Después de dieciséis años de espera, las salas de cine al fin se verán inundadas con una nueva película de aquella lejana galaxia: Star Wars: Episodio I, cinta que marca el regreso de George Lucas, es el evento cinematográfico más grande del siglo, tanto por sus orígenes míticos, su maquinaria mercadológico-publicitaria y la revolución tecnológica que provocará. Después de este verano, el cine no volverá a ser el mismo.

Hace un par de años, Janet Maslin, columnista del New York Times escribía sobre el reestreno de La guerra de las galaxias que "la generación que antes no podía distinguir entre un Jedi y un geranio, ahora siente una inmensa curiosidad por ver la Trilogía Star Wars". A dos años y medio de que la Fuerza volvió, la saga galáctica del escritor, director, productor, empresario y visionario George Lucas es más grande, compleja y monstruosa que nunca y está dispuesta a ganarse a las nuevas generaciones. No obstante, para todos aquellos que crecimos con las cintas originales, el mensaje de Lucas parece similar al del maestro Yoda dijera en El imperio contraataca hace diecinueve años: "You must unlearn what you have learned" ("Tienes que desaprender lo que has aprendido"). Y es que Star Wars: Episodio I (Star Wars: Episode I–The Phantom Menace, Lucas, 1999) cuenta con un nuevo cúmulo de personajes, situaciones, locaciones y efectos visuales que vendrán a extender –y, muy posiblemente, superar– nuestra visión de las películas originales.

El mito

Hace unos años Lucas inauguró el término "precuelas" para designar a las tres cintas que preceden a la trilogía clásica. A menos que el lector haya pasado estos últimos meses encerrado en un bunker, no sabrá que La guerra de las galaxias es el Episodio IV, El imperio contraataca el Episodio V y El regreso del Jedi el Episodio VI. En vez de elaborar tres secuelas (Episodios VI, VII y IX), Lucas optó por irse atrás en el tiempo, para ser exactos, 38 años antes del Episodio IV. En los Episodios I, II y III conoceremos los orígenes del joven caballero Jedi Obi-Wan Kenobi; la transición de poder de la Vieja República al Imperio así la subida al trono del Senador Palpatine; la madre de Luke y Leia Skywalker; las Guerras Clónicas; el misterio de los comandos mandalorianos (cuya última armadura es propiedad del famoso Boba Fett) y, sobre todo, el ascenso y caída de Anakin Skywalker, también conocido como Darth Vader. Esta fórmula le permitirá a Lucas tener entretenida a su audiencia cautiva, que conoció la trilogía original (constituida sobre todo por hombres de 20 a 35 años), pero también, con base en un diseño innovador y un replanteamiento de lo que se vio en 1977, a las nueva audiencia nacida entre 1985 y 1990. ¿Quién va a continuar esparciendo el mito de Star Wars? No somos nosotros, sino las generaciones que están frescas, las que en veinte años dirán "qué buenos tiempos aquellos del Episodio I, en 1999...". Me atrevo a asegurar que la nueva audiencia quedará fascinada con los nuevos golems que Lucas presentará en el Episodio I.

Aquí está un fragmento del texto introductorio a la nueva película, que los mexicanos veremos desde el 2 de julio:

 

STAR WARS

Episodio I: La amenaza fantasma

Los disturbios han inundado la República Galáctica. El derecho a marcar

los impuestos de las rutas comerciales de los sistemas estelares está en

disputa. Esperando resolver el problema con un bloqueo de letales naves de combate, la codiciosa Federación de Comercio ha detenido todos los

envíos de mercancía al pequeño planeta de Naboo...

 

Naboo es un mundo pacífico que no posee ejército. La Federación de Comercio está armada hasta los dientes. Para tratar de ayudar a la mandataria de Naboo, la Reina Amidala (Natalie Portman), la Vieja República ha despachado a dos caballeros Jedi, el maestro Qui-Gon Jinn (Liam Neeson) y el joven Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor). Ahí, lucharán contra el impresionante armamento espacial y terrestre de la Federación de Comercio, conocerán a una raza anfibia que habita el bellísimo Naboo –a la cual pertenece Jar Jar Binks (Ahmed Best)– y, por un giro del destino, tendrán que escapar y quedarán varados en el desértico mundo Tatooine, donde se encontrarán con el pequeño Anakin Skywalker (Jake Lloyd), un niño que se verá forzado a abandonar su lugar de origen.

Aún con todos estos cambios, el espíritu de la trilogía original sigue presente. En realidad, se están repitiendo los mismos "arquetipos colectivos" –según propuso el psicoanalista Carl Jung hace medio siglo– que imperan desde hace miles de años en la narrativa universal. Joseph Campbell en su libro The Hero With a Thousand Faces (una de las grandes influencias de Lucas), explica que la mitología de hoy es la misma mitología de ayer: el héroe de hoy repite con el mismo patrón del héroe de ayer. Anakin Skywalker es Enkidú, Ulises, Buda, Moisés, Aquiles, Eneas, Quetzalcóatl, Krishna. El patrón del que hablamos es bautizado por Campbell como "La jornada del héroe", la cual, a grosso modo, se divide en tres: partida –alejamiento del lugar de origen mediante el "llamado a la aventura"–, iniciación –una serie de pruebas que labrarán la personalidad del héroe y le revelarán ciertas verdades del universo– y retorno –el héroe vuelve a su lugar de origen o "círculo del amor", para compartir lo que ha aprendido–. En los Episodios IV, V y VI, presenciamos la jornada del héroe Luke Skywalker: su partida de Tatooine, su iniciación –que le llevó desde destruir al "dragón" (la Estrella de la Muerte) hasta perder miembros y conocer el rostro de su padre– y su retorno como un nuevo hombre que "cambió al mundo" o, en este caso, a aquella galaxia muy lejana –el derrocamiento del Imperio–. En las precuelas, presenciaremos la otra versión de la historia, la del padre de Luke, Anakin Skywalker. De entrada, se ve clara la primera parte de la teoría campbelliana: partida. Anakin Skywalker, por manos del mensajero del destino –que puede ser Qui-Gon Jinn, Watto, Sebulba o el propio Obi-Wan), es "arrancado" del seno materno (Shmi Skywalker, interpretada por Pernilla August). Es decir, tiene su llamado a la aventura. Comienza, pues, su iniciación.

Todos conocemos el ulterior destino de Anakin Skywalker. Esa será la parte trágica de la trilogía de las precuelas. En cierta parte de la iniciación, según Campbell, el héroe desciende a un inframundo, a un lugar subterráneo, donde debe tocar la parte más oscura y profunda de su alma. Luke Skywalker, evidentemente, logró salir avante de semejante situación; Anakin, no. La dolorosa caída de este ángel nos mantendrá ocupados en el 2002 y el 2005, cuando se estrenen los Episodios II y III. De momento, nos puede tener contentos el hecho de que, en el Episodio VI, Anakin Skywalker finalmente se redime, al salvar a su hijo del Emperador, y entregar su vida por él.

Analizando semejante background mitológico una llega a comprender por qué el mito de Star Wars se ha mantenido vigente con las nuevas generaciones. A Star Wars se le ha llamado "un moderno cuento de hadas", "ópera espacial", "épica", "saga". En suma, es la narración de las hazañas de uno o varios héroes. Y estas hazañas no son otra cosa que los símbolos de la lucha del bien contra el mal y, sobre todo, de la búsqueda de lo divino, inherente a todo ser humano.

 

El fenómeno

Pero esos antecedentes, quizás, no sean suficientes para mantener un mito. No basta con que los motifs psicológicos que emocionaron a nuestros antepasados nos emocionen también a nosotros. Al menos no a fines del siglo XX. Si bien Star Wars apela a las emociones mitológicas que radican en todo hombre y mujer, es también la última pieza de entrenimiento o, por utilizar una expresión inglesa, the state-of-the-art de la diversión. El estilo narrativo del Episodio I seguirá siendo el mismo de las anteriores cintas: una mezcla entre el western, las películas de samurais de Akira Kurosawa y las frases queseras de los panfletos de ciencia ficción de los 50, al estilo de "preferiría besar a un wookie". Star Wars también es la última pieza de entretenimiento porque la experiencia del filme no termina cuando las luces de la sala de cine se encienden. Lucas ha creado un pequeño feudo mercadológico controlado desde su propiedad victoriana en San Rafael, California: el Skywalker Ranch. Hasbro, Galoob y Lego, líderes mundiales del juguete, fabrican sus figuras de acción y juegos de mesa y de armar. Nintendo, el líder mundial en videojuegos, distribuye el software creado por LucasArts, la compañía de informática de Lucas. Random-House y DK, dos de las editoriales de libros más grande del mundo, tienen los derechos exclusivos para toda su literatura. Pepsi y TriCom, respectivamente la segunda marca de refrescos más importante del mundo y la cadena más grande de restaurantes a escala mundial, promocionan su película (sólo por el reestreno de la trilogía y el Episodio I pagaron 2,000 millones de dólares... y aún no renegocian los Episodios II y III). Sony Music, uno de los leviatanes de la industria discográfica, pagó 5.5 millones de dólares por los derechos del soundtrack de la nueva cinta, compuesto por el legendario John Williams.

Estamos bombardeados: música, ropa, souvenirs, juguetes y videojuegos, comida... y los fans no sienten algún tipo de remordimiento por eso. Las grandes esperanzas por el Episodio I (el hype, dirían en Estados Unidos) comenzaron inmediatamente después de que terminó la euforia por la edición especial de la Trilogía Star Wars. ¿Quiénes iban a actuar? ¿Cuál era la trama? ¿Si no hay Darth Vader ni Imperio, quiénes son los malos? ¿Qué nuevos juguetitos habrá?

El Internet ha jugado un papel determinante, pues permite una transferencia de información infinitamente más rápida que hace quince o veinte años, cuando los fans se comunicaban a través de boletines impresos o fotocopiados. Ahora, miles de sitios de fans en la World Wide Web fueron, parcialmente, los responsables del hype: los rumores iban desde que Yoda iba a ser interpretado por Charlton Heston, hasta que Boba Fett aparecería en la nueva película, se iba a quitar el casco ¡y sería mujer! Y no cualquier mujer, sino Jodie Foster. En diciembre de 1996, calladamente, la página oficial (www.starwars.com) se lanzó sin ningún aviso a la prensa ni malabáricos cocteles. En su momento, Jeanne Cole, portavoz de Lucasfilm, comentó "ahí está, la gente lo encontrará. Así es como funciona la red". Hoy, a dos años y medio, el site es enorme, contiene muchísima información escrita, fotos, video y demás divertimentos interactivos.

No menos interesantes son los sitios de fans: "los tres grandes", JediNet (www.jedinet.com), TheForce.Net (www.theforce.net) y Countingdown to Star Wars (www.countdown.com/starwars) han apabullado a los cibernautas con todo tipo de información sobre la primera precuela: fragmentos de los guiones, escaners de bocetos y fotografías robadas y todo tipo de especulación, fundamentada en los "spoilers" –adelantos de la cinta que "echan a perder" la sorpresa de verla por primera vez, de ahí el nombre–. Countingdown to Star Wars, liderado por el australiano Lincoln Gasking, llegó al colmo de los colmos: propuso hacer cola afuera de los cines un mes antes del estreno. Esto se vio amplificado ante la decisión de Fox y Lucasfilm de no poner ningún boleto en preventa. "Sentimos que crearían una gran falta de servicio para las familias y los fans", comentó Tom Sherak, presidente de Fox. Así pues, desde la segunda semana de abril, miles de fans colocados afuera de los principales cines de ciudades como Los Angeles, San Diego, Dallas, Atlanta, Chicago, Nueva York y Miami, iniciaron la maratónica espera por la segunda venida de La Fuerza. Algunos llegaron a un acuerdo con el cine, para que les permitiera dormir adentro del lobby, e incluso se han conseguido patrocinadores para hacer transmisiones televisivas y vía Internet... mientras hacen cola.

Otro tema de discusión fue el relativo al título de la película. Los spoilers rezaban que el nombre iba a ser Guardianes de la Fuerza o El balance de la Fuerza. Finalmente, el 28 de septiembre de 1998, Lucasfilm anunció que sería The Phantom Menace (La amenaza fantasma). Las reacciones fueron, en su mayoría, negativas: desde agudas críticas ("es un poco débil", expresó David Philips, webmaster de Echo Station) hasta la indiferencia, pues muchos pensaban que era un título de trabajo, que cambiaría a medida que se acercara el estreno. La misma actitud no se repitió con los dos tráilers, probablemente los cuatro minutos de película más escrutados en la historia del cine (la revista Entertainment Weekly sugirió que había sido más visto y analizado que el filme Zapruder, en el que se grabó el asesinato de John F. Kennedy). El 17 de noviembre del año pasado, los afortunados que tenían cerca una sala seleccionada por Lucasfilm, pudieron ver el tráiler A (o teaser trailer) del Episodio I, tres días antes de su estreno general a lo largo de Estados Unidos. Un fan cuyo nombre código es Scorpio, se metió a una sala con una videocámara y lo grabó con todo y el eco del cine y los aplausos del respetable público. Un par de horas más tarde, ya estaba circulando por Internet. Semejante "madruguete" que le dieron a Lucasfilm llevó a que éstos colocaran en el site oficial una copia del tráiler A. Según reportó la revista Wired, durante los dos primeros días de haberse montado en starwars.com el servidor de éste promedió 350 accesos ¡por segundo! También fue curiosa la reacción de los fans que acudían a las salas: Associated Press (AP) informó que siete de cada diez visitantes pagaban su boleto (entre 8 y 10 dólares) sólo para ver el tráiler A, y después abandonaban la sala. En el New York Times se leía que, al iniciar el tráiler "al contrario de una típica experiencia en un cine neoyorquino, la audiencia guardó silencio. La gente parecía estar conteniendo el aliento mientras las escenas de The Phantom Menace pasaban en la pantalla con un cúmulo de naves espaciales, alienígenas, robots y humanoides, todos nuevos pero vagamente familiares". De acuerdo con Paul Dergarabedian, presidente de Exhibitor Relations Co., empresa evaluadora de ingresos por taquilla en Estados Unidos, "nunca había sucedido que la gente fuera a los cines sólo a ver un tráiler". Según el Mann Theater de Los Angeles, las películas en las que se exhibía el tráiler A recibieron su jugosa recompensa: Contra el enemigo, por ejemplo, recibió 1,000 dólares en taquilla un día antes, contra 13,000 el día en que se exhibió el corto.

Con el tráiler B, la respuesta fue todavía más monstruosa. En esta ocasión, starwars.com golpeó primero: estaría ahí antes que en ningún otro lado, y en un formato de video de Apple Computer. "¿Dónde puedes ver el nuevo tráiler de Star Wars?", declaró un emocionado Steve Jobs, presidente de Apple, "no en Real Player de Real Networks, ni en Media Player de Microsoft Sólo está disponible en QuickTime de Apple". Hasta mediados de abril, el tráiler B –que muestra más detalles sobre la trama de la película– había sido bajado casi 7 millones de veces: con mucho, el evento más grande en la corta historia de Internet.

A esta locura por Star Wars: Episodio I –no se le puede llamar de otra forma– se le unieron otros importantes momentos previos al estreno: la Star Wars Celebration –una mega convención de fans en Denver, Colorado–, la venta del nuevo score musical de John Williams –sus extraordinarias composiciones son, en palabras del gurú Stephen J. Sansweet, "la joya que corona a Star Wars"– y el lanzamiento masivo de los juguetes de Hasbro, Galloob y Lego, así como de la gigantesca campaña promocional de Pepsi, Kentucky Fried Chicken, Pizza Hut y Taco Bell. Paralelo a estos eventos, cientos de miles de fans de Australia, Sudáfrica, Filipinas, México, Israel, Japón, Gran Bretaña, España, Alemania, Yugoslavia, Francia e India (países en los que la cinta se estrenará entre el 3 de junio y el 22 de octubre) viajen a la Unión Americana para ver el Episodio I a principios de este verano. Para colmo, se calcula una pérdida de millones de horas-hombre en Estados Unidos, debido a que se adelantó el estreno al miércoles 19 de mayo, y muchos profesionistas se tomarán el día para asistir a la película. ¡Simplemente increíble!

 

El genio

Detrás del monstruo se encuentra George Lucas, dueño único de la marca, quien antes de percibir las ganancias del Episodio I, ya es uno de los hombres más adinerados del mundo –está en la lista de los 200 más ricos según la revista Forbes–. Él es quien pone las reglas. Twentieth Century Fox distribuye la nueva película, pero sólo se lleva una compensación de las entradas de taquilla. Lucas financió completamente su filme. Él lo escribió y el lo dirigió. En el Episodio I no hay diez, quince o veinte guionistas, ni sesudas sesiones de brainstorming de los mercadólogos, ni presiones por parte del estudio, ni screenings previos a la cinta con focus groups, "para ver si va a pegar o no". En gran medida, el genio de Lucas radica en haberse alejado del mainstream de Hollywood; cuestión paradójica, si consideramos que él inventó gran parte de las fórmulas que hoy imperan en la meca del cine. ¿Quién ideó el merchandising de una cinta, vendiendo todo tipo de juguetes y artículos promocionales? ¿Quién ideó realizar secuelas? ¿Quién ideó estrenar una gran película de efectos especiales dirigida a las audiencias jóvenes, en pleno verano, justo cuando no van a la escuela? En una conferencia de prensa otorgada a medios en Caserta, Italia, se cuestionó a Lucas sobre sus métodos mercadológicos para promocionar sus películas, a lo que respondió: "Soy un realizador independiente, y tengo que figurar muchas formas diferentes de asegurarme que voy a recuperar mi dinero". Suena sorprendente, pero Lucas no está afiliado a ningún estudio. Esa independencia económica surgió, evidentemente, a raíz de Star Wars. Tal fue la fortuna que le dejó que, en 1981, comentó en una entrevista que, si quería, no tendría que volver a trabajar. Por esas fechas construyó el Skywalker Ranch –una propiedad de 3,000 acres–, donde instaló su propio estudio de cine "en el jardín trasero". Lucas, quien se describe como un "hombre victoriano (...) romántico", poco o nada tiene que ver con los tremendos despliegues ultratecnológicos que poseen sus películas. Es un típico magnate de la "Florencia del siglo XXI", esa parte del sur de California donde viven más millonarios por metro cuadrado que en ninguna otra parte del mundo: jeans, tenis, camisa a cuadros. Opina que Hollywood "es un país extranjero" y que nunca ha hecho ni hará una película pata satisfacerlo. En una entrevista con Orville Schell, para el New York Times, comentó sobre los estudios que "ya que yo mismo produzco mis filmes, no tengo ninguna obligación (con los productores). Preferiría dejar morir mis películas que salir a vendérselas a un estudio". De hecho, cuando Fox dio a conocer que distriburirían las precuelas, Tom Sherak declaró que su estudio se sentía "halagado" por la elección de Lucasfilm. Los medios de comunicación nos encontramos en una posición similar. ¿Qué otra cinta en la historia puede tener material para revistas tan diversas como Entertainment Weekly (entretenimiento), Wired y Popular Mechanics (tecnología), Vogue (moda femenina) y Vanity Fair (actualidad)? George Lucas ha logrado crear un mito perdurable que tiene un poco de todo para todo el mundo y que, además, es sumamente rentable. Hace 22 años cambió la manera en que ibamos, veíamos y consumíamos el cine. Ahora, lo hará de nuevo.

 

La revolución

¿Cuánto costó Godzilla? 200 millones de dólares. ¿Cuánto dinero hizo en siete semanas de exhibición en Estados Unidos? 150 millones. ¿Cuánto costó Star Wars: Episodio I? 100 millones de dólares. ¿Cuánto se estima que gane en sus primeros tres días? 100 millones. "La tecnología para hacer películas", decía Lucas en 1981, "es cada vez más accesible. Con un equipo pequeño y dedicado, puedes hacer una cinta con muy poco capital". Hoy en día, Lucas opina que la transición a la tecnología digital es el cambio más importante en la historia del cine desde la invención de las cintas sonoras.Su nuevo filme posee alrededor de 3,200 tomas. 90% de éstas tiene algún tipo de manipulación por computadora. En total, se hicieron alrededor de 2,000 shots digitales, ¡cinco veces los que se llevaron a cabo en Titanic, y con la mitad de dinero! Esto incluye criaturas, lugares –como Coruscant, el impresionante mundo de los rascacielos, el paradisiaco Naboo o la bellísima ciudad submarina art-nouveau de los gunganos–, explosiones y la esperadísima escena final, en la que un ejército de 4,000 androides de batalla generados por computadora se enfrentan a 3,000 gunganos, también digitales. Esto es gracias a que Lucas es dueño de Industrial Light and Magic (ILM), compañía de efectos visuales que se dice que posee más computadoras que la propia NASA. ILM, junto con la multipremiada Skywalker Sound (también de Lucas), llevan la batuta en la producción de efectos visuales y de sonido en la industria fílmica. Es decir, todos los efectos de esta película están "hechos en casa".

¿Película? En un futuro ese término podría sea obsoleto. En una conferencia en Las Vegas, Lucas declaró –ante los rostros atónitos de los asistentes– que el Episodio I se exhibiría en cuatro salas en un nuevo proyector digital y, lo que es más sorprendente, que "filmaría" el Episodio II en video digital, el cual promete que se verá y escuchará mejor que el celuloide, y será una opción económica más viable, considerando los altos costos en el revelado de negativos. Lucas prevé un futuro en el que las cámaras digitales interactuarán más fácilmente con las computadoras –no habrá saltos intermedios, la grabación pasará "de digital a digital"– y también un cambio radical en la distribución: no se volverán a envíar las latas a los exhibidores, pues las "películas", hechas enteramente de forma digital, se transmitirán vía satélite del estudio a los proyectores digitales en las salas. Las reacciones han sido diversas: "El cambio (en la realización y distribución) va a suceder, y puede ser más pronto que lo que la gente espera", comentó al respecto el presidente de Sony Pictures, Jeff Blake. Para Marci Davies, presidenta de Cineplex Odeon –la cadena de cines más grande de Estados Unidos–, escalar las salas a proyectores digitales le costaría 290 millones de dólares, cifra que no considera que aún esté justificada. Robert Gibbons de Kodak –compañía proveedora del 90% de la película con la que se filma en Hollywood–, por obvias razones, se declara en contra de la realización digital, y cuestiona si esta nueva tecnología no se prestará para la piratería y la clonación. No obstante, los analistas consideran que las salas de cine terminarán cambiando al nuevo sistema propuesto por Lucas, pues a la larga será más práctico, cómodo y barato.

Otro extraordinario avance relacionado con el Episodio I es el del nuevo sistema Dolby Surround EX, desarrollado por Dolby y THX, la compañía de acústica y certificadora de calidad de audio en salas de cine, también propiedad de Lucas. Esta innovación consiste en la instalación de otro canal de audio que permitirá que el espectador escuche nuevos sonidos "envolventes" en la parte posterior de la sala. Todas las salas con Dolby Digital sólo tienen que añadir un adaptador Dolby SA-10 y otro set de altavoces. El sistema se inaugurará formalmente con el estreno del Episodio I en Estados Unidos.

Los efectos de sonido y la mezcla de audio serán dos de los más impresionantes aspectos del Episodio I. Para todo fan de Star Wars, ver la nueva película en una amplia sala con certificación THX, sonido Dolby Surround EX y su generosa ración de palomitas y refresco, deberá ser la experiencia cinematográfica más divertida del fin de siglo.

 

Lo importante

Pienso que lo más importante será eso: buscar un cine con el mejor servicio disponible, dotarse de golosinas y reclinarse a emocionarse con la nueva película. Después de todo, lo importante es divertirse con Star Wars. Mucha gente incluso ha llegado a sentirse "presionada" porque el Episodio I tiene la "obligación" de romper el récord de taquilla impuesto por Titanic. Creo que ese es un aspecto relativo –o incluso sensacionalista– que no debería preocuparnos, pues ninguna cinta o serie de cintas tiene un impacto cultural, histórico y psicológico tan grande como el de la saga de Star Wars, que ha entretenido, emocionado e inspirado a millones de personas. "No hay buenos libros", decía Ralph Waldo Emerson, "sólo buenos lectores". Eso mismo se aplica para el cine. En la medida en que el espectador se abandone a esta nueva película, pase dos horas riendo, llorando o, simplemente, emocionado por lo que sucede en la pantalla –y se olvide de sus problemas cotidianos–, el cometido de la cinta estará cumplido. "Ojalá y vivas en tiempos interesantes", decían los antiguos chinos. Creo que somos afortunados por vivir en esta época tan interesante. Y es que el mundo, a partir del verano de La amenaza fantasma será, sin duda, un lugar más interesante en dónde vivir.

 

Lucilla Godoy, 1999.

Texto publicado originalmente en la revista Cinemanía, junio de 1999.

¡Regrésame ya!

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