‘Starship Troopers’: ciencia ficción de pedigrí, cortesía de Robert A. Heinlein (2a parte)

"La guerra no es pura y simple violencia y matanza; la guerra es violencia controlada con un propósito. El propósito de la guerra es apoyar las decisiones de tu gobierno por la fuerza. El propósito no es matar al enemigo por el simple hecho de matarlo, sino que haga lo que tú quieras que haga" (Starship Troopers, cap. 5)

Con estas palabras, el sargento Zim pone en su lugar al renegado recluta Hendrick. Estas líneas bien pueden resumir el pensamiento heinleniano sobre la guerra, y el por qué fue tan controversial Starship Troopers en su momento. ¿Es el pensamiento de un fascista? Se los dejo a su

Tengo para mí que la visión de Heinlein es dura, quizás triste; tristemente pragmática. El ejército que ha visto Heinlein es impresionante. Impresionante en su formación e impresionante en su ejecución. Fríamente diseñado. Heinlein ha visto un futuro en el que la Armada (la Navy) se ha convertido en la reina de las armas. Los gigantescos cruceros interestelares de la Federación --que se mueven a velocidades estúpidas gracias a un método de propulsión cuyos detalles técnicos no nos son revelados, el Cherenkov Drive-- pueden sitiar mundos en cuestión de días y conducir un bombardeo desolador desde la órbita. En esto se ha transformado la tradicional Armada, la Marina de Guerra; no suena descabellado si consideramos que la Caballería --letal arma desde la época de los romanos hasta Napoleón-- evolucionó en la Caballería Motorizada, con tanques, jeeps y todo tipo de vehículos, incluyendo, por qué no, helicópteros. (Como dato curioso, comentaré que el último ataque registrado por una Caballería real --es decir, formada por equinos-- fue realizado por el ejército polaco durante el Bliztkrieg nazi de 1939. La valiente Caballería polaca arremetió contra un escuadrón de Panzers alemanes. Aquello fue una carnicería total.)

¿Qué espacio le queda a la tradicional reina de las armas, la infantería? Heinlein la ha transformado en la M.I., la Mobile Infantry (Infantería Móvil), la carne de cañón hipertecnológica del futuro. Él la describe elocuentemente, y qué mejor que emplear sus propias palabras (o las de Juan Rico):

"Somos los chicos que vamos a un lugar particular, a una hora equis, ocupando un terreno designado, y los forzamos [a los enemigos] aquí y allá a rendirse o morir. Somos la infantería de sangre, el doughboy, el duckfoot, el soldado a pie que va a donde está el enemigo y lo enfrenta en persona. Lo hemos hecho, con cambios en el armamento pero muy pocos en la forma, por lo menos desde hace cinco mil años cuando los soldados de Sargón el Grande forzaron a los sumerios a gritar ‘¡Tío!’". Y a eso añade con ironía, palabras más palabras menos, que a lo mejor un día la guerra ya no sea necesaria y que ese día "quizás el leopardo se quite las manchas y consiga un trabajo como una vaca de [New] Jersey".

El M.I. es quien es gracias a su entrenamiento, y también a su powered suit (traje de poder, o traje potenciado, no lo sé), también llamado powered armor (armadura de poder). Los escuadrones K-9 (léase "canine", canino en inglés) son quienes son, por su parte, gracias a sus perros. Vale la pena comentar a los fascinantes "neoperros", cánidos desarrollados genéticamente que llegan a ser más inteligentes que muchos humanos promedio (ya lo son en muchos casos). Desarrollan tal empatía con sus entrenadores, dueños y compañeros de batalla que, si uno de ellos muere en acción, el otro tiene dos salidas: tratamiento psiquiátrico para sobrellevar la pérdida o suicidio. Cada quien (soldado o neoperro) escoge su mejor opción.

Vuelvo a los powered suits. Estos son, de acuerdo con Juan Rico, la razón de por qué los M.I. se llaman a sí mismos "infantería móvil". En palabras de Rico, los trajes les dan "mejores ojos, mejores oídos, espaldas más fuertes (…) mejores piernas, mejor inteligencia (…), más armamento, mejor resistencia, menos vulnerabilidad". He tratado de imaginar a un soldado en un traje de estos: la apariencia, según Heinlein, es la de un gorila, aunque mucho más fuerte. Con un powered suit, un M.I. puede dar saltos descomunales, cargar armas pesadísimas --incluyendo una especie de lanzamisiles termonuclear ¡de ese tamaño!-- o a un compañero caído en acción, mantenerse comunicado con el resto del pelotón y, sobre todo al combinarse con el sangriento entrenamiento, convertir al soldado en un arma per se. Cito de nuevo a Juan Rico:

"Un traje no es un traje espacial --aunque puede servir como tal--. No es primariamente una armadura --aunque los Caballeros de la Mesa Redonda no estaban tan bien protegidos como nosotros--. No es un tanque --pero un solo soldado M.I. puede tomar un escuadrón de esas cosas y noquearlo sin asistencia si alguien fuera lo suficientemente bobo como para poner a pelear tanques contra un M.I.--. Un traje no es una nave pero puede volar un poco --por otro lado una nave espacial ni una nave atmosférica pueden pelear contra un hombre en un powered suit a menos que bombardeen saturadamente el área en el que está (¡como quemar una casa entera para atrapar una pulga!). Podemos hacer muchas cosas que ninguna nave --aérea, sumergible o espacial-- puede hacer".

Aquí voy al punto que comenté en mi entrega pasada (y que posiblemente ustedes ya se están preguntando): ¿Dónde están los maravillosos powered suits en la película de Verhoeven? Los M.I. de la cinta de 1997 emplean una utilería demasiado similar a la de los soldados de hoy (sólo que estilizada, para fines "futuristas", supongo). Lo mismo sucede con el boot camp o campo de entrenamiento, el cual es suavizado en la película a grados ridículos. ¿En qué más difiere el filme de la novela? No vemos nada del entrenamiento de Rico para oficial, Buenos Aires sí es borrado del mapa pero sus padres no vivían ahí, y hasta la relación con Carmencita Ibañez y Carl (en la película es Doogie Howser, háganme ustedes el favor) es manipulada al 100%. Y no les voy a contar más.

Lo que sí es un acierto es el diseño de los bichos (y quizás no sea tanto de Verhoeven como de ILM). Imaginen ustedes a un enemigo que pueda destazar a un M.I. en un powered suit (como se los he descrito). Esos son los bichos, oriundos del planeta Klendathu. Los bichos de la novela de Heinlein son socialistas, como las hormigas o las termitas. Hay cerebros, zánganos y guerreros. Dependen de un poder central. Y a diferencia del filme (ok, les voy a contar algo más) tienen tecnología. Manejan armas --rayos capaces de cortar finamente un powered suit-- y hasta naves espaciales. Tienen colonias. Viven bajo tierra y, durante el primer ataque de los soberbios M.I. dejan ver mal al homo sapiens. La guerra se extiende durante años.

Sí, hay acción en Starship Troopers. Bastantes tripas (el entrenamiento es particularmente aleccionador). Pero el summum de la novela radica en sus largas disertaciones filosóficas. Vale la pena comentar uno de los grandes valores de esta filosofía heinleinana que fuera tachada de fascista: nada en la vida es gratis. Heinlein lo demuestra y para eso se ha armado una complicada parábola militar. De nuevo cito el libro: "(…) el ‘valor’ tiene dos factores para el ser humano: primero, lo que puede hacer con una cosa, el uso que tenga para él… y segundo, lo que tiene que hacer para obtenerlo, el costo que tuvo para él. Hay una vieja canción que dice ‘las mejores cosas de la vida son gratis’. ¡No es cierto! ¡Falso! Esta fue la trágica falacia que trajo la decadencia y el colapso de las democracias del siglo XX (…) nada de valor es gratis. Hasta la respiración se compra al nacer sólo a través de esfuerzo y dolor".

¡Qué complicado es este argumento y sin embargo que abrumadora lógica nos regala!

El otro gran valor de Starship Troopers (desde mi punto de vista) es que cuestiona sin miramientos a la democracia. ¿Es la democracia algo sobrevalorado? ¿Vale la pena este caos de opiniones (con el reciente triunfo de Fox, por ejemplo, acabamos de ver que 7 de cada 10 mexicanos no lo quieren en el poder) por el supuesto orden desordenado que es la democracia? De nuevo, ustedes díganme.

No me resta mas que sugerir ampliamente la lectura de Starship Troopers. Para aquellos que no lean inglés, pueden conseguir una edición castellana en Jovellanos traducida como Las brigadas del espacio. Los que lean inglés, por supuesto, deberán irse sobre el texto original, el cual consiguen en Amazon (y mucho más barato). Y si de plano no les interesa, por lo menos es bueno saber que hay opciones. Sony transmite en Estados Unidos una nueva serie animada, e incluso hay algo de manga sobre el tema. Visiten este sitio para que vean de qué hablo.

Como sea, espero que le entren: entre toda la mierda de ciencia ficción que nos fumamos hoy en día, la lectura de un clásico como Starship Troopers es un oasis.

Lucilla Godoy, octubre del 2000.

Post-scriptum: si algún lector es bueno para dibujar, lo reto a que lea Starship Troopers y me envíe en formato JPEG una ilustración con su visión personal de un powered suit de la M.I. Me comprometo a publicar en esta página todos los trabajos y el mejor de ellos en mi columna mensual en la revista Cinemanía.

¡Regrésame ya!

Hosted by www.Geocities.ws

1