Battlefield Earth’: no gasten su dinero

Jamás he sido lectora de L. Ron Hubbard (la L es por Lafayette). En realidad, nunca ha llegado algo de él a mis manos. Y tampoco lo he buscado. Aparentemente, el señor Hubbard (ya fallecido) se dedicó más a la dianética y a la cientología que a la sf, y después de ver el bodrio Battlefield Earth (la h. traducción de nuestros amigos de Videocine reza "Batalla por la Tierra") no me sorprende que haya dejado el hábito.

Bien: Hubbard volvió a la sf en 1982, después de algunas décadas de andar en cuestiones más metafísicas. El resultado fue el libro de marras, evidentemente inspirado por Star Wars (se ve en el tono forzadillo de ópera espacial que maneja). Después de este tabicón de cuatrocientas y tantas páginas —el cual, valga la anécdota, vi siendo leído por un gringo durante mis últimas vacaciones en la playa… el güero se veía interesado, así es que a lo mejor no está tan mal— le siguió un decálogo de novelas reunidas bajo el nombre Mission Earth. Hubbard murió y las novelas se seguían publicando. No sé si eso sea bueno o malo.

Sobre el filme del desgraciado de Roger Christian: no podría describir lo malo que es. Resulta que una especie de raza humana superior, los psychlos (o algo así) conquistaron la Tierra y llevan un buen rato explotándola. Los seres humanos son ya como bestias de carga. Pero resulta que el héroe (Barry Pepper) quien es capturado por la horda del administrador de la Tierra (Travolta) tiene sueños de grandeza y libertad (zzzzzzzzzz), los cuales se ven amplificados gracias a que Travolta decide, de la nada, enseñarle los principios científicos psyclos —que no son nada de otro mundo, considerando que hasta Euclides sale a colación— para que le ayude a extraer oro de la Tierra. Evidentemente, el tiro le sale por la culata a Travolta y los humanos resultamos ser menos estúpidos de lo que pensábamos.

Las actuaciones: se la creí a Barry Pepper de francotirador virtuoso en Saving Private Ryan pero no de mesías libertador. Forest Whitaker: totalmente desperdiciado. Y John Travolta es John Travolta, pero ni él logra sacar adelante esta reverenda porquería. Los diálogos son… bueno, ni para qué seguirle.

Y lo que es peor, ni siquiera la edición de audio, los efectos visuales y de sonido son buenos. El diseño de producción de Tatoupoulos también resulta decepcionante (los psyclos le dan un aire a los Harkonnen de Lynch… y sus naves parecen helicópteros de la US Army… bah).

Es viernes en la noche, un poco tarde. Espero que se vean las fotos que subí a la página (por alguna razón no las reconoce cuando la actualizo desde mi casa… si no, el lunes las verán como Dios manda). Ya me voy a dormir y espero haber cumplido con mi deber: están advertidos, vayan a ver este gran pedazo de basura bajo su propio riesgo.

Lucilla Godoy, octubre del 2000.

¡Regrésame ya!

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