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aquél hombre, valientemente, se deslizo por el tubo
(Quemándose las manos) hasta donde estaba el niño,
salvándole la vida.
Un
año y medio más tarde, se ventilaba en la
corte quien calificaba para adoptar al niño (Siendo
administrador de toda la riqueza). Muchos solicitaron, demostraron
lo que creían era necesario para calificar: Trayectoria,
Negocios, Solidez, Riquezas, Etc. Pero a ninguno el niño
aprobó, y esta era una condición sumamente
necesaria.
El
juez volvió a llamar a quienes habían asistido
para que probaran si adoptaban al niño, o si este
le aprobaba, entró a la sala un hombre desconocido.
Caminó lentamente hacia adelante con las manos dentro
de los bolsillos, el juez le preguntó por sus credenciales,
a lo que respondió: "Señoría,
no tengo riquezas ni negocios que me hagan competir contra
todos los que aspiran a adoptar al niño". El
juez le dijo: "¿Pues que hace usted aqui? alguna
razón debe mostrar por la que quiera ser tutor del
niño". El señor dijo: "Solo tengo
estas muestras de amor abnegado" (Al decir esto mostró
sus manos. Estaban blancas, quemadas, desechas).
El
niño al verlo reconoció al hombre que le había
salvado la vida y con lágrimas en sus ojos le abrazo
y el señor fue quien le adoptó.
Hermanos:
Cristo Jesús pagó por tí un precio
incalculable. Entregó su vida para salvar la tuya,
y también te lleva esculpido en las palmas de sus
manos. Él quiere adoptarte como su hijo, no por que
quiera tomar tu riqueza si no para cambiar tu desdicha y
enfermedad por su alegría, riqueza y vida eterna.
¿Aceptarás su adopcion?
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