| El
misionero es un puñado de bondad con un bolsillo
lleno de folletos, de sabiduría, con un escaso conocimiento
de la Biblia, con Fe, poco dinero en el bolsillo y a dos
semanas de la llegada de su siguiente cheque.
El
misionero es una conglomeración. Tiene el apetito
de un caballo, el entusiasmo de un cohete, la paciencia
de Job, la persistencia de un agente viajero y el valor
de un domador de fieras.
Les entusiasma poco el folleto bajo la lluvia, las ama de
casa que les dan con las puertas en la nariz, los apartamentos,
los cambios, él tener que dar la mano de lejos a
las señoritas, los relojes despertadores y las cartas
que comienzan con: “Mi querido Juan”.
No
hay otro que se levante tan temprano, no hay otro que este
tan cansado a las 10:30 de la noche, no hay otro que pueda
entusiasmarse y conmoverse mas al terminar un día
lleno de decepciones con alguien que le diga: “pasen,
los hemos estado esperando”.
Si
el misionero es un ser raro que puede ponerse nostálgico;
por un momento, puede perder la Fe en él genero humano,
pero un nudo raro se le forma en la garganta el día
que reciba su carta de relevo, y al llegar a su casa su
primer discurso quizás tenga la frase considerada
un poco tellada:
“El
tiempo que pase como misionero, ha sido la época
más feliz de mi vida.”
“Los obstáculos son algo que solo veras si
apartas tus ojos de la meta.”
“Dios ama a todos, pero no en todos confía.”
“Como el hombre es, Dios una vez fue; como Dios ahora
es, el hombre puede llegar a ser.”
|