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A veces nuestros labios, como locas mariposas de amor, se perseguian; los tuyos a los mios siempre huian, y siempre se juntaban nuestras bocas.
Los mios murmuraban: -!Me provocas! los tuyos: - ! Me amedrentas!, respondian; y aunque siepre a la fuga se atenian, las veces que fugaron fueron pocas.
Recuerdo que, una tarde, la querella en el jardin, llevando hasta el exceso, quisistes huir, mas, por mi buena estrella.
En una rosa el faldellin fue preso, y que, despues, bese, la rosa aquella, por haberme ayudado a darte un beso. |
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