Dos
monjes que iban en una peregrinación llegaron al
vado de un río. Allí vieron a una muchacha
vestidas con todas sus galas, obviamente sin saber que
hacer, puesto que el río era profundo y ella no
quería echar a perder su ropa.
Sin mas preámbulos uno de los monjes la cargo sobre
la espalda, la llevo a través del río y
la puso sobre tierra seca en el otro lado. Luego los monjes
continuaron su camino. Pero después de una hora,
el otro monje comenzó a quejarse: