3.30 Verano 2001

Ha llegado la mejor época del año: verano. Mis recuerdos estudiantiles de esta temporada me remiten a las vacaciones, la cerveza, días muy largos y, claro, películas. Para mí verano es Arnold diciendo "I’ll be back" (1991), el retumbe de un T-Rex (1993), la Casa Blanca estallando en mil pedazos (1995), vacas voladoras (1995) y podracers (1999). No sé ustedes, pero es cuando disfruto más del séptimo arte. Este es el panorama que tendremos de aquí a finales de agosto, tanto en la ciencia ficción como en lo que raya en tal:

"BLOCKBUSTERS": esta es la época de la taquilla o, como la llaman los gringos, el box office. Tradicionalmente, las películas que rompen récords de ingresos se estrenan en estas fechas. El banderazo suele darse en la tercera semana de mayo en el Veteran’s Day gringo. Pero las cosas en Hollywood han cambiado: la cinta más taquillera de la historia se estrenó un diciembre (Titanic), y al menos dos filmes en los últimos cinco años han ganado el Oscar a Mejor película sin haber sido estrenados en otoño (Gladiador y Corazón valiente). El éxito de box office tiene algunos parámetros ya establecidos en Estados Unidos: un wide opening (estreno amplio) abarca la friolera de entre 2,500 y 3,500 pantallas, y espera un ingreso mínimo de 20 millones de dólares. Esta cantidad es bastante modesta, y crece en la medida en que el blockbuster en cuestión incluya algunos ingredientes básicos: a) estrellas de renombre o "calientes" en la mente del público; b) una intensa campaña de mercadotecnia y presencia en medios; c) el factor "eye candy" (dulce para los ojos), grandes paisajes y efectos especiales; d) una fecha estratégicamente señalada para cierto tipo de audiencia. En 1999, por ejemplo, Notting Hill se estrenó el mismo fin de semana que el Episodio I, y tuvo un excelente desempeño porque apelaba a audiencia femeninas menos interesadas en explosiones y espadas láser (allá ellas); e) un buen "buzz" o "publicidad de boca en boca", aprovechando la impaciencia de los fans o los rumores en Internet (que a veces crean sobreexpectativas que resultan contraproducentes). De tal forma, en Estados Unidos habrá unas tres o cuatro películas que, seguramente, ganarán más de 40 millones en su primer fin de semana. Las "piernas", como se les llama en la industria, no son el principal atributo de este tipo de filmes, que normalmente caen entre 30 y 40% en su segundo fin de semana de exhibición. La razón: hay una gran competencia y una enorme cantidad de estrenos.

En México, calcular las cantidades no es algo tan institucionalizado, pero tampoco es imposible. La Cámara Nacional de Cinematografía (Canacine) mide el impacto monetario de esta industria en México. Se considera un éxito una película que rebasa el millón de dólares de venta de boletos en el Valle de México (sumen otro tanto para el resto de la República), pero las distribuidoras nacionales deben esperar, supongo, que sus producciones de este verano hagan más de 2.5 millones. Los filmes de más de 3.5 millones son escasos: es el caso de Dinosaurio, Amores perros, Toy Story 2 y La amenaza fantasma. Así, creo que el primer blockbuster será La momia regresa (25 de mayo) con Brendan Fraser, Rachel Weisz y el luchador de la WWF, The Rock. Lara Croft: Tomb Raider (6 de julio) representará una buena competencia —por el mercado masculino que irá a ver a Angelina Jolie y/ o es fan del videojuego—, así como Shrek (29 de junio) —por el público infantil—. Pero la verdadera pelea por la corona estará entre tres cintas: la espectacular Pearl Harbor (junio), la nueva producción de Disney, Atlantis (julio) y Jurassic Park III (20 de julio). ¿Cuál ganará? Me inclino por la razón por la que el año pasado resultó campeona Dinosaurio: es una maravilla ver a esos antiguos lagartos cobrar vida en la pantalla de plata.

FILMES DE CALIDAD: afortunadamente, habrá más opciones que el puro entretenimiento light. Algunas películas tratarán de tocar a otro tipo de espectadores, apelar a otro tipo de sensibilidades, y lo interesante del asunto es que no dejarán de ser veraniegas (aunque no tengan el mismo ingreso financiero). Tal es el caso de El planeta de los simios (3 de agosto) de Tim Burton, un secreto remake de la novela más que del filme clásico de 1968, y que seguramente nos hará muy felices con el hermoso estilo visual del maestro Burton. A.I. (también 3 de agosto) de Steven Spielberg, rayará en lo excesivamente ligero y la genialidad de este narrador consumado, me temo, por la moralina que últimamente acompaña sus realizaciones. Confío en el talentosísimo elenco que se ha reunido, y sobre todo en Haley Joel Osment (Sexto sentido) y Jude Law (Gattaca). Otras cintas interesantes son Evolution (agosto), la cual aborda el tema de la invasión extraterrestre bacteriológica —y que se está posicionando como un filme sofisticadillo— y el refrito de Rollerball (agosto) por John McTiernan. Pero mi elección para la mejor película del verano, para complacencia de los fans del género, es Final Fantasy: The Spirits Within (10 de agosto). Ya pude ver 20 minutos de la cinta y puedo decirles que, por un lado, es tranquilizante que Hironobu Sakaguchi, creador del videojuego, esté tan al pendiente de esta compleja y surreal película; por otro, los estudios digitales de Sony se están asegurando de dejarnos con la boca abierta y cambiar nuestras perspectivas de lo que la animación fotorrealista puede ser. En suma: si tienes que ver una película este verano, asegúrate que esa sea Final Fantasy. En agosto viene lo mejor.

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