Jurassic Park 3’: nunca subestimen el poder de los dinosaurios

El fin de semana pasado me lancé a la aventura casi jurásica de asistir a la premiere de Jurassic Park 3 en un conocido cine de la zona de Polanco en Chilangolandia. Esta función tenía la peculiaridad de que involucraba a la prensa, y yo tenía mucho tiempo sin asistir a una con mis encantadores colegas. Cómo olvidar las largas filas, los empujones para conseguir un kit de prensa, una maldita pluma o un globo. Y conste que aprecio a la prensa (hermanos del alma), pero a veces se comportan como velocirraptores…

Bueno, todo parece indicar que los velocirraptores son más sagaces. Una de las premisas de este JP3 es que los nuevos raptores de la isla Sorna tienen el equipamiento anatómico y genético para comunicarse entre sí a través de gruñidos y graznidos semejantes a los de un ganso verdaderamente GRANDE y enojado. Cazan en ‘jaurías’, se llaman para hacer formaciones… ¿Inverosímil? Bueno, la primera advertencia es: JP3 está llena de este tipo de detalles.

Pero vámonos más atrás: me llama mucho la atención la forma en que la prensa y la propia Universal desvió la atención que debió generar JP3 hacia otras películas. En 1997, para no irnos tan lejos, El mundo perdido fue un acontecimiento que mereció portadas en diversas revistas. Este año, Shrek, Tomb Raider, Final Fantasy y otras han acaparado los encabezados. ¿Y JP3?

Silencio…

 

Los pretextos van de "a nadie le interesa ver otra película de dinosaurios" a "esta secuela no va a estar tan buena". Yo creo que la diferencia la ha marcado Steven Spielberg: se desligó de tal forma del proyecto (mantiene el nombre como productor, pero yo supongo que es prestado porque no ha de haber hecho gran cosa) y se concentró tanto en su A.I. que la prensa dejamos a los pobres dinosaurios en el rincón y comenzamos a alabar las maravillas del proyecto inconcluso de Kubrick y Spielberg y las arañas y bla bla bla.

Pero ahí no paró la cosa: mientras los periodistas ignorábamos JP3, Universal no hizo el menor esfuerzo para llamar la atención. Durante meses no liberó información, y alguna de la que lanzó era errónea (tengo un comunicado de prensa que asegura que el personaje de William H. Macy es un millonario que busca fundar otro parque jurásico, lo cual no es cierto). Y este verano ha marchado más o menos así: La momia regresa pegó con tubo, Tomb Raider también pero se desinfló, Atlantis está en camino de convertirse en la cinta animada menos lucrativa del Disney moderno y Shrek en la reina del verano, y en Estados Unidos fuertes candidatos como A.I. y Final Fantasy han sido tremendas decepciones de taquilla.

Entonces, hace dos semanas, comienza a surgir JP3 con una fuerza inusitada. Publicidad, información en medios, noticias medio en serio-medio creadas (ahora resulta que a dos días del estreno mundial encuentran en Montana-USA el fósil de T-Rex más grande de la historia, ajá) y con un lanzamiento simultáneo en varias partes del globo (incluyendo México), JP3 viene dispuesta a comerse la taquilla y a ganarse los corazones de los cinéfilos.

Y viene la pregunta del millón: ¿vale la pena ver otra secuela de Jurassic Park? Mi respuesta es un rotundo SÍ.

 

Primero: todos subestimamos el trabajo de Joe Johnston, director que se formó en la escuela de George Lucas y cuyo hit mayor es Jumanji. Johnston no es un Joel Coen ni tiene el toque mágico de Spielberg, pero es muy efectivo a la hora de llevarnos del punto A al B. No se anda con rodeos. Y eso es de agradecerse cuando lo que se busca es un poco de acción palomera con animales prehistóricos.

Segundo: el guión, como me decía hoy una amiga, es "córrele que ahí vienen los dinosaurios". O sea, es bastante estúpido y muy similar al de El mundo perdido un grupo de personas llega a la isla Sorna por un error muy idiota y el resto de la película se va en tratar de fugarse—, pero mucho, mucho mejor logrado. Cualquiera de mis lectores aficionados a perder el tiempo con el PlayStation sabrán del género de "horror de supervivencia". Bueno, eso es JP3: no dejes que te coman y huye de esta maldita isla. Claro que aquí no hay ninguna conspiración a la Resident Evil o Dino Crisis (¡y no saben cuánto me recordó esta película al juego!) porque sería mucho pedir, pero como un divertimento muy sabroso de una hora y media en la que varios hombrecillos tratan de mantenerse con vida en una isla prehistórica es muy agradable.

Tercero: hay más dinosaurios, incluyendo los mentados raptores ultrainteligentes, el pterodáctilo (yo sé que les importa un pepino, pero era uno de mis dinos favoritos cuando niña) y uno nuevo, el Espinosaurio, dino cuyo fósil hallaron hace un par de años y que ahora resulta era el carnívoro más grande y feroz de la era jurásica, y jugaba al trapo viejo y sucio con el T-Rex (lo cual me molesta porque no hay mejor nombre que Tiranosaurus Rex, y en parte me han roto la ilusión, aunque en mi corazón él sigue siendo el más malo). Si tienen perro y agarra sus calcetines o sus zapatos y los zangolotea como loco sabrán a qué me refiero cuando un Espinosaurio se ajusticia a un T-Rex.

Cuarto: William H. Macy, maravilloso en Fargo y Boogie Nights, para mí uno de los mejores actores secundarios de Hollywood (si no es que el mejor), da un enorme despliegue de sus cualidades histriónicas. Curiosamente, Macy siempre sale de loser, y le sale requetebién. Téa Leoni, quien aparentemente hace química hasta con los maniquíes del Palacio de Hierro, forma una buena pareja con Macy. Repitiendo el papel del Dr. Grant está Sam Neill, quien equilibra razonablemente bien su rol de científico-comprometido-con-la-verdad con una actitud medio tomada del buen Ian Malcolm (Jeff La mosca Goldblum) pero que le sienta bien. Laura Dern hace una breve aparición y hasta para las chicas hay muy buen taco de ojo: Alessandro Nivola, el hermano lelo de Nicolas Cage en Face/Off, con todo y playerita pegada haciéndole de patiño del Dr. Grant.

Quinto: no hay mensajes moralinos a la Spielberg, o por lo menos no pasan de una o dos líneas como esa de "no, así se juega a ser Dios" (cuando Grant y compañía llegan a donde Ingen guardaba los fetos), y está ausente la música lacrimógena de John Williams (sólo el tema clásico).

 

En resumen, JP3 jamás tendrá el feeling del primer Jurassic Park y, obviamente, carece del elemento sorpresa y la innovación de éste, pero es una cinta mucho más lograda y divertida que El mundo perdido, sobre todo si se le perdonan los evidentes huecos argumentales (el final es brusco y soso. Quizá hasta le hicieron falta unos 20 minutitos más de acción.). En cuestión de FX, no hay nada nuevo: ILM asegura que la cantidad de dinos es mayor y que ahora se mezclan mejor con el escenario general de la cinta. Lo cierto es que cumple su prometido de buen cine hollywoodense de verano (mucho más entretenida que Tomb Raider, eso sí) y a mí, en lo personal, me devolvió un poco de la emoción que sentí en 1993 cuando vi, con la bocota abierta, a los dinosaurios cobrar vida en la pantalla grande.

 

Lucilla Godoy, julio del 2001.

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