‘Dark Tide II: Ruin’: termina la duología de Michael Stackpole

Voy un poco atrasada, lo sé. Terminé de leer hace como mes y medio el tercer tomo de la monumental (ahora la veo así) invasión de los Yuuzhan Vong a la galaxia Star Wars. Mis múltiples ocupaciones (ay sí, cálmate) no me permitieron escribir algo sobre esta interesantísima pieza de Mike Stackpole que, afortunadamente —aunque no deja de tener algo de paradójico, ahora verán— se aleja del estilo de ese bicho infecto asesino-de-wookies-famosos, R.A. Salvatore, y nos permite familiarizarnos más con los Vong, e incluso comenzar a considerarlos parte de la gran familia Star Wars.

Sólo considerarlos. Comencemos por el título, y esto sí es algo que me caga. Si el amarillismo es un mal que ataca al periodismo, en la literatura —aunque sea de navecitas y pistolitas y monstruos— es simplemente asqueroso. Por alguna razón que desconozco, Stackpole le puso Ruin (ruina) a su segunda novela de la serie, lo que me deprimió un cuarto de hora alucinando "ahora a quién van a matar". Ese es un problema de estos libros de The New Jedi Order, que desde el magnicidio de Chewie te la puedes pasar, como dicen por ahí, viendo moros con tranchetes. Lo mismo sucede con el quinto libro de la serie (que me compré en un viaje a EU pero no he podido leer, ajá), al cual James Luceno le puso el nada agradable nombre de Jedi Eclipse. ¿Por qué tienen que ser tan trágicos?

Mis dudas persisten sobre este intento de ‘tragedizar’ al universo Star Wars. Como sea, Ruin es, a ratos, moderado. Stackpole emplea hábilmente a uno de sus personajes de la serie X-Wing, Corran Horn, como el catalizador de una trama que se desenvuelve de una manera espléndida a lo largo de 292 páginas. En esta ocasión, Shedao Shai, gran comandante de los Vong (y qué buen nombre, chingao), anda a la caza del ‘infiel’ que profanó los huesos de su antepasado en la estación en Bimmiel. Durante los siguientes meses, los destinos de Shai y Horn, evidentemente, se cruzarán. Y el resultado es buenísimo, debo decirlo.

Ahora bien, Corran Horn a ratos es un pan sin sal. Es un poco fresa, y sus diálogos tienden a ser acartonados. No me malinterpreten: en general, todos los diálogos de Star Wars son acartonados. Después de todo, la saga de Lucas es la heredera de la space opera y el serial sabatino de sf.

Pero no. A lo que me refiero es a que Horn piensa demasiado las cosas. Demasiada moralina pegada con demasiado choro. Puaj. Luke Skywalker, en su papel de Jedi Master y veteranazo de mil batallas, usualmente tiene las mejores líneas en cuanto a sabiduría y sensatez, y esto es entendible pues en la serie de The New Jedi Order él funge como una especie de Yoda. Pero no Horn, por favor. Me da la impresión de que sería un tipo bastante aburrido en la vida real.

El renegado Jedi Kyp Durron, por su parte, ha sido un personaje exageradamente visceral. No niego que esa sea la intención, pero el resultado es el exacto opuesto de Horn, e igual de acartonado. Mara Jade, con todo y su mentada enfermedad, se mantiene como el personaje más cool del universo SW. Mara Jade es la neta…

Como sea, lo bueno de Horn es que es bueno para los trancazos.

Ruin contiene dos interrogantes que me había hecho, personalmente, desde que leí la novela anterior (Onslaught): ¿es que los Vong no tienen un enemigo natural? ¿Por qué no emplear una superarma para acabar con ellos?

La primera es un sí, y la respuesta está en el planeta Garqui. Y, sin ser muy sesuda, es bastante plausible. La segunda es un poco más complicada.

Superarmas: la Estrella de la Muerte, la Sun Crusher, el Eye of Palpatine. A nivel de la novela, es un tema complicado por la mamona moralidad de los Jedi —que Luke defiende muy a su manera—: ellos son defensores, no atacantes. Recuerden a Qui-Gon Jinn diciéndole a la Reina Amidala "todo lo que puedo hacer es protegerla. No puedo pelear una guerra por usted". De igual forma, se cuenta que George Lucas cambió el nombre del Episodio VI de Revenge of the Jedi a The Return of the Jedi. ¿La explicación? La venganza no es un concepto Jedi.

En manos del hábil Stackpole, este código de honor limita un poco el marco de acción de los Jedi, pero también le añade drama a la historia. Los Vong son unos desgraciados que arrasan mundos empleando armas biológicas y químicas, matan y esclavizan a los conquistados, y no se detienen ante nada. En un plano realista, me pongo a pensar en el general loco de Mars Attacks! y sus hepáticas frases como Nuke them!" O sea, échales la bomba y asunto arreglado. Pero no, en SW hay un poco más de honor o romanticismo, si así lo quieren, y eso, como decía, añade drama pero también estriñe a los lectores que quisiéramos ver cómo los Vong son humillados.

Otro problema es que los escritores de libros de SW se han cansado de revivir, durante los últimos diez años, superarmas que el Imperio tenía escondidas por toda la galaxia. Estamos de acuerdo en que aquella lejana galaxia es un lugar MUY grande, pero sería un poco mamucas pensar que en equis planeta había una Estrella de la Muerte y nadie se había dado cuenta de que estaba ahí. El Imperio tenía a cientos de miles de pelados trabajando para sus proyectos militares ultramegaarchisecretos, pero la Nueva República, por lo que veo, es un lugar controlado por una bola de burócratas priistas ineptos y defendido por Jedi tibios e inexpertos. Y que no son muchos (no más de doscientos). Mmm.

¿Qué detendrá a los Vong si no es un superarma o el famoso "enemigo natural"? Bueno, creo mis opciones se reducen a dos: una está en el planeta Zonama Sekot tan bellamente descrito por Greg Bear en Rogue Planet, y la otra, por lo que veo, en el Lado Oscuro de la Fuerza. Si los Vong son malos, un Jedi oscuro debe de ser más malo. Ya sé que Yoda decía que el Lado Oscuro no es poderoso, pero a estas alturas yo lo dudo.

Hay más cosas que me dieron una lectura feliz de Ruin pero no se las cuento. Seguramente muchos lectores ya van en el sexto libro de la serie —y a lo mejor ya saben cuál es la forma de parar a los puercos Yuuzhan Vong—, y espero que disculpen mis retrasos, pero me la tengo que llevar con calma. Hay muchas cosas por leer, qué quieren…

PS: ¿Ya fueron a ver Unbreakable? Ese M. Night Shyamalan es un cabrón bien hecho. Muy bien hecho.

Lucilla Godoy, diciembre del 2000.

¡Regrésame ya!

A la derecha, por si no lo habían visto, un guapísimo Yuuzhan Vong obsesionado con el dolor, el sufrimiento, la muerte y la destrucción. Justo lo necesario para pasar un agradable sábado por la tarde. Ah, y el de la izquierda es Luke. Pero eso ya se los había dicho. Si quieren echarle un ojo al arte de Cliff Nielsen, autor de esta portada y otras de ‘The New Jedi Order’, les recomiendo un interesante artículo del sitio oficial.

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