‘Hollow Man’: o cómo llegué a la conclusión de que Paul Verhoeven es un naco consumado
Invisibilidad. Qué obsesión.
Perseo empleaba un casco que le había sido dado por el dios Hermes para hacerse invisible. Miles de años más tarde, los primeros ejemplos palpables del mito de la invisibilidad en la ciencia ficción fueron The Invisible Gentleman (1833, James Dalton), El hombre de cristal (1881, Edward P. Mitchell), El hombre invisible (1897, H.G. Wells) y The Shadow and the Flash (1903, Jack London). En todas ellas persiste la moraleja del peligro de obtener un "don" o un conocimiento que, por causas naturales, no le fue dado al hombre (y que ha alcanzado por la ciencia). En este sentido, la cuestión de la invisibilidad subyace en el panteón del inconsciente de los miedos de la ciencia ficción (y la ciencia en general, me temo). Este razonamiento temeroso se puede interpretar en las siguientes preguntas: ¿Para qué crear a un hombre (Frankenstein) si eso sólo le está dado a Dios? ¿Para qué resucitar a una especie extinguida (dinosaurios) si la selección natural ya decidió que su momento había pasado? ¿Para qué hacernos invisibles si nuestra condición es ser visibles?
La ciencia ficción de la segunda mitad del siglo XX empleó el tema de la invisibilidad con menos tapujos, menos complejos, más inteligencia y un mejor sentido metafórico. Ahí está el cuento To See the Invisible Man (1963, Robert Silverberg —adaptado en Twilight Zone, creo), en el cual los criminales son desterrados simplemente porque la sociedad los ignora al grado que les hace creer que son invisibles, aún cuando no son —pero la soledad es su castigo—. En Memoirs of An Invisible Man (1987, H.F. Saint —rabonamente adaptada por John Carpenter con Chevy Chase en el rol principal), un mediocre tipo en un accidente industrial obtiene la invisibilidad, sólo para darse cuenta, más tarde, de que su vida era tal porquería que ya era invisible antes de serlo literalmente.
Con esas bases, tantos ángulos sobre un mismo tema e interesante propuestas, llegamos a Paul Verhoeven y su nuevo proyecto Hollow Man (traducido en México como El hombre sin sombra, aunque el nombre inglés es más sugerente: El hombre hueco). La trama es la siguiente: Sebastian Caine (Kevin Bacon) lidera un proyecto científico secreto del gobierno gringo bajo el cual encontrarán la fórmula para alcanzar la invisibilidad. Linda McKay Elisabeth Shue es su ex chica y también participa en el experimento. El otro científico ‘importante’ en el cuadro es Matthew Kensington (un inofensivo Josh Brolin, quien, curiosamente, se anda tirando a la Shue, detalle que potenciará, según la calenturienta mente del director, el extraño cambio de Sebastian (de genio a asesino, como verán).
¿Cómo logran la invisibilidad? Quantums, radiaciones, un suero milagroso… no vale la pena ponerse a escudriñar en el proceso. No nos llevaría a ningún lado (podemos decir una larga jitanjáfora a la Cortázar y con eso quedaría explicado).
Otras cuestiones que hay que tomar en cuenta: Sebastian es un ególatra de mierda, decide pasar a la siguiente fase (hacer invisible a un humano, ya lo lograron con perros y gorilas), pero él mismo será el sujeto a experimentar. Encubren este hecho al gobierno gringo y Linda, que aparentemente era una mujer inteligente, solapa la mentirota de Sebastian. ¿Cuál es el verdadero problema? Que han logrado hacer invisible a un ser humano, pero no pueden regresarlo a su "estado original de materia" (sonó bien). Sebastian queda reducido a un tipín con un traje de látex muy chistoso. La segunda parte de la película, en teoría, abarca los esfuerzos por recuperarlo.
Hasta aquí todo va muy bien. El efecto de la invisibilidad es impresionante. Los creadores de los FX decidieron que la forma más canija de lograrlo era mostrando una desaparición gradual del cuerpo: primero la piel, luego los músculos, las vísceras y, finalmente, los huesos. Todo esto en un tour de force francamente estresante (el Bacon casi se les pela, por decirlo de alguna forma). Además, el planteamiento clásico del experimento secreto-el científico loco-el descubrimiento de un conocimiento oculto, es muy interesante y mantiene el interés en la cinta durante unos buenos 45 minutos, casi una hora.
Sebastian, naturalmente, comienza a experimentar el poder que le da la invisibilidad y eso, aunado a su personalidad de cagada, lo hace un sujeto peligroso. Hasta aquí vamos bien. Incluso hay una parte en la que se mete al departamento de una chica buenota y aparentemente abusa de ella (un amigo de Columbia TriStar me confió que el estudio vetó la escena completa, en la cual Sebastian viola a la muchacha… por desgracia, en la versión que vimos en México parece una escena, más que sugerente, horriblemente cortada).
Y bla bla bla. En la última media hora de película (no me molesta en lo más mínimo decírselos) sale a relucir el peor Verhoeven: sangre, gore, violencia y sexo innecesarios (sí mis amiguitos, a veces hasta el sexo puede ser innecesario). Lo que parecía un cambio gradual en la conducta de Sebastian se convierte, de la noche a la mañana, en una metamorfosis: el científico loco, sin ningún tipo de explicación, es ya un psicópata que asesina por placer y, lo peor, es invencible. Así, lo que pudo haber sido una muy digna película sobre los peligros (de nuevo eso) de alcanzar ese conocimiento prohibido, se convierte en un show gore del tipo The Texas Chainsaw Massacre. Un amigo me decía que el gore es divertido, y eso no lo dudo, pero sólo cuando no se toma en serio, cuando alcanza conciencia de si mismo e incluso llega a autoparodiarse. Hollow Man se toma demasiado en serio. Vemos a Sebastian matando con una facilidad a sus colegas, soportando electrocuciones, batazos, fuego… en suma, todo se echa a perder (sin contar las subtramas inconclusas, como lo del general del Ejército y la violación de la vecina, así como los detalles estúpidos —pueden "ver" a Sebastian con lentes térmicos especiales, pero jamás los emplean para enfrentarlo al final).
A esto quisiera añadir las innecesarias escenas de violencia gráfica contra animales. Me considero una amante de los animales, y aunque sé que en el reino animal las cosas no son una perita en dulce (vean en Discovery Channel a un guepardo devorando a un ñu o a un halcón a una liebre y verán de lo que hablo), me desagrada que un tipín de quinta, antes respetado realizador), Paul Verhoeven, descargue sus temores primitivos en escenas como un gorila devorando asquerosamente a una rata (¡cuándo habían oído semejante estupidez! ¡Un primate carnívoro!) o a un enardecido Sebastian azotando a un perro contra la pared de una jaula hasta matarlo… válgame. Cuando terminé de ver Hollow Man sentí una gran lástima por Verhoeven y también por el mito del hombre invisible, que podría ser tan interesante y reflexivo… y termina siendo, una vez más, una gran demostración de efectos visuales (que ni qué) y de la falta de talento de este (a mi parecer) atormentado sujeto…
Paul Verhoeven es un naco. Primero se vomitó encima de Starship Troopers y luego del tema del hombre invisible. ¿Por qué no nos deja en paz y se retira, digamos, a una cabaña en el bosque o se suicida como el subsecretario de comercio?
En suma: Hollow Man vale la pena por los FX y la primera parte de la película. Puedes salirte después de que pase una hora. Sin embargo, no te venderán un boleto en 20 pesos ¿verdad? Por lo mismo, mejor evítala. Mejor ve a ver Divinas tentaciones (con Ben Stiller, Edward Norton y Jenna Elfman). De ese tamaño. O espérate a pescarla en televisión.
Lucilla Godoy, septiembre del 2000.
Sitio oficial de Hollow Man (Sony Pictures Entertainment)