| La fama precedía
al misterioso visitante, y aunque nadie lo había
visto, se decía que el maestro tenía las respuestas
a todas las preguntas. Por eso esa madrugada, sin que ninguno
de su casa lo notara, lo fue a ver a la tienda que le habían
avisado, había armado junto al río.
Cuando llegó, el sol recién había terminado
de separarse del horizonte.
Encontró al Iluminado meditando.
Esperó respetuosamente unos minutos hasta que el
maestro notó su presencia...
En ese momento, y como si lo estuviera esperando, giró
hacia él y con una plácida expresión,
lo miró a los ojos en silencio.
- Maestro, ayúdame. - dijo el hombre - Pensamientos
terribles asaltan mis noches y no tengo paz ni ánimo
para descansar y disfrutar de las cosas que vivo. Dicen
que tú lo resuelves todo. Ayúdame a escapar
de esta angustia...
El maestro sonrió y le dijo:
- Te contaré un cuento:
"... Un hombre rico mandó a su criado al mercado
en busca de alimentos. Pero a poco de llegar allí,
se cruzó con la muerte que lo miró fijamente
a los ojos.
El criado empalideció del susto y salió corriendo
dejando tras de sí las compras y la mula. Jadeando,
llegó a casa de su amo:
- Amo, Amo!. Por favor, necesito un caballo y algo de dinero
para salir ya mismo de la ciudad... Si salgo ya mismo quizás
llegue a Tamur antes del anochecer... por favor amo, por
favor...!
El señor le preguntó sobre el motivo de tan
urgente pedido y el criado le contó a borbotones
su encuentro con la muerte.
El dueño de casa pensó un instante y alargándole
una bolsa de monedas le dijo:
- Bien, sea. Vete. Llévate el caballo negro que es
el más veloz que tengo.
- Gracias amo - dijo el sirviente y, tras besarle las manos,
corrió al establo, montó el caballo y partió
velozmente hacia la ciudad de Tamur.
Cuando el sirviente se hubo perdido de vista, el acaudalado
hombre caminó hacia el mercado buscando a la muerte.
- ¿Por qué asustaste a mi sirviente? - le
preguntó en cuanto la vió.
- ¿Asustarlo yo? - preguntó la muerte.
- Sí - dijo el hombre rico - él me dijo que
hoy se cruzó contigo y lo miraste amenazante.
- Yo no lo miré amenazante - dijo la muerte - lo
miré sorprendida. No esperaba verlo aquí esta
tarde, porque se supone que tengo que recogerlo en Tamur
esta noche!!
- ¿Entiendes? - preguntó
- Claro que entiendo, maestro, intentar escapar de los malos
pensamientos es salir a buscarlos.
Huir de la muerte es ir a su encuentro.
- Así es.
- Tengo tanto que agradecerte, maestro... - dijo el hombre
- Siento que desde esta misma noche dormiré tan tranquilo
recordando este cuento que me levantaré sereno casa
mañana...
- Desde esta noche... - interrumpió el anciano -
no habrá más mañanas.
- No entiendo - dijo el hombre.
- Entonces... no entendiste el cuento.
El hombre, sorprendido, miró al Iluminado
y vio que la expresión de su cara,
ya no era la misma...
|