| El dueño
sonrío y dio un silbido, y de la perrera salió
Lady, quien corrió por el pasillo de la tienda seguida
de cinco diminutas bolas plateadas de pelaje. Uno de los
cachorros se retrasaba considerablemente detrás de
los demás.
- ¿Que pasa con ese perrito? – Dijo el niño
señalando al cachorro que cojeaba rezagado.
El dueño de la tienda le explico que el veterinario
lo había examinado, y había descubierto que
no tenia la cavidad del hueso de la cadera. Siempre seria
cojo. El niño se emociono.
- Ese es el cachorro que quiero comprar.
- No tienes que comprar ese perrito – le dijo el dueño
de la tienda -. Si realmente lo quieres te lo daré.
El niño se molesto un poco. Miro directamente a
los ojos del dueño de la tienda, y señalándolo
con el dedo dijo:
- No quiero que me lo regale. Ese perrito vale tanto como
los demás, y pagare todo su valor. En efecto, le
daré $ 2.37 ahora, y cincuenta centavos mensuales
hasta que lo haya pagado completamente.
- No creo que quieras comprar ese perrito – replico
el dueño -. Nunca va a poder correr ni jugar ni saltar
contigo como los demás cachorros.
En ese momento, el pequeño se agacho y arremango
su pantalón para mostrar una pierna malamente lisiada,
retorcida y sujeta por una gran abrazadera de metal.
- ¡Bien – replico suavemente el niño
mirando al dueño de la tienda – yo tampoco
corro muy bien, y el cachorrito necesitara a alguien que
lo entienda!
Dan Clark
Weathearing the storm
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