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Yo entiendo
que buscas paz y que estás cansado de pelear. Pero...
contéstame una cosa: ¿de verdad crees que
lo mejor es salir sin despedirte? ¿No crees que sería
mejor esperar a que ella regrese y hablarle de tus planes?
¿No crees que sería mejor tomarte el tiempo
necesario para sentar sobre tus piernas a tu pequeño
hijo y decirle a dónde vas, cuando volverás
a verlo y, sobre todo, que no has dejado de quererlo a él?
Cierra esa puerta y antes de que te vayas siéntate
un poco y escúchame.
Déjame que te diga que si tú te vas sin hablar
con tu familia, vas a abrir una herida muy grande en el
corazón de tu esposa, pero más grande aún
en el pequeño y frágil corazón de tu
hijo.
Si tú te vas como planeas hacerlo, ese niño
que busca con tanto afán tu afecto, se va a sentir
desolado al no encontrarte. Por las noches se va a acostar
asustado preguntándose qué hizo mal para que
tú dejaras de quererlo.
Y por las madrugadas va a despertar con un frío intenso
en su cuerpecito y en su alma sin entender qué hacer
con una soledad que le da tanto miedo. No te vayas así.
Quédate. Habla con tu compañera. Habla con
tu hijo. Si estás decidido a irte, hazlo a la luz
del día, después de hablar con ellos. Que
aunque te duela y les duela, es mejor así porque
tu hijito puede llegar a entender una separación
pero jamás entendería un abandono.
Anda. Regresa y espéralos a que entren por esa puerta
por la que quieres huir. Tal vez si logras hablar con el
corazón en la mano todavía sea posible luchar
por conservar un papá y una mamá unidos para
ese niño que todavía los necesita a ambos.
Tu padre que te ama, Dios
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