Lara Croft: Tomb Raider’: primera decepción veraniega

Realmente no hay mucho que decir de la primera película de Tomb Raider. Soy una aficionada al juego, aunque sé que la serie ha decaído un poco (y tampoco crean que soy de las personas que se encierran hasta acabar con el último nivel). Seguramente muchos de ustedes ya vieron Lara Croft: Tomb Raider, así es que me ahorraré la parte anecdótica (Lara busca un artefacto antiguo. Los malos también lo quieren. El que lo posea tendrá un inmenso poder). Para los que no la han visto y gustan del videojuego, habría que aclarar que nada tiene que ver con la serie de Eidos. El director Simon West no se toma la más mínima molestia en hacerla un poco de emoción. No hallarán esos largos niveles laberínticos como el Roma del primer TR, aquel en el que podías estar horas vagabundeando por el Coliseo. El factor acertijo ha quedado reducidísimo. Nada de tengo que jalar la "palanca A" y regresar a mover la "puerta B" para tomar el "artefacto C" que me permitirá regresar al "punto D" y moverme a lo que sigue.

 

Pero esto es comprensible. Los videojuegos y el cine son dos medios de comunicación distintos. Un videojuego es interactivo y todas esas sesiones sádicas de saltar, tomar, resolver y bla bla bla son entretenidas (en algunos juegos no). Al cine vamos a que nos cuenten una historia. No esperaríamos que Lara pasara media película resolviendo un enigma para abrir una puerta. Tampoco, y esto es de mi cosecha, esperaba que el director Simon West redujera la exploración de tumbas antiguas a su mínima expresión.

Eso me decepcionó un poco, pero lo entendí. También puede entender los diálogos sosos y carentes de vida (incluso más que en las escenas cinemáticas del juego, que ya es mucho decir). Pero lo que sí me sorprendió es que Simon West, quien no es precisamente Orson Welles pero tampoco Ed Wood, no pudiera resolver satisfactoriamente una sola secuencia de acción en la película. Y no digo que sean malas, simplemente que les falta punch. Primero hay que ver la absurda velocidad con la que Lara, por ejemplo, encuentra el lugar sagrado en Camboya. Bueno, por lo menos vamos a ver una buena escena de acción, pensé, pero la verdad es que todas me dejaron a medias. Quizá el problema radique en que son muy pocas: cuatro, si mal no recuerdo. Entre todas ellas el argumento rebota torpemente de una cosa a otra, y eso no ayuda en gran cosa. Para cuando me di cuenta, ya estaba viendo la escena final, que no es grandiosa ni groovy ni muy divertida. Es más, ni siquiera ese escape de Lara por el túnel de hielo me pareció bien filmado.

En resumen: esperaba más de Lara Croft: Tomb Raider. Los tráilers se veían buenos. Después de ver una película francamente banal, frívola y estúpidamente divertida de 2 horas como La momia regresa, esperaba lo mismo de este TR, pero sólo me encontré con una cinta banal, frívola y no tan divertida de 1 hora y media.

 

Angelina Jolie, eso sí, da el gatazo. Creo que no habría mejor actriz para encarnar a Lara Croft. Su actitud es mala, ruda y muy, muy cool. El problema es que su papel (así, acartonadote, perfecto) está muy por encima de la mediocre realización. Dicen que ya firmó para dos secuelas, así es que sólo queda esperar que los próximos Tomb Raider en el cine mejoren. De momento, sé que a la audiencia masculina poco le interesará lo que Lucilla tenga que decir de esta película, porque ahí está Angelina Jolie diciéndoles "hola" con esos pechos de silicón. Bueno, es válido. Disfrútenla.

Lucilla Godoy, julio del 2001.

 

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