| Amos y esclavos de Venezuela | ||||||||||
| Contra la pared y abre tus piernas!!! Ponte contra la pared y abre tus piernas!!! La calle estaba sola. -Le quedan muy bien sus lentes oscuros, oficial! Que l�stima que no pod�a decirle esto al oficial y que ten�a que guardarme para mi mis comentarios sobre sus botas negras brillantes. Cuando se acerc� con cautela a tantear mi cuerpo, sent� el varonil olor de su colonia que entraba por mi nariz y llegaba a mi cerebro, mi vientre y mi huevo. Todo estaba en silencio y pude escuchar como resbalaba su rolo sobre su uniforme pulcro y bien planchado. Sent� el sonido de sus botas pisando firmemente el piso, el tintineo de sus insignias y el sonido de su uniforme al moverse. Sus manos comenzaron a recorrer mi pierna izquierda con mucha cortes�a y entonces not� que esto no pasar�a de ser un simple y rutinario raqueteo. Fue entonces cuando me arrech�. Soy un ciudadano venezolano y como tal no quiero tratos especiales, merezco ser abusado y mal tratado, merezco que este oficial, que est� tan bueno, aplique su fuerza bruta y animal sobre mi. Entonces esper� que sus manos llegaran a mis tobillos y en ese mismo momento cerr� fuertemente mis piernas para lastimar sus dedos con mis tobillos y le dije: -No me da la gana que me revises GUEV�N!!! Los reflejos del oficial fueron tan r�pidos que logr� quitar sus dedos justo a tiempo para evitar que lo lastimara y mucho antes que yo terminar� con mi frase, ya me hab�a retorcido mi brazo en mi espalda y hab�a apretado mi cuerpo contra la pared con el suyo. Su boca estaba tan cerca de mi oreja que pod�a sentir su tibia respiraci�n la vibraci�n de sus suaves palabras y con autoridad y firmeza me dijo: |
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-Tu har�s lo que yo te ordeno!!! Ese calorcito, esa vibraci�n, ese sonido entr� directo a mi est�mago como si fuese un hilo que se templaba y recorr�a mi cuerpo desde mi oreja hasta mis entra�as. Mi huevo comenz� a pararse y me percat� que su firme pecho se presionaba con mi espalda, que sus muslos apretaban mi cuerpo contra la pared y sent� su tibio y acolchado huevo recostado en la parte baja de mi espalda y le dije: -No me da la gana de obedecer, oficial MARISCO! Entonces sent� su cuerpo m�s presionado sobre el m�o, su respiraci�n m�s fuerte y caliente, escuche c�mo sacaba su rolo del cintur�n y sent� como lo enterraba en mi espalda con fuerza. Ahora creo que si lo hice arrechar, ahora debo contentarlo, complacerlo, nutrir su ego y someterme a su poder. Comenc� a mover suave y discretamente la parte baja de mi espalda, friccionando su tibio huevo que, por ahora, se sent�a suave y acolchado y con voz sumisa y arrepentido, le dije: -Oficial, le ruego que disculpe mi indisciplina, le suplico que me perdone, har� todo lo que usted me ordene, cooperar� con usted, obedecer� todo lo que me mande, por favor d�game que tengo que hacer y yo obedecer�! CONTINUAR��. |
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