El perd�n, una alternativa frente a la infidelidad
por Ps.
Fernando Alexis Jim�nez
La relaci�n de Ana Rosario y Eduardo se convirti� en un infierno el d�a que descubri� la carta que le dirig�a su esposa a un viejo conocido. En la misiva le expresaba, no solo su admiraci�n, sino lo que calificaba de sentimiento oculto que no pod�a definir como amor pero que iba m�s all� de la atracci�n.

--Sent� que el mundo se hund�a bajo mis pies porque a mi esposa siempre la consider� transparente en todo, salvo la faceta oculta que descubr� aqu�l d�a�confes� Eduardo tres a�os despu�s, mientras nos tom�bamos un caf� en el centro de Cali.

En medio de actitudes de rechazo, resentimiento, dolor y una extra�a mezcla de tristeza y rabia contenida, rememor� las escenas que a partir de entonces se sucedieron en su hogar, signadas por frecuentes discusiones, al t�rmino de las cuales cada uno terminaba con m�s heridas sentimentales que antes.

--Cada vez que la veo, pienso, no solo que me enga�a sino que lo har�a de nuevo. Y creo que no puedo seguir en estas circunstancias--, admiti� con impotencia porque comprobaba, d�a a d�a, que su matrimonio se desmoronaba progresivamente, sin aparente salida al laberinto.

Concluyendo la conversaci�n, frustrante por dem�s ya que Eduardo se negaba a la posibilidad de perdonarla y darle una nueva oportunidad, me extendi� una hoja cuidadosamente doblada.

--L�ala... �me dijo�esa es la carta de que la hablo. No solo la descubr�, sino que la he guardado desde entonces. L�ala. Y compruebe por usted mismo de todo lo que es capaz mi esposa. La carta desde hoy es suya--.

--�Segura que es m�a?�respond�.

--Totalmente�dijo con determinaci�n, para, acto seguido, gritar horrorizado:� �Qu� est� haciendo?�C�mo se le ocurre romper la carta? La conserv�  todos estos a�os para que usted, sin leerla, decida sin m�s ni m�s romperla... �Usted est� loco!�. Y sali� de la cafeter�a, airado, murmurando y con visible molestia que se reflejaba en su rostro y en sus ademanes.

Dos d�as despu�s llam� a mi oficina: �Quiero que hablemos. He reconsiderado las cosas. Si perdonar a mi esposa es la soluci�n, quiero intentarlo�.

No fue f�cil. Las heridas estaban abiertas, pero con ayuda de Dios, tanto Eduardo como Ana Rosario lograron superar esa situaci�n.



��Qu� hago frente a la infidelidad de mi c�nyuge?�

Tras escribir el art�culo: �Infidelidad: origen, evoluci�n y consecuencias�, llovieron sobre mi correo electr�nico infinidad de cartas de todas partes, con una pregunta recurrente: ��Qu� hago frente a la infidelidad de mi c�nyuge?� y otra que me llam� mucho la atenci�n porque se repet�a una y otra vez: �Usted escribe sobre la infidelidad del hombre... �Y cuando es la mujer quien incurre en infidelidad?�Qu� hacer?�Pasar por alto el error?�No podr�a hacerlo!�.

La infidelidad tiene iguales dimensiones, tanto en el hombre como en la mujer. Lamentablemente en una sociedad machista como la latinoamericana, el que una mujer le falte a su esposo, reviste mayor esc�ndalo que cuando se trata del hombre quien pasa por encima de la lealtad que le debe a su c�nyuge.

Si el esposo considera que debe ser perdonado y recibir una nueva oportunidad, la esposa igualmente debe tener la posibilidad, no solo del perd�n, sino de una nueva oportunidad. Puede sonar a un juego de palabras, pero encierra un significado que se vierte en un principio claro: si bien es cierto que la infidelidad no tiene justificaci�n, tampoco tiene justificaci�n que se vea admisible en el hombre mientras que a la mujer se le condena.



El perd�n va m�s all� de las palabras

En cierta ocasi�n el ap�stol Pedro se acerc� a Jes�s y le dijo: �Se�or, �Cu�ntas veces perdonar� a mi hermano que peque contra mi?�Hasta siete? Jes�s le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete� (Mateo 18: 21, 22).

�Entendi� el significado de esta respuesta de Jesucristo? Si no es as�, l�ala de nuevo. Sin importar si usted es cat�lico o protestante o si quiz� profesa otros principios religiosos, entiendo que el perd�n, a la luz de las Escrituras e incluso de los libros que rigen filosof�as de oriente, es perd�n y no tiene car�cter limitado.

Setenta veces siete significa justamente eso: de manera ilimitada. Ahora, lo m�s f�cil es decir: �Me caus� tanto da�o, que no puedo perdonarle�. Pero al hacerlo, nos negamos la posibilidad de comenzar de nuevo, y por a�os arrastraremos la carta del odio, el rencor o el resentimiento.

Viene a mi mente el pasaje de la Biblia en el que una mujer es llevada a Jes�s para conocer su opini�n. Hab�a sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, y los jud�os pretend�an lapidarla, es decir, darle muerte con piedras. (Entre otras cosas, es curioso que llevaran a juicio a la ad�ltera pero no al ad�ltero, cuando el adulterio lo cometen dos y no solo una persona).

Despu�s que Jes�s exhorta a los presentes para que, quien estuviese libre de pecado, arrojara la primera piedra, nadie qued� en el lugar. S�lo la ad�ltera. � Enderez�ndose Jes�s, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, �d�nde est�n los que te acusaban?�Ninguno te conden�?. Ella dijo: Ninguno, Se�or, Entonces Jes�s le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques m�s� (Juan 8:10, 11).

Respeto lo que opinen pastores, l�deres y cristianos comprometidos al leer este estudio, pero tengo claro como debe tenerlo usted, que si Dios le brind� a trav�s de su Hijo, una segunda oportunidad a una ad�ltera, y no solo eso, sino que le inst� a cambiar su vida �C�mo podr�amos nosotros negar el perd�n?�C�mo cerrarle las puertas a una segunda oportunidad?.



Abandonando el pasado

S�lo cuando romp� esa carta, sin leerla por supuesto, Eduardo comprendi� que hab�a perdido tres a�os de su vida en discusiones con su esposa, con la que quer�a vivir pero a quien no le perdonaba su presunta infidelidad. Cuando ya no pudo torturarse esa tarde leyendo el contenido, entendi� que era necesario perdonar.

�Dif�cil? No lo dudo. Pero cuando involucramos a Dios para que nos ayude en ese proceso, estoy convencido que no es imposible, como pudi�ramos pensar.

�Y si fuera usted? Imagine por un instante que esa infidelidad que descubri� en su c�nyuge, la hubiese cometido usted. �Esperar�a perd�n? Entonces �Por qu� se niega a perdonar?.



En las fuerzas de Dios

Admito que no es f�cil comenzar de nuevo, pero es necesario, m�s cuando los dos tienen claro que no quieren romper su relaci�n matrimonial y al menos uno de los dos est� dispuesto a aprovechar una segunda oportunidad, si se la ofrecen.

A partir de ese momento, todo se circunscribe a comenzar de cero. Es decir, avanzar en el proceso de sobreponerse a la situaci�n y consecuencias que se derivaron de la infidelidad.

Alguien me dijo, y reconozco que es comprensible su posici�n: �No es f�cil perdonar y, m�s a�n, volver a confiar�. Pero creo que si sometemos a Dios nuestros sentimientos y le pedimos su fortaleza, lo lograremos. Me fundamento en un principio que traz� el ap�stol Pablo al escribir: �Todo lo puedo en Cristo que me fortaleza� (Filipenses 4:13).

En nuestras fuerzas no es posible, pero s� con ayuda de Dios. No olvide que El nos cre�, conoce nuestras �reas d�biles y puede transformar, no solo las circunstancias, sino tambi�n nuestros sentimientos.

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