3.31 Sobre "Blade Runner" (segunda parte)

Un androide no puede vivir más años porque así es su ciclo natural. Es un punto que Dick deja en claro en su libro —aunque no influye en el tratamiento de la historia—, y que Ridley Scott emplea para darle un toque de ansiedad a un grupo de androides que han llegado a la Tierra en busca de su creador para que le dé la fuente de la eterna juventud. Tiempo.

Hay algo perturbador en el encuentro que sostienen Earl Tyrell (Earl Rosen en Do Androids Dream of Electric Sheep?—DADoES) y Roy Batty en el filme de Ridley Scott. Ya hemos planteado anteriormente el tópico de Joseph Campbell en el cual el héroe se ve frente a frente con su padre (su creador), y lo mata. Uno de los ejemplos más antiguos es Zeus dándole cuello a Cronos, y uno de los más recientes Luke Skywalker masacrando a Darth Vader. En este caso, creo que la escena entre Tyrell y Batty es uno de los aciertos de Blade Runner, ya que no se incluye en DADoES. Hay que entender que este enfrentamiento y ulterior muerte del creador tiene un valor más espiritual que factual. Sí, Batty lo hace de una manera muy gore, pero ese no es el punto. ¿Qué quiere decir que el replicante "más brillante" (según las palabras de Tyrell) destruya al que le dio vida? Desde un punto de vista mitológico, es uno de los últimos pasos —en el ciclo que Campbell llamaba "la jornada del héroe"— que da el protagonista antes de su "regreso", y le permite crecer, evolucionar y, evidentemente, ocupar el lugar de quien había estado arriba de él. Campbell llama esto "apoteosis", que puede significar "encumbramiento", "glorificación", "ensalzamiento". Quitarle la vida a quien nos dio ésta, aunque suene paradójico, no necesariamente connota la muerte, al menos no en un ámbito simbólico. Recuerdo cómo constantemente Campbell menciona a ciertas tribus indígenas de Norteamérica y su apego a respetar a los animales que matan para comer. De hecho, esta última expresión, "matar para comer" es inexacta en términos campbellianos, pues los antiguos más bien creían que los animales "morían" para que ellos pudieran "vivir". Visto así, la muerte de Tyrell es más que un episodio sangriento y gratuito.

Sin embargo, decía que es perturbante. Esto es, a mi modo de ver, porque Batty es un antihéroe. La defensa, en este caso, diría que el héroe (Deckard) no es un buen prototipo, considerando que sus "gestas" son poco o nada espectaculares. En Blade Runner, Deckard retira a sólo dos replicantes: Zhora y Pris. La primera le cuesta mucho trabajo y le genera una depresión que Vangelis retrató hermosamente en su pieza "Blade Runner’s Blues". A Pris le mete un balazo que parece más chiripa que otra cosa. Los otros dos, Leon y Batty, perecen por consecuencias diferentes.

Este acercamiento al blade runner que hace Ridley Scott es muy diferente al de Phil K. Dick en DADoES. El cazarrecompensas del libro es bastante eficiente y, aunque también está lleno de emociones encontradas al respecto de los andys, trabaja mucho más eficientemente que el personaje de Harrison Ford. En el San Francisco de DADoES —la película se lleva a cabo en Los Angeles, ciudad de moda en el Hollywood ochentero—, ultracontaminado y decadente, Deckard no tiene grandes problemas para localizar a los portapieles y darles cuello rápidamente. Y también hay que tomar en cuenta otro importante elemento en DADoES: los andys, cuando se saben atrapados, pierden interés en la vida. Deckard menciona, durante sus monólogos mentales, cuánto le frustran las miradas de aceptación de sus víctimas. Incluso hace mofa —pero con un dejo de odio— cada vez que uno de los androides se vencen. Simplemente, caen derrotados. Esta actitud mediocre —de la que hablamos en la entrega pasada— o fatalista, pesimista, es impensable en la visión de Rutger Hauer al encarnar a Roy Batty, un robot atlético y determinado que, finalmente, le perdona la vida a su cazador cazado. En el libro de Phil K. Dick, los androides carecen de esta chispa vital; parecen, a ratos, meros artificios para resaltar los conflictos existenciales de la deprimente vida de un cazarrecompensas atorado en la Tierra, Deckard.

De hecho, creo que eso son. En este juego y durante unas curiosas páginas, Dick nos pone a dudar si Deckard es o no es un replicante, al encontrar un departamento de policía "fantasma" que está infestado por androides que creen que son humanos. Esta es la parte kafkiana de la novela (y la película, quizás): ¿Quién es Deckard? ¿Cómo no puede saberse humano o sintético? Por un segundo ponte, lector, en sus zapatos: imagínate que diversos acontecimiento te hacen dudar si eres o no humano. Imagínate que llegas al punto en el que incluso aceptarías que te aplicaran un test (el Voigt-Kampff) para disipar las horrendas dudas. Suena ridículo, pero de la mano de un maestro como Philip K. Dick es posible sentir la angustia de un blade runner que, repentinamente, llega a creer que toda su vida es una fachada. Un personaje en particular, Phil Resch —que podría funcionar como el Gaff (Edward James-Olmos) del filme, es el detonador del dilema netamente existencial del cazarrecompensas.

Hemos llegado a un punto que sé que le interesa a muchos: ¿en Blade Runner, podemos considerar que Deckard es un replicante? Bueno, todos sabemos lo que declaró el año pasado Ridley Scott (un rotundo sí), y eso me parece perfecto. Pero analicemos más a fondo.

Deckard debería ser un replicante por la famosa escena del sueño del unicornio, la cual fue eliminada de la proyección original de 1982. La lógica de este argumento va así: Gaff "juega" durante la película con Deckard. Gaff, si recuerdan, es el curioso tipo que hace figuras de origami. ¿Por qué juega? Porque está al pendiente de los movimientos de Deckard. Durante su primer encuentro, en la comisaría, produce una gallina que simboliza la negativa por parte de Deckard de tomar el trabajo que le ofrece Bryant. En la Corporación Tyrell, se da cuenta que Deckard le ha tomado cariño (bueno, atracción erótica y sexual) a Rachael, y le fabrica la figura de un hombrecillo con una erección. Finalmente, cuando Deckard y la "sobrina" de Tyrell se dan a la fuga, tropiezan con una tercera figura: el unicornio. Durante años, todos pensamos que esto significaba que Gaff sabía todo y simplemente estaba dejando una "marca" de su paso por el departamento (acompañado de la voz en off que reza "It’s too bad she won’t live, but then again who does?"—"es una lástima que no viva, pero ¿quién lo hace?"). Siguiendo esta línea de pensamiento, el unicornio puede simbolizar el sueño g"uajiro de Deckard de fugarse con una replicante que, tarde o temprano, será retirada.

Con el sueño del unicornio, las cosas cambiaron. Aparentemente, Gaff le está diciendo a Deckard "hey, yo sé qué eres. Eres un replicante". El mensaje ulterior es el mismo: te estoy dejando vivir, es un sueño guajiro, bla bla bla. ¿Cómo es esto posible? Bien, los androides poseen memorias implantadas, las cuales están archivadas en la Corporación Tyrell y cualquier buen blade runner tiene acceso a ellas. De la misma forma que Deckard sabía la historia de la "araña en aquel verano" (un recuerdo de Rachel), Gaff conoce el sueño del unicornio de Deckard. Algunos argumentos a favor: Si es humano, ¿en dónde está su familia (al menos Iran, su esposa en DADoES)?; ¿No será él aquel sexto replicante del que se habla al principio (los otros cinco: Roy, Pris, Zhora, Leon y uno que se frió en una reja eléctrica)?

Algunos argumentos en contra: ¿Por qué Deckard no es tan atlético como Roy o Leon (más bien parece un debilucho)?; ¿Por qué emplearía la policía a un replicante para retirar replicantes? ¿No existiría el riesgo de que descubriera su verdadera identidad y dejara el trabajo tirado? ¿Qué pasa con esas fotos antiguas en el piano del departamento de Deckard? ¿Finalmente, cómo es que no se da cuenta? ¿Cómo puede ejercer exámenes Voigt-Kampff y no tener dilatación de la pupila y movimientos capilares (después de todo, lo único que tiene que hacer es escuchar la preguntas)?

Les aseguro que hay respuesta para estas preguntas, y seguramente ustedes tienen algo que decir al respecto. De mi parte, sólo me resta invitarlos a leer Do Androids Dream of Electric Sheep? y comprar Blade Runner ya sea en VHS o la maravillosa versión del director en DVD. Blade Runner título que viene directamente de dos libros, The Bladerunner (de Alan E. Nourse) y Bladerunner (A Movie) (de William S. Burroughs), los cuales no tienen nada que ver con la historia— viene muy al caso con el dilema tan actual de la clonación: ¿somos humanos por origen o condicionamiento? ¿Qué nos hace ser quienes somos: nacer o aprender? O en términos de esta historia, ¿la humanidad es innata o programable? Este problema lleva siglos y nunca ha sido satisfactoriamente resuelto (similarmente, es el tema de Naranja mecánica: ¿somos malos por naturaleza o la maldad es algo condicionado por el ambiente?). Piensen en lo siguiente: los españoles que conquistaron México pensaban que los indígenas no tenían alma. Hoy, muchos creen que un ser humano que, gracias a la clonación, podría ser idéntico en apariencia y orden de pensamientos a cualquier hombre, no deja de ser una aberración. Hace más de treinta años, Philip K. Dick se preguntó si la tecnología podría crear a un hombre sintético de carne, hueso y sangre, capaz de desarrollar emociones, sentimientos e inteligencia. En ese caso, ¿tendría derecho a estar vivo? ¿Podría considerársele un hombre o no por el "simple" hecho de no haber nacido de una mujer? ¿Tendría alma? ¿Sería considerado por Dios? ¿Soñaría con ovejas, eléctricas o no?

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