Al despertar a eso de las 7:00 de la mañana, las cabeza decía que si pero las piernas afirmaban que no. Es dificil de explicar, son sensaciones que tiene uno cuando decide coger la bici para ir más lejos que a la vuelta de la esquina, y más si hay cuestalones de por medio.

Está amaneciendo. Pongo el parcial a cero y comienzo a pedalear.

Hace fresco y la luna me soprende en el cielo del alba. En la primera bajada las manos se me quedan heladas.

El disco solar ascendiendo en el cielo de la mañana, sobre un paisaje desolador.

Una vez hubo agua aquí, hace apenas unos meses. A esta planicie desoladora yo la llamo “chott” que es como se llama en África a los lagos secos.

En las primeras cuestas las piernas dicen que no, no voy nada. Poco a poco me voy encontrando mejor, segun entra la mañana.
La mayor parte del rrecorrido es por carretera, pero tiene un par de tramos de pista, por eso elegí la bici de montaña. Va peor por carretera -hay que arrastrar las cubiertas anchas y llenas de tacos- , pero se encuentra muy a gusto en pistas y se come las piedras sin rechistar. La de carretera ama el asfalto, pero la tierra no puede ni verla y sus estrechas cubiertas de solo 2 cm de ancho son muy sensibles a cualquier imprevisto, como una piedra, un cambio de asfalto o un bache que no logras esquivar (os lo dice uno que ha reventado la rueda de atrás y no es plato de gusto).
Hay bajadas de 60 por hora y subidas de 6 por hora en una pista de grava, asfalto impecable, pistas de tierra....
Y como normalmente vas bastante despacio, entre 10 y 40 por hora (las piernas no dan pa mas), te da tiempo a fijarte en detalles que pasan inadvertidos cuando vas en coche y si algo te llama la atencion puedes pararte en una orilla donde no estorbes y contemplarlo con más detenimiento....

¡Otra cuesta más no!

Al fondo, Sacedón. Y allá arriba, mi destino, el Sagrado Corazón. ¿Hasta allí arriba tengo que subir?

¿Me voy para Zaragoza a conocer a unas blogeras? Iba a tardar un poquito, asi que va a ser que no. (Por cierto que con la tontería me equivoqué en un cruce y tuve que hacer una pirula.

Un ojo de gato sobre el asfalto. Son unos flectantes pegados al aslfalto del arcén, muy últiles en conducción noscturna, pero un auténtico fastidio yendo en bici, cuando pisas uno yendo con la de carretera (con sus estrechas cubiertas) a 60 por hora....

Con una cámara en la mano..... siempre pienso qué saldra si la dejo en el suelo

Poca agua en el embalse de entrepeñas :(

Vamos llegando donde quería, allá arriba, muy arriba. La subida es bastante dura, mucha pendiente, poco agarre y el calorcico que empieza a apretar.

Pero el paisaje que se divisa desde arriba compensa los sudores. Alguna foto tuve que repetirla porque me temblaba el pulso, del esfuerzo.

Presa de Entrepeñas

Sacedón (Guadalajara)

Me compo unas barritas de cereales, llamo a mi mami para decirque que estoy entero mas que nada y para abajo.

Para la bajada conviene tener pulso firme, mucha pendiente, piedra suelta y el vacío a la derecha. Todo el rato sin soltar los frenos.

Un pick-up de los bomberos.

Paso por Sacedón a coger agua. Al salir de Sacedón entraban dos moteros a lomos de sus Honda CBR. Sacedón es pueblo de moteros, porque no está lejos de Madrid y tiene carreteras preciosas, llenas de curvas.


De Sacedón me gusta sobre todo que hay gente. Gente. Hay tiendas, bares, hostales, una gasolinera, colegio, instituto. A diferencia de los minúsculos pueblos donde en invierno apenas hay cuatro viejos, allí vive gente, gente joven.

Internet llega hasta aquí ;)

De vuelta a casa, paso por Alcocer.

Antiguo almacén de cereral

Fuente del juego de pelota, medio seca.

Una escultura muy curiosa en un parque.

Vista de Alcocer desde la vega.

Ya estoy en casa. Han sido 4 horas de jarana y 49 km más sobre las piernas. Estoy agotado. Mucha agua, galletas artesanas de mi madre y chocolate. Me tumbo a la bartola a ver la GP2. Ducharme no puedo porque no hay agua, me tuve que conformar con el “lavado del gato”.

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