| El hombre miró
a su alrededor y dijo: "Dios, déjame verte".
Y una estrella brilló en el cielo. Pero el hombre
no la vio.
El hombre comenzó a gritar: "Dios, muéstrame
un milagro".
Y un niño nació. Mas el hombre no sintió
el latir de la vida.
Entonces el hombre comenzó a llorar y a desesperarse:
"Dios, tócame y déjame saber que estás
aquí conmigo..." Y una mariposa se posó
suavemente en su hombro.
El hombre espantó la mariposa con la mano y desilusionado
continuó su camino, triste, solo y con miedo.
¿Hasta cuándo tenemos que sufrir para comprender
que Dios está siempre donde está la vida?¿Hasta
cuándo mantendremos nuestros ojos y nuestros corazones
cerrados para los milagros de la vida que se presentan diariamente
en todo momento y que son fruto del amor de Dios?
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