INTUICIÓN

Este relato nace en Julio de 2005, aunque, como muchos otros, está relacionado con otros de mis relatos, la idea en si es mucho más antigua.El 3 de agosto de 2006, añado otra "entrega" después de casi un año durmiendo el sueño de los justos ....

I

-Dime. Estaba a punto de llamarte-

-Desde ayer tengo una sensación muy extraña y empiezo a ponerme nerviosa. No logro identificar de qué se trata. Quería saber si tu sientes lo mismo-

Su voz transmitía nerviososmo, al igual que sus palabras. Sintió miedo. Ella nunca se ponía nerviosa.

Se levantó de la silla y recorrió con pasos rápidos los pocos metros que le separaban de la ventana, con el móvil pegado a la oreja.

-Tengo la sensación de que va a pasar algo. Algo malo...-

-¿Tienes mucho lío? ¿Puedo pasar a recogerte a las tres?-

-Como siempre hasta las trancas. Pero lo que no haga hoy siempre lo puedo hacer mañana-

-Te invito a comer. Tal vez entre los dos saquemos algo en claro...-

II

Continuó trabajando. Pero conforme iba avanzando la mañana se sentía cada vez mas inquieto. Y la certidumbre de que algo malo iba a pasar crecía sengudo a segundo.

Miriam no acudió a la cita. Pensó que algo podía haberla retrasado. Algún marroncito de última hora o quizás el tráfico. La llamó al móvil, al del trabajo y al personal. Apagados los dos. No obtuvo respuesta. Le resultó muy extraño, Miriam raras veces apagaba el móvil. Un sms o tal vez un escueto, "ahora no puedo hablar, te llamo luego". Y sinembargo una de sus compañeras le confirmó que a las tres menos cinco había salido de la oficina.

Entonces tuvo la certeza de que algo malo le había pasado. Volvió a casa en el ceranías, muy nervioso. Pensó en llamar a la policía.... pero ¿que iba a decirles? La policía no entendía de intuiciones, solo de hechos.

Apenas pudo comer ni descansar durante toda la tarde, durante toda la noche. Pegado al móvil, llamando a amigos, a compañeros de trabajo. Nada.

De puro agotamiento, se durmió de madrugada.

A la mañana siguiente el coche de Miriam apareció abandonado junto a una estación clasificadora de mercancías, en las afueras de la ciudad...

III

Estaba tirado en la cama, mirando al techo.

Una semana después de la desaparición de Miriam. Ninguna noticia sobre su paradero. Ninguna pista. Nada. En el coche había aparecido su bolso, no faltaba nada. Todo en orden y ni una sola huella. Parecía obra de profesionales. No comprendía por qué alguien podría querer secuestrarla. Por dinero seguro que no. Entre el dinero en metálico y las tarjetas ya había un buen pico.

La policía sugería que se había marchado por su propia voluntad.

No lo creía.

Decidió cogerse unos días de vacaciones. Total, en el trabajo no se concentraba y no le apetecía hacer nada no ver a nadie.

Recordaba su risa y sus ojos color miel.

Se asustó mucho. Se acordaba de ella en pasado... Como si hubiera muerto.

Y se dio cuenta de que solo alguien como ella podía haberla secuestrado o hecho daño.

Eso es lo que había presentido, lo que habían presentido los dos.

Se acurrucó en la cama y rompió a llorar.

IV

Casi podía escuchar la voz de Miriam “No puedes quedarte ahí tirado, esperando a que todo se resuelva por si solo. Concéntrate y usa tu intuición igual que usas el resto de tus sentidos”.

Aunque necesarias, las preguntas de la policía le resultaron pesadas y dolorosas, removiendo sentimientos y recuerdos. Miriam no tenía familia en España. De madre argentina y padre español, sus padres habían muerto hace tiempo sólo le quedaba algún familiar lejano en Argentina. Compañeros de trabajo a parte era quien tenía una relación más estrecha con ella, por lo que era completamente lógico que le bombardearan con todo tipo de preguntas ¿Alguien podría querer hacerle daño? ¿Tenía algún enemigo? ¿Algún motivo por el que pudiera querer desaparecer?

Según las hipótesis de la policía, estaba bastante claro que Miriam se había marchado por su propia voluntad. Era mayor de edad y podía hacer lo que quisiera con su vida.

Recordaba los momentos que habían compartido. De no haberla conocido quizás pensara que se trataba de una aparición, de un sueño.

Según la policía, su piso estaba tal y como lo dejó el día de su desaparición, no había indicios de que hubieran forzado la puerta o revuelto el interior. Eso tendría que comprobarlo por sus propios medios, pero con cuidado, no fuera a levantar sospechas.

Comprendió que igual que habían venido a por ella, podían volver a por él. Se asustó mucho. ¿Quiénes? ¿Y por qué?

Recorrió de puntillas su piso. Las persianas bajadas y todo en penumbra para mitigar el intenso calor del verano. Abrió un armario. En un rincón, su equipo de escalada, criando polvo para no variar. Pies de gato, cuerdas, aneses, mosquetones. Quizás le hiciera falta más pronto de lo que pensaba

V

“Te mueves en silencio, como un gato”. Miriam siempre le decía eso y aun ahora se preguntaba si se trataba de un reproche o de una simple apreciación.

Se quedó quieto un instante sobre la azotea. La grava crujiendo bajo sus pies de gato se le antojaba un estruendo tremendo en medio de la noche, temía llamar la atención.

Desde pequeño tenía una facilidad innata para trepar a lugares altos, primero los barrotes de su cuna, después árboles, tapias, postes del teléfono. Y cuando fue un poco mayor pudo trepar a afiladas cumbres alpinas, cerca del cielo, donde el silencio y la luz e incluso los latidos de su corazon eran especiales.

Ya hacía tiempo que no trepaba a tapias ni a balcones, le bastaban las paredes de un rocódromo o las afiladas aristas de La Cabrera, donde se escapaba siempre que podía.

Unos pocos pasos mas y ya estaba sobre el ático de Miriam. Entre sus planes no estaba romper el precinto policial. Si le encontraban registrando su piso... sería terrible, pasaría a ser el principal sospechoso. No entraba en sus planes.

Dejó el rollo de cuerda que llevaba al hombro en el suelo y busco un lugar donde fijarlo. Mmmm rodeando aquella chimenea, si, parecía sólida. La pasó por el desdendedor y se acerco al borde de la azotea.

Bajó despacio, como una araña desdendiento a través de su hilo, hilo de Ariadna, buscando un leve detalle, una pista de donde se encontraba Miriam, de quien se la había llevado...

Sus pies de gato rozaron suavemente las baldosas de la terraza. Sacó la cuerda del descendedor y alagro el brazo hasta la puerta. Estaba abierta, casi imperceptiblemente, pero abierta.

El interior estaba tal y como lo recordaba, apenas una semana antes había estado allí. Recorrió lentamente cada estancia a la luz de una linterna. Todo estaba perfectamente ordenado (Miriam era muy cuidadosa, constantemente le regañaba por como tenía su casa, la mesa del trabajo, el maletero del coche....).

Estaba a punto de marcharse cuando se dio cuenta de que no había visto su portatil por ningún sitio... Ahora que lo pensaba, su ipaq tampoco apareció en el coche....

Después de mucho buscar, todo lo que encontró fue una pequeña cámara digital. Quizás le diera alguna pista.

Se fue por donde había venido, con el mismo silencio.. como un gato..

Pero algo no andaba bien. Estaba nervioso, con los nervios a flor de piel, de nuevo con la sensacion de que algo malo iba a ocurrir...

Apenas le dio tiempo a poner los pies en la seguridad del suelo. Unos brazos surgieron de la nada y le apretaron un trapo empapado en un líquido de olor fuerte contra la cara...

VI

En la calle hacía demasiado calor. La boca de metro se le antojaba una puerta abierta a un paraiso de penumbra y frescor donde modernos trenes se encargaban de transportale en un suspiro al otro extremo de la ciudad. Además, no le apetecía caminar.

Dejó que las escaleras mecánicas le llevaran poco a poco hasta las entrañas de la tierra, mientras admiraba la arquitectura de la estación.La habían abierto apenas hace un año y sin duda era toda una obra de ingeniería.

Unos pocos escalones mas abajo, un policia, que también se dejaba llevar por la escalera mecánica.

Sin saber por qué, la pistola que llevaba en la cintura atrajo su atención como un imán. Se imaginó por un instante con ella en las manos. ¿Cuanto pesaría? ¿Cuantas balas habría en el cargador?

Sacudió la cabeza. No le gustaban las armas, aunque comprendiera que hasta cierto punto eran necesarias. En las manos equivocadas eran fuente de horror, de muerte, de dolor.

Sin quererlo de nuevo volvió a pensar en la pistola. El policía parecía distraido, así que le pareció fatible acercarse a el por la espalda y arrebatarle el arma. Miro a su alrededor. La escalera mecánica se acababa unos metros mas adelante y daba paso a un amplio vestibulo. Había varías personas junto a la taquilla, esperando su turno para comprar un billete. Con una pistola podría matarlos a todos. A todos.

No entendía que le pasaba. Temblaban sus manos, todo su ser, sudaba a chorros, concentrando hasta el último gramo de su voluntad en ignorar aquela voz que bramaba en su cabeza, que le exigía que se abalanzara sobr el polícia y que le arrebatara el arma. Que le instaba a convertir aquel lugar en una orgia de sangre.

Con gran esfuerzo logró ignorar aquella voz. El policía se dirigió a la taquilla y él sacó el billete del bolsillo con manos temblorosas, encaminandose hacia los torniquetes.

Entonces algo pasó. Todas las personas que había en el vestibulo se volvieron hacia él como si de una sola se tratara y le señalaron. Empezaron a caminar hacia donde se encontraba con pasos rápidos.

Nada de aquello tenía sentido. No fue capaz de meter el billete por la ranura, salto los torniquetes y comenzó a correr escaleras abajo, en dirección a los andenes.

Le estaban esperando. Toda la gente que abarrotaba el anden le estaba esperando. Le atraparon, como atrapa a una tela de araña a una mosca. Le cogieron en volandas, llevandolo cada vez vás cerca de las vías.... Como si quisieran tirarle allí....

Intentaba zafarse de ellos, gritaba, pataleaba, pero todo era inutil.

Entonces escuchó un chirrido que le heló el alma. Un tren estaba a punto de entrar en la estación...

VII

No sabía donde estaba ni qué había pasado. Le dolía terriblemente la cabeza. Y esa sensación.... algo horrible estaba a punto de ocurrir... Pero detrás de ese mal había otro mayor y por mucho que lo intentara no podía salir corriendo, porque le atraía como un imán, como la oscuridad, como el ojo de un huracán...

Acabó de despertar. Apenas podía moverse y le dolía la cabeza mucho muchó. Trató de incorporarse, sin apenas hacer ruido. Tenía las manos atadas con algo que rompió facilmente. Se atrevió a abrir los ojos. Al principio no podía ver nada. Poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pudo ver que se encontraba en el interior de una furgoneta, o de un pequeño camión. Suelo metálico y olor a gasoil... Se sentía algo mareado, se recostó en una de las paredes metálicas del vehículo..... respirar y escuchar.... solo eso...

Entonces escuchó unos sollozos ahogados, apenas perceptibles. Y de nuevo aquella sensacion de que algo horrible estaba a punto de ocurrir...

Se atrevió a abrir lentamente la puerta corredera.... Fuera, oscuridad.... Y ella...

No tendría más de 17 o 18 años, el pelo rapado al cero y delgada.... demasiado delgada, enfermiza. La mirada perdida, sentada en el suelo y sus manos.... sus manos jugeteaban con una pistola... pero parecían tener voluntad propia.... se empeñaban en apuntar el arma contra sus sienes, como si quisiera suicidarse.

De un salto, se abalanzo sobre ella y le arrebató el arma y la lanzó lejos. Ella no se resistió, solo lloraba y se apretaba contra el suelo como si quisiera esconderse dentro de la tierra.

No le dio tiempo a nada más. El estampido de un disparo, demasiado cerca de él y ella dejó de llorar y de moverse. Y otro disparo más, se arrasró al interior de la furgoneta, por suerte la puerta del copiloto estaba abierta. Busco las llaves, estaben en el contactó, arranco y salió todo lo rápido que pudo...

Pensaba que no podía dejarla allí tirada, que quizás aun estaba viva, pero tenía miedo, mucho miedo, el eco de los disparos resonaba en su cabeza, podían haberle matado.... Lo que había presentido se había cumplido, como un destino fatal que le persiguiera, pero había algo más, algo terrible que le arrastraba como un huracán y que no era capaz de comprender.

Se aferraba al volante con fuerza y lloraba. Estaba en una especie de polígono industrial, desierto y solitario.... Varios minutos después se atrevió a pararse un instante, bajo de la furgoneta y vomitó sobre el asfalto. Cerro la puerta corredera, aun estaba abierta. Volvió al interior, buscando algo que le permitiera deserredar aquel laberinto.... La furgoneta era alquilada, la documentación no le aportaba nada... En una guantera, se topó con la cámara de fotos de Miriam. Se extraño de encontrara allí, era lo único que tenía para encontrar a Miriam.....

Unas cuantas fotos, un lugar en la costa.... Era demasiado poco...

Ni siquiera sabía donde estaba, quizás cuando amaneciera podría orientarse. Bajo la luz del sol las cosas se ven de otra forma.....

VIII

Mientras dormía, su mente seguía trabajando. Y volvía a virir esa sensación, esa intuición que había sentido antes de que Miriam. Esa sensación tan descorazonadora no le era desconocida..

Sol, calor, brisa, olor a mar y las manos de su madre poniendole crema en la cara. Arena, cubos, palas y castillos.

Era todavía demasiado pequeño para saber lo que era el amor. Pero le gustaba estar cerca de aquella niña. Jugar con ella, hacer castillos de arena. A su lado se sentía seguro y a gusto. Ni siquiera ahora sería capaz de explicarlo, o quizás si. Entre ellos no hacían falta palabras.

Pero un día, sintió aquello. Como si e arañaran la cara por dentro.... Algo malo iba a ocurrir....

Otro día de playa, pero distinto. Había calima y no podía ver el azul infinito del cielo que tanto le gustaba....... el azul infinito del cielo, como el iris de aquella mujer... Se acercó a él, se agachó y le miró a los ojos.... Y volvió a sentir aquella sensación, era desagradable y tenía miedo. Se alejó de allí todo lo rápido que le permitía su pequeño cuerpo, corrio hasta donde estaba su madre...

Aquel día hubo un gran revuelo en la playa. La niña con la que tanto le gustaba jugar desapareció. Y nadie logró encontrarla.

Despertó sudoroso. Estaba en la parte trasera de la furgoneta, en un area de servicio. De nuevo era de noche. ¿Habría dormido todo el día?

Se aseó en el baño de la gasolinera y compró para comer. Tenía que desacerse de la furgoneta, probablemente la estuvieran buscando o no tardarían en hacerlo....

Y recordaba lo que había soñado.... Hacía mucho tiempo que no se acordaba de aquello ocurrió cuando era pequeño, muy pequeño... Otra vez....

Quizás, quienes se llevaron a esa niña se llevaron también a Miriam. Y estaban detrás de él.... otra vez....

IX

Abrió los ojos lentamente. A pesar de todo estava viva. Y no podía asegurar si era una bendición o una maldición. En aquel momento, no.

Se quedó unos instantes tumbada, con la vista fija en el techo de un blanco inmaculado y respirando pesada mente. Se sentía algo mareada. Comprobó que había marcas de agujas en su antebrazo derecho. Probablemente le hubieran mantenido sedada mientras le realizaban algún tipo de pruebas. Tenía recuerdos confusos e inconexos. Era incapaz de precisar cuantos días llevaba allí. Los días se confundían unos con otros ...

Intentó ponerse en pie. La habitación era muy sencilla: una cama, un pequeño cuarto de baño, paredes recubiertas de espejos y una pequeña ventana. Sus piernas parecían de goma pero tras varios intententos lo consiguió. Recorrió los escasos metros que le separaban de la ventana con pasos vacilantes, se le antojó una distancia enorme. El corazón le latía con fuerza en las sienes.

El paisaje merecía la pena. A sus pies el mar embravecido. En el horizonte infinito del mar, una pequeña bola naranja alzándose tímidamente. Estaba amaneciendo.

Sus recuerdos eran confusos, mucho, pero aquel lugar le resultaba vagamente familiar. Recordaba haber estado allí o quizás cerca. Recordaba una pequeña cámara digital llena de fotos de paisajes semejantes a ese. Grandes acantilnados, llenos de extranas construcciones de hormigón. Recordaba verlos en su piso, en un ordenador, lejos de allí ... Recordaba ....

Por un instante lo vio todo claro: intentaban que se derrumbara, como el mar intentaba erosionar con cada impulso los acantilados. Y no lo habían conseguido todavía no ...

Pero todo podía cambiar.

Miriam comenzó a llorar, en silencio. Observó su imagen reflejada en los espejos. Estaba más delgada, el pelo lacio y sus ojos marrones habían perdido parte de su brillo. Estaba segura de que la observaban, en otro momento le hubiera irritado profundamente, pero ni siquiera le quedaban fuerzas para enfadarse.

Se sentó en el suelo, hecha un ovillo y continuó llorando.

 

 

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