhhhhh, no dig�is nada
Un m�gico beso nos sumi� en el m�s absoluto silencio. El aroma a jazm�n llenaba mis sentidos si hubiese podido hubiera detenido el tiempo en aquel momento. De repente una lluvia de p�talos de rosa nos cubri� mientras la dulzura de sus labios me transportaba mas all� de las estrellas. Por un momento la dama negra, Lain.... todo quedo a un lado, solo exist�amos ella y yo. Empec� a besar con dulzura sus hombros, su cuello. Su piel era tersa y suave como la seda. Ella se ofreci� a m�. Con un giro de mi mano unas nubes se convirtieron en un precioso y ornamentado lecho. La cog� en brazos mientras ella me dedicaba una dulce sonrisa, en ese momento cre� volver a nacer su belleza no tenia rival, incluso las estrellas, la luna , la noche no pod�an competir con mi amada, con Driad. La deje suavemente sobre el lecho. Mientras me despojaba de mi armadura. Ella se despoj� del bello vestido con solo tirar de un nudo. Los dos estabamos desnudos bajo la luz de la luna. La sensaci�n fue indescriptible nuestros cuerpos cubiertos por la noche. - Que bella sois, os debo tanto, tanto...
No me dio tiempo a terminar la frase su brazos me aferraron a m� mientras mis labios eran silenciados con otro dulce beso, la abrace fuertemente no quer�a que se fuera jamas de mi lado pues eso seria la mas cruel de las muertes. Note el roce su piel sobre la m�a sus senos apretados contra mi torso. Quer�a poseerla, necesitaba poseerla. Mis manos acariciaron todo su cuerpo, al igual que mi lengua empezando por sus dulces labios y terminado por sus fuertes muslos. Hacia mucho tiempo que no estaba con una dama. La verdad es que hab�a estado con muchas pero nunca con una como ella. Su rostro reflejaba la felicidad y el placer sus ojos entornados as� me lo demostraban, recorr� todos los rincones de su cuerpo con mis labios mientras los p�talos de rosas ca�an sobre nosotros. Ella susurraba algo en el lenguaje elfo y pronunciaba mi nombre. Por un momento me qued� mir�ndola perdi�ndome en sus ojos, en aquella infinita belleza. No consentir�a que nadie me separara de ella. Pas� mi mano por su rostro apartando su cabello para poder admirarla mejor. -�Que os pasa Ettiene? �Por que me mirais asi? - Driad os amo
Entonces me dispuse a saborear de nuevo sus labios, aquellos dulces labios que me volv�an loco y que me atrapaban en un sue�o, en un hermoso sue�o y fue en ese momento cuando la pose�. Ella se abri� para mi, como lo hacen las flores al alba, para recibir sobre ellas sus primeros rayos de sol. Su carne virgen tembl� ante la primera embestida de mi sexo y un leve gemido salio de sus labios, pero pronto y gracias a la suavidad de mis caricias, su dolor se torno placer y su cara se ilumin� con una amplia sonrisa.  Alcanzar el extasis a su lado fue tan sobrenatural como lo era toda ella.Yacimos toda la noche hasta el alba. Cuando desgraciadamente tuvimos que volver a la realidad. Cuando traspasamos el m�gico umbral un silencio nos envolvi�.
-�Que vais hacer con La�n?
- Aun no lo se, no le amo, los �nicos recuerdos que tengo de  el son los de un soldado fiel a mi padre. Recto y respetuoso... pero jamas sent� amor por �l.
- Podemos irnos hoy y olvidar todo esto olvidar a la dama oscura, a La�n, todo.
- Sab�is mi se�or, que no puedo hacerlo, me gustar�a ya que no hay nada que m�s desee que estar junto a vos, me hubiese encantado conoceros en otro momento. Pero debo de afrontar mi destino.
Las palabras de Driad zumbaron en mi mente como miles de abejas, ella tenia raz�n, Luo tenia raz�n. Ella era una princesa y no pod�a dejar a su pueblo y m�s en un momento como este. Me sent�a avergonzado por mis declaraciones. Agach� la cabeza.
- Como gust�is solo quiero que sep�is que siempre estar� a vuestro lado, elij�is lo que elij�is. Nunca caminareis sola de nuevo. Ahora he de partir debo de hablar con Luo - sal� de la habitaci�n hab�a notado que hab�a desaparecido la felicidad de sus ojos. Cerr� la puerta despacio temiendo que al cerrarla ella se esfumara como un bello sue�o. La amaba tanto, que estaba dispuesto hacer cualquier sacrificio por ella, incluso estaba dispuesto a sacrificar nuestro amor si con ello Driad era feliz. Me encontraba delante de la puerta de Luo hab�a llegado el momento.
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